martes, 27 de septiembre de 2011

2 de Octubre del 2011: 27o domingo del tiempo ordinario A

EVANGELIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-- Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
Le contestaron:
-- Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
-- ¿No habéis leído nunca en la Escritura?: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

Palabra del Señor.

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“Hemos de aceptar el hecho que, durante siglos,el mundo moderno ha estado poblado de individuos posesivos y centrados en sí mismos”.
(Marc Kingwell en "À la poursuite du bonheur" : "En búsqueda de la felicidad").

Los frutos de nuestros talentos y nuestros esfuerzos, el tiempo que se nos ha dado, el dinero y los bienes que poseemos, todo eso debe servir al bien de todos.

Cuando Jesús menciona la viña, uno se espera que vaya a seguir una historia de paz y de prosperidad. Pero en el texto de hoy, los responsables de la viña no piensan sino en matar para apoderarse de un bien que no les pertenece.

Pero que lección sacar de este evangelio hoy? Saquemos una primera:
El amor, la bondad, la fraternidad, son justicia y verdad. Pero este amor no es ceguera y debilidad, y esta bondad no es blandura, sino determinación. No es suficiente con que portemos una etiqueta de calidad. No estamos dispensados (exentos) de trabajar. Y el Padre espera que demos fruto (que produzcamos), pero frutos de calidad. 

El grito de un amor decepcionado debe hacernos medir la intensidad de este amor, despertarnos, sacudir nuestra torpeza. Es una oportunidad.

Si entendemos  la viña en su conjunto, o la viña como la Iglesia, la viña como el conjunto de nuestras comunidades locales, encontraremos el mismo problema. Así, cada eucaristía es una invitación a volvernos a interrogar (preguntarnos), la eucaristía provoca en nosotros un examen de conciencia, ella nos dice que somos convocados de nuevo sobre el terreno (campo de trabajo) de la Viña, para realizar mejor y con grandeza nuestra misión. La celebración será entonces reconciliación, renacimiento, nueva partida. Ella será más bella, más verdadera, más alegre…
La vida y el dinamismo de la Iglesia dependen también de todos nosotros.

Es de ese modo como el senor nos renueva su confianza. Nos corresponde a nosotros demostrarnos dignos.

Después del Concilio Vaticano II, los bautizados  precisamente vuelven a descubrir esta dignidad de miembros del Pueblo de Dios. Vale la pena entonces leer los textos que hablan del sacerdocio común de los bautizados. Es importante que cada uno se muestre digno de la confianza que Jesús nos da. Es a nosotros a quienes Jesús confía la gerencia de su Vina. 

 El mensaje de la parábola de hoy, es que Dios nos ha confiado el mundo en el cual vivimos, para el bien de todos. Nos toca a nosotros responder a esta invitación con todos los talentos (cualidades, valores) que hemos recibido.

En la parábola de los viñadores, Dios nos invita a ser responsables para así construir un mundo mejor. Esta responsabilidad no concierne solamente a los gobernantes o jefes de comunidades, incluida la Iglesia (con su papa, sus obispos, sus sacerdotes), sino también que nos concierne a cada uno de nosotros. Dios nos confía nuestra familia, nuestros hijos y nietos, nuestro universo del trabajo y de pasatiempo y diversión (descanso y recreación). Deberemos dar cuentas de nuestra gestión. Los frutos de nuestros talentos y de nuestros esfuerzos, el tiempo que se nos ha dado, el dinero y los bienes que poseemos, todo ello debe servir al bienestar de todos.

El pecado de los viñadores de la parábola, es el de querer apropiarse (adueñarse de) los frutos que no les pertenece. Ellos quieren ser gerentes de la tierra con el solo propósito de aprovecharse y beneficiarse. Al reflexionar sobre lo que pasa en nuestro mundo de hoy, nos damos cuenta que después de los tiempos de Jesús, ningun progreso se ha hecho en el plan del egoísmo y de la irresponsabilidad! Nada nuevo bajo el sol!

Muchos creen que librándose (o deshaciéndose) de Dios, la viña pasara a pertenecerles. Es eso lo que hicieron Adan y Eva al seguir el consejo de la serpiente: “ustedes serán como Dios…ustedes ocuparan el lugar de Dios…ustedes serán dioses”. Numerosos son los convencidos o que piensan que Dios estorba, que uno no tiene necesidad de Él. De día en día se restringe (o prohíbe) más su mención y cabida en la vida pública (v.g no exposición de crucifijos), en el mundo de la política y de los negocios. Por su parte, el evangelio nos revela que entre más presente esté Dios, mas grande será para nosotros la posibilidad de crear un mundo de paz, de fraternidad y de amor.


Para Jesús el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos « de buena voluntad», o sea, que tuvieran como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. El Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gratuidad, Amor». Por eso, no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género o de cualquier otro tipo: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo lo propuso como un ideal, sino que lo realizó en la práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó agudos y profundos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, enfermos y pecadoras era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que fuera de Israel y de su particular religión no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

 El primer elemento importante de esta historia, es que Dios nos OCUPA, nos confía su Viña. Él quiere que seamos sus socios. Es bueno entonces preguntarse: QUÉ HACEMOS CON LA VINA DEL SEÑOR? Que le sucede al mundo que Dios nos ha confiado? Qué hay de la paz entre las naciones, de la distribución de los bienes de la tierra, del calentamiento climático, de la deforestación, de las lluvias acidas, de la desaparición de numerosas especies animales? Son preguntas pertinentes para cada uno de entre nosotros responsables de nuestro planeta. Nuestra calidad de vida está afectada por todos esos problemas.

Como en la parábola de hoy, nosotros podemos creer que somos los propietarios del mundo que se nos ha confiado y que hemos de hacer todo lo posible por guardar (acapararnos) los frutos para nosotros mismos de manera egoísta, sin pensar en los demás y sin preocuparnos de lo que legaremos (dejaremos) a las siguientes generaciones.


DE   CALIXTO  ( http://www.tejasarriba.org)

En el Nuevo Testamento, esa viña elegida del Señor es su Iglesia.

Pero también los cristianos de hoy podemos repetir la conducta del pueblo judío. También puede afectarnos su complejo de superioridad.

Si leemos detenidamente la parábola nos encontramos con el verbo “arrendar”. ¿Cuántos de nosotros nos hemos creído dueños de la Iglesia? Apenas somos sus servidores.
Una manera de apoderarnos de ella es programarla a nuestra imagen y semejanza: Cómoda, conformista, a veces elástica, a veces monolítica. Otra manera es imponer a los demás nuestra propia verdad. La verdad del Señor es una, pero son múltiples los modos de captarla. O exigir a los prójimos que se matriculen en nuestro estilo de piedad, unas veces austero, otras sentimental, desinhibido o demasiado estructurado. Olvidamos que lo esencial del Evangelio es una entrega personal al Señor, en la sinceridad y en la confianza. Otras veces también nos presentamos cómo dueños de la Iglesia porque juzgamos condenando. Imponemos nuestra propia interpretación de la ley, con toda su letra menuda.
Nos apoderamos del hombre. Los cristianos no estamos lejos de la manipulación ascética, si predicamos un Dios exclusivo y a nuestro servicio, si limitamos la entrada a su santuario.

Con prácticas aparentemente correctas, quizás hemos herido a muchos y aun podríamos haber matado a alguien. Y el Señor dijo: “Lo que hicisteis con alguno de estos, mis hermanos pequeños, conmigo lo hicisteis”.

Para evitar todo esto, comprendamos que la Iglesia, aquella viña , no es un regalo para disfrutarlo. Es ante todo un don para compartirlo.

**
Esta parábola recapitula en pocas frases todo el esmero y la solicitud del Señor para su pueblo.

Alguien ha escrito que el amor de Dios no se define con simples adjetivos. Se describe con verbos: El Señor crea. Acompaña al hombre en su camino. Se muestra a Abraham y lo saca de Caldea. Hace alianza con los patriarcas. Se acuerda de la esclavitud de su pueblo. Lo rescata de Egipto. Lo conduce a través del desierto.

Le regala una tierra prometida que mana leche y miel. Suscita profetas. Organiza un reino.

Se hace hombre en las entraña de María. Busca un grupo de amigos. Comparte con ellos su poder de salvación. Les confía su mensaje. Crea una comunidad de escogidos. Les enseña unos signos. Muere y al tercer día resucita.

En la historia particular de cada uno se repite, en miniatura, esa misma historia general de salvación. El Señor, en frase de Isaías, conserva nuestros nombres escritos en sus manos. Un día nos llama a la vida. De entrada nos regala la libertad. Se arriesga amorosamente a perdernos, buscando que lo escojamos libremente. Nos adopta por hijos en el bautismo. Nos invita a una comunidad de fe, de amor y de esperanza. Señala nuestro camino con los signos de su presencia que son los sacramentos.

Se disfraza, para hacernos compañía, con el rostro de quienes nos aman. Nos envía profetas que hablan nuestro mismo lenguaje, sienten lo mismo que nosotros, son de nuestra tribu.

Sufre y muere con nuestros dolores y nuestros fracasos. Resucita en el árbol que retoña, en el día que regresa, en el hijo que madura, para avisarnos a cada paso que El es la Vida.

¿Por qué, entonces, esta viña amada y escogida que somos nosotros, produce tantas veces frutos amargos?

APLICACIÓN



No puede ser mal interpretada esta parábola.

Ninguno de entre ustedes piense una vez que ha escuchado este texto que Dios es como el propietario de la parábola y que se venga hasta el punto de destruir a aquellos que no entran en sus proyectos y que desnaturalizan (desvirtúan) su imagen. Dios no se parece al propietario de la Viña, así como tampoco ustedes se parecen a estos viñadores mal intencionados. Esta historia se nos cuenta para decirnos que cuando se quiere modificar la imagen de Dios, Dios no responde a nuestros deseos y Dios no se conforma  con  (o toma la forma de ) aquello que queremos .

No imaginen, con el pretexto de ser fieles al texto que Dios va a castigar los infieles como lo hace el propietario del relato, al contrario, ustedes lo saben bien, Dios va a encarnizarse (proponerse con fuerza) por ganarse para Él a todos los seres humanos, comenzando por los viñadores de la parábola. Es ahí donde reside la dificultad de esta parábola. Ella no nos pide identificar a  los personajes del relato con Dios o con nosotros mismos. Ella nos pide  apreciar la situación descrita acá con el fin de que corrijamos, en función de  que hemos comprendido,  nuestros comportamientos bajo la mirada de Dios.

Nadie ni cualquier otro, es propietario de la Iglesia, ni el papa, ni los obispos, ni los sacerdotes, ni los laicos. Todos somos sarmientos y en esta condición, bajo este nombre, todos estamos llamados a dar los frutos de justicia y de amor que Dios espera de nosotros.

En nuestra calidad de cristianos bautizados y confirmados, somos enviados para testimoniar el evangelio. Pero no hemos de olvidar que nosotros no somos más que los canales de la Gracia de Dios. Él cuenta con nosotros para que su Salvación (la felicidad, la realización, la plenitud) llegue (contagie) a todos sus hijos.

Para nosotros es un llamado a eliminar de nuestra vida todas las tendencias egoístas que bloquean la acción del Señor. La santidad es ser transparente a la luz que viene de Dios y vivir de su vida.

Entonces como el apóstol Pablo, podremos decir: “No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi”.

Para llegar allá, necesitamos de la ayuda del Señor. En nuestras vidas, está siempre el pecado que nos hace darle la espalda. Pero a partir de un mal, Dios puede siempre hacer surgir un bien. Él ha transformado la triple negación de Pedro y ha dado la posibilidad de una triple declaración de amor. Y es así como Él ha podido darle a Pedro una confianza todavía más grande. El mismo Cristo ha sido capaz de hacer cambiar los peores criminales transformándolos en santos. De igual forma Él es capaz de cambiarnos a cada uno de nosotros y hacernos sus amigos (a pesar de nuestra desidia, apatía, escepticismo, incredulidad, cobardía, miedo…). 


Tendremos verdadera dificultad en aplicarnos la parábola si partimos de la idea de que aquellos jefes religiosos eran malvados y tenían mala voluntad. Nada más lejos de la realidad. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que les perdió fue no estar alertas y confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños y señores del pueblo. Si la viña no es propiedad de los arrendatarios, tampoco pueden serlo los frutos.

Los destinatarios de la parábola son los jefes religiosos. No se pone en duda que la viña dé frutos. Se trata de criticar a los que se aprovechan indebidamente de los frutos que corresponden al Dueño.

Claro que podemos y debemos hacer una crítica de nuestra religión. A Jesús le mataron por criticar su propia religión. Atacó radicalmente los dos pilares sobre los que se sustentaba: el culto del templo y la Ley.

Tenemos que recordar a nuestros dirigentes que no son dueños, sino administradores de la viña. La tentación de aprovechar la viña en beneficio propio es hoy la misma que en tiempo de Jesús, y no tenemos que escandalizarnos de que muchos de nuestros jerarcas no respondan a lo que el evangelio exige. Por lo menos, los sumos sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta de que iba por ellos. No estoy tan seguro de que hoy, seamos capaces de aplicarnos el cuento.
La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo, con la voluntad de Dios. Esta tentación es mayor, cuanto más religiosa sea la persona. Esa posibilidad no ha disminuido un ápice en nuestro tiempo.

El primer paso para llegar a esta actitud es separar el interés de Dios del interés del hombre. El segundo es oponerlos. Dado este segundo paso ya tenemos todo preparado para machacar al hombre en nombre de Dios. Que es lo que hacemos con demasiada frecuencia.

¿Qué espera Dios de mí hoy? Naturalmente, es un modo de hablar, porque Dios no puede esperar nada de nosotros porque nada podemos darle. Él es el que se nos da totalmente y no podemos devolverle nada. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él, sino para nosotros mismos.

Lo que Dios quiere es que todas y cada una de sus criaturas alcance el máximo de sus posibilidades de ser. Como seres humanos que somos, tenemos que alcanzar nuestra plenitud precisamente por aquello que tenemos de específico, nuestra humanidad.

Dios espera que seamos plenamente humanos. ¿Pero no somos ya seres humanos? No. Somos un proyecto, una posibilidad. Desde que nacemos tenemos que estar en constante evolución. Jesús, como ser humano, alcanzó esa plenitud y nos abrió el camino para que todos podamos llegar a ella. Según él, ser más humano es ser capaz de amar más. La preocupación por el otro (derecho, justicia) es el único camino para alcanzar la meta.

Si se adjudica la viña a otro pueblo, es para que produzca sus frutos. Es la conclusión general que podíamos sacar de todo el relato. Ahora bien, ¿de qué frutos nos habla el evangelio? Los fariseos eran los cumplidores estrictos de la Ley.

El relato de Isaías nos dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; espero justicia y ahí tenéis lamentos”.

En cualquier texto de la Torá hubiera dicho: esperó sacrificios, esperó un culto digno, esperó oración, esperó ayuno, esperó el cumplimiento de la Ley. Pedir derecho y justicia es la prueba de que el bien del hombre es la norma suprema para Dios.

Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia”, que ya era mucho, sino de amor, que es la norma suprema.

La denuncia nos afecta a todos en la medida que todos tenemos algún grado de autoridad religiosa, y todos la utilizamos buscando muestro propio beneficio en lugar de buscar el bien de los demás.

No sólo el superior autoritario que abusa de sus súbditos como esclavos a su servicio, sino también la abuela que dice al niño: si no haces esto, o dejas de hacer aquello, Jesús no te quiere.

Siempre que creamos tener algo de lo que los demás carecen, Dios espera que lo pongamos al servicio de todos. Siempre que utilizamos nuestra superioridad para aprovecharnos de los demás, estamos apropiándonos de los frutos que no son nuestros.

El evangelio nos da la única alternativa posible al desastre de la historia: Hacer de la piedra desechada por los arquitectos, la piedra angular. Edificar sobre Cristo es la única salida para una humanidad que avanza a trancas y barrancas hacia su plenitud.

En este día, te pedimos Señor: Permítenos de estar ahí donde Tu nos has puesto. 
Permítenos ser buenos servidores de tu Reino. Amen

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:
KINGWELL, Mark. À la recherche du bonheur.

DRÔME, Jean, Sermon du dimanche matin en http://jbesset.blogspot.com/

ALLARD, Yvon-Jacques, reflexión cristiana en http://cursillos.ca

RODRIGUEZ, Marcos, reflexión tomada de http://feadulta.com

CAMPAZIEU, Jean, homilia del domingo en http://dimancheprochain.org


VELEZ, Gustavo en La noticia del domingo  en http://tejasarriba.org




sábado, 24 de septiembre de 2011

En los 75 años del nacimiento del padre de la Rana René o Rana Gustavo

Una persona que sin duda habrá marcado la infancia de muchos como a mí, pertenecientes de las generaciones X y Y es sin duda Jim Henson. 


Este nombre no les dirá quizás nada, pero en este día 24 de septiembre Jim Henson celebraría sus  75 años.

Pero quien es Jim Henson? Y si yo les hablara de la  Rana René (Kermit the frog en USA, Rana Gustavo, mi tocayo en Espana),  la Cerdita Piggy? Con seguridad! Jim Henson es el creador de los populares Muppets, llamados telenecos en España,  esas marionetas que nos marcaron a muchos en nuestra infancia.


Icono inolvidable de mi infancia es la Rana René, que veía en “Plaza Sésamo”  a finales de los años 70 en la televisión…En esos días cuando la “caja mágica” era amena, entretenida y a la vez educativa. Me reí mucho con la cerdita piggy y los viejitos gruñones en “Los Muppets”.


Quizás es uno de los más importantes marionetistas de la televisión moderna.


En este 24 de septiembre, Jim Henson celebraría sus 75 años. Es por esta razón que Google le dedica un logo interactivo sobre su página de acogida.
Este es el logo:



James Maury Henson , es un marionetista originario de Estados Unidos. Nació un día como hoy el 24 de septiembre de 1936 en Greenville, y  murió hace 21 años, el 16 de mayo de 1990 en New York a la edad de 53 años como consecuencia de una neumonía. 


Henson es especialmente recordado por ser el creador, en 1964, de "los muppets", un tipo de marionetas de tela dotadas de gran movilidad, y el líder creativo del equipo detrás de su éxito prolongado a lo largo de varias décadas. Henson consiguió crear un conjunto interesante de personajes desarrollando ideas novedosas con un sentido del ritmo y el humor que conectó con una audiencia tanto infantil como de adultos. Sus obras se recuerdan en parte por promover valores positivos en la infancia como la amistad, la magia o el amor, temas que aparecían en la mayor parte de sus obras.





Entre sus personajes más conocidos es de obligado cumplimiento citar a "Kermit the Frog" (la rana Gustavo en España-mi  tocayo o tocaya? Qué orgullo! o la rana René en Hispanoamérica), una de sus primeras creaciones de éxito. Fue el titiritero y voz del personaje desde 1955 hasta su muerte, en 1990.




A  pesar de su desaparición, el trabajo de Jim Henson es hoy todavía reconocido y es muy popular.  Tanto que se está anunciando la salida dentro de poco de  un filme de los Muppets.















REFERENCIAS:


http://es.wikipedia.org/wiki/Jim_Henson
http://discretoencanto.blogspot.com/2007/03/la-rana-ren-filosofando.html

OTRO VINCULO INTERESANTE ACÁ SOBRE LA VERDADERA HISTORIA DEL ORIGEN DE LA RANA RENE:


martes, 20 de septiembre de 2011

25 de septiembre del 2011 26º Domingo del tiempo ordinario A


EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
--¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?
Contestaron:
-- El primero.
Jesús les dijo:
-- Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.
                                                                                                   Palabra del Señor.


A guisa de introduccion:


"El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros (PABLO-VI); cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y en los hechos que en las teorías... El testimonio evangélico, al que el mundo es más sensible, es el de la atención a las personas y el de la caridad para con los pobres y los pequeños, con los que sufren. La gratuidad de esta actitud y de estas acciones, que contrastan profundamente con el egoísmo presente en el hombre, hace surgir unas preguntas precisas que orientan hacia Dios y el Evangelio"
(Redemptoris Missio, n. 42)

“Perro que ladra no muerde”, 
 “Del dicho al hecho hay mucho trecho”,
“el camino al infierno esta pavimentado (embaldosado) de buenas intenciones”,
“Mucho ruido y pocas nueces”
“Mucho tilín tilín y nada de paletas”…

Una frase de la RM y unos refranes y o dichos que podrían ayudarnos a introducirnos mediante un breve dialogo a la homilía de este domingo. 


Hay una palabra a la  que siempre recurrimos también  muy a menudo: COHERENCIA, es decir la conformidad de la palabra con los hechos; vivir lo que se predica…Ya el mismo Jesús advertía a sus discípulos con respecto al comportamiento de algunos fariseos: “Hagan lo que ellos dicen mas no lo que ellos hacen”.  Cuando somos coherentes: nuestro ser (cuerpo-alma-espíritu) va de la mano con el lenguaje y las emociones (movimientos).


Sin duda alguna que hoy podemos percibir el “abuso” de la palabra (que cae en el vacío), la fatiga de los discursos, corren ríos y ríos de tinta por todos lados, por el internet,  la radio, la tele, en los libros, las fotocopias, las universidades, las bibliotecas…Los Congresos, las Jornadas de encuentro, en el claustro educativo, en el Senado, en la escuela…en la iglesia (Iglesia)…


Y ante tanta palabra bonita, tantos discursos floridos, homilías sentidas o predicaciones llenas de emoción los corazones y espíritus siguen siendo duros, sordos, empecinados en quedarse en el conformismo, la inercia, la negligencia, la no practica del amor, que finalmente podría hacer nuestro mundo diferente y acelerar así el establecimiento de esa viña del Padre, es decir el Reino de Dios, la sociedad alternativa que tanto deseamos construir.


Bien decía Nietzsche: “La palabra de Dios resuena por todas partes y solo no la escucha quien es voluntariamente sordo”.


Hoy la palabra de Dios nos invita a mirar entonces la coherencia de Jesús, hombre en el cual palabra y gesto iban de la mano, su acción y palabra es el testimonio verdadero y valido para el mundo de hoy…y porque como decía sabiamente el papa Pablo VI   “el mundo contemporáneo cree más en los testigos que en los maestros”. Haciendo la salvedad (me repito) de que el verdadero maestro es también testigo, y si por su testimonio (acción y palabra) no arrastra o convence, solo es un triste instructor.


Y la Madre Teresa de Calcuta decía:

 “Nosotros predicamos un Dios bueno, comprensivo, generoso y compasivo. Pero, ¿lo predicamos también a través de nuestras actitudes? Si queremos ser coherentes con lo que decimos, todos deben poder ver esa bondad, ese perdón y esa comprensión en nosotros”. 


APROXIMACION PSICOLOGICA DEL EVANGELIO:

“Qué piensan ustedes de esto?”

A Jesús le gustaba  hacer confrontar (hacerles enfrentarse) a sus auditores con ellos mismos, ponerlos cara a cara sus actitudes y o reacciones.

Y con una imagen o una parábola Jesús les muestra un reflejo claro de su comportamiento o de sus actitudes y sin que ellos lo vean venir, sean conscientes (o se den cuenta) la mayoría de las veces. En este evangelio tenemos un buen ejemplo de ello. Jesús asimila el rechazo, seguido de una aceptación de los pecadores que se arrepienten y aceptan su enseñanza. Y de modo parecido, Él asimila la aceptación de los “pecadores”,  seguida de un rechazo de los fariseos que afirman aceptar a Dios pero que en la práctica rechazan a Jesús.


Después de haber llevado a sus auditores a comprometerse respondiendo a su cuestión, les dice: “es exactamente lo que ustedes hacen ; no se sorprendan entonces si ustedes no llegan a ninguna parte!” pero, esta parábola va más allá de  la polémica con los fariseos alrededor de la cuestión crucial de su actitud hacia Jesús.


Es la verdadera reacción de toda persona de cara al compromiso con el evangelio lo que Jesús toca aquí. Parafraseando Mateo 7,21 podríamos escuchar: “no basta con decir “yo iré” para entrar en el Reino de Dios, todavía es necesario ir en efecto! (efectivamente, en realidad!) (“no basta con decirme: “ Señor, Señor!” para entrar en el Reino de Dios, es indispensable también cumplir la Voluntad de mi Padre…” No basta con declararse creyente y pregonar: “yo acepto el evangelio”, sino que aún es necesario comprometerse con hechos e “ir” demostrándolo a través de sus actos, de su oración, de sus combates, de su ternura…


Remarquemos en fin la nota existencialista en estas palabras de Jesús. La vida es abierta. Siempre está sucediendo (acaeciendo) algo. La vida se renueva sin cesar, y ella no se detiene  ni por una palabra ni por un acto: se puede decir SI pero terminar por no hacer, como se puede no hacer y más tarde cambiar de idea y hacer efectivo el SI. Los desclasados pueden cualificarse y los profesionales pueden fracasar. Los que hacen fraude pueden tomar el camino de la justicia y las personas honestas pasar al costado.


Jesús viene para abrir “nuevos posibles”, triunfar sobre el conservatismo y la injusticia. Encontrar personas que eran presa de ese mismo conservadurismo y la  injusticia, era para Jesús una experiencia frustrante, lo que le daba a veces el gusto de  “dejar a los muertos enterrar a sus muertos” (Mateo 8,22).Pero Él continuaba a llamar y a confrontar con la esperanza de que “quien estaba muerto” volviera a la vida, que sus interlocutores rencontraran en ellos el camino perdido y caminaran hacia una vida liberada (Lucas 15,32).


REFLEXION:

« Cual de los dos hijos ha hecho la voluntad de Dios?”

 Cristo nos recuerda hoy que lo que cuenta en la vida no son las palabras sino los actos (las acciones). Juzgamos a alguien en referencia a lo que hace y no en referencia con sus buenas intenciones. Es el hijo que dijo NO de labios para afuera y va a trabajar en la viña quien hace la voluntad de su padre.


San Pablo decía en su Carta a los Romanos: “No son los que escuchan la Palabra de Dios que son justificados, sino más bien aquellos que ponen esta Palabra en práctica” (Rom 2,13).


Uno de los reproches más graves que se le puede hacer a alguien es decirle que “habla mucho pero hace poco”. El Evangelio nos dice la misma cosa en otros términos: “No son los que dicen Señor, quienes entraran en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la Voluntad de mi Padre” (Mt 7,21). “Aquel que se limita a escuchar la palabra y no la pone en práctica, agrega Jesús,  es comparable  a alguien que construye su casa sobre la arena…”(Mat 7,26). Es lo que Cristo reprocha a los fariseos de todos los tiempos : “Ellos predican (dicen) pero no lo hacen (no practican)” (Mt 23,3).


Hace poco, leía la historia de un hombre que después de un accidente de auto, estaba obligado a desplazarse en silla de ruedas. Sus vecinos y sus amigos iban a visitarlo y antes de partir decían:  “Andrés, vamos a orar por ti. Y él les respondía: “SI, eso está  bien, pero en efecto yo puedo hacer muy bien mis propias oraciones. Si ustedes quieren ayudarme de verdad, laven la vajilla que está en el lavaplatos y saquen los desechos y arrójenlos en la caneca que se encuentra afuera al borde del camino”…

Aquel hombre necesitaba ayuda y quería que las oraciones y las bellas palabras de sus amigos estuvieran acompañadas de gestos concretos.


Uno de los dramas de la vida social aparece cuando la palabra dada (comprometida) deja de ser fiable, no se traduce en actos, cuando uno pierde la confianza en lo que dicen los otros. Conocemos  bien ese fenómeno en nuestras sociedades modernas. Ya no creemos más en lo que dicen lo políticos, la publicidad, los periodistas, los jueces. La Palabra dada parece no tener más valor y perdemos la confianza en nuestros representantes, en nuestras instituciones. Mismo en la vida familiar, todo parece frágil y provisorio. Las promesas y los compromisos son de corta duración.


El evangelio de Cristo  y de quienes le siguen es exigente: “Aquel que pierde su vida, es decir que la da por amor a su familia, a sus amigos, a los otros, la salvara” (Mt 16,25). Nuestra fe cristiana debe ser una fe activa que influencie todos los aspectos de nuestra vida: la familia, el trabajo, las diversiones, las relaciones con los demás…


En un mundo que agranda y preconiza el triunfo a cualquier precio, la libertad absoluta, el placer inmediato, el evangelio de Cristo  nos sitúa sobre la ruta de nuestras responsabilidades cotidianas.


No es entonces aquel que dice « Si, yo iré a la viña » y enseguida no va quien hace la voluntad del padre, sino aquel que termina yendo, mismo si había dicho NO al momento de partir.


Este evangelio nos recuerda otra verdad importante para el Señor: en la vida, no todo está  ya  jugado (la suerte no está echada definitivamente). Siempre hay tiempo para reconsiderar las cosas. Cualquiera que sea nuestra historia, y por muchos que  hubieran sido nuestros rechazos o renegaciones precedentes, siempre es posible un cambio (una conversión, un cambio de rumbo). Con Jesús nunca estamos encerrados en el pasado. Con Él  Siempre tenemos una segunda oportunidad (a diferencia con nuestra familia e instituciones). Nunca somos fijados, señalados (estampillados, marcados) por lo que hicimos anteriormente. El avenir esta siempre abierto.


He leído otra historia de una mujer condenada a varios años de prisión. Ella se había prostituido, sabiendo muy bien que tenía el Sida. Era su necesidad de droga que la había empujado a la prostitución. Ella había recibido una excelente educación y venia por tanto de una buena familia. Ella se arrepentía amargamente de haber arruinado su vida y quería reencontrar el amor y el perdón del Señor. Ella confiesa que fueron esos años pasado en prisión que la habían llevado a salir de una prisión peor que aquella donde ella vivía actualmente: la prisión de la adicción a la droga.


Para Dios, no hay bueno definitivos ni malos definitivos, hay hombres y mujeres en plena evolución que avanzan y que retroceden…Los publicanos y las prostitutas no son mejores que los otros, pero ellos entran en el Reino porque en un determinado momento, ellos han cambiado de dirección (de ruta) ellos se han convertido.


En nuestra vida, no todo está ya jugado (definido o cumplido). Siempre es posible cambiar, partir de cero nuevamente y comprometernos en los caminos de Dios, es decir, para utilizar las palabras del evangelio- siempre es posible cambiar de opinión e ir a trabajar en la Viña del Señor.





REFERENCIAS:



 1. HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus.



otras reflexiones utiles sobre este mismo evangelio aca:



De Calixto, en TEJAS ARRIBA: