jueves, 3 de junio de 2010

Domingo 6 de junio del 2010: EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

« Fiesta De la Eucaristía, fiesta de la presencia de Dios entre nosotros »

Con la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo se termina el ciclo anual de las grandes celebraciones de nuestra liturgia: Pascua, Ascensión, Pentecostés, Santísima Trinidad.

En otro tiempo se le llamaba intensamente “Corpus Christi”.  En esta gran fiesta se hacía una larga procesión folclórica por las calles de nuestros pueblos y ciudades. Hoy en un mundo pluralista, la procesión ha desaparecido casi completamente, pero es bueno que recordemos la significación tan grande de este suceso que subrayaba de ese modo la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana y ambientes de vida.

Nuestra fe, no es una religión de Sacristía, de guetos o círculos cerrados (roscas) , más bien es una religión que invita a quienes la profesan a vivir los valores de Cristo en la vida de todos los días, en las calles, donde se preparaba cuidadosamente los (stops, posadas) y por donde el señor pasaba (el sacerdote o ministro con la Custodia). A pesar de nuestros problemas, nuestras enfermedades y nuestras dificultades y crisis de todo tipo, las flores y las decoraciones significaban que el cristianismo podía embellecer la vida diaria.

La procesión del  “Corpus Christi” nos recordaba que la presencia de Cristo podía transformar la realidad de todos los días. El Señor se hacía presente en nuestras calles, nuestros parques, nuestras casas, ahí donde vivimos, trabajamos, sufrimos y esperamos.

Sobre el camino de la vida, la Eucaristía se convertía en maná del desierto, ese pan de los peregrinos que se dirigen hacia la Tierra Prometida, esta comida que da la fuerza para avanzar y hacer frente a las dificultades diarias.

La Eucaristía es una pausa , un tiempo privilegiado  de detenernos para mirar mejor nuestro recorrido peregrino terrestre. Es el sacramento de los nómadas que nosotros somos. Domingo a domingo (o día a día) nos reunimos con el fin de escuchar la Palabra de Dios y retomar fuerzas para la semana que viene.

La EUCARISTIA es para nosotros una comida de transformación y de crecimiento. Si ella no nos permite creer, entonces quiere decir, que hay cualquier cosa que no funciona en nuestro metabolismo religioso.

En el Evangelio de hoy, la comida que Jesús ofrece a la gente fatigada y hambrienta es el símbolo de nuestras asambleas eucarísticas. El milagro no lo es tanto la “multiplicación de los panes” como la capacidad de compartir lo poco que tenemos: “Denles ustedes mismos de comer” dice el Señor a sus discípulos que querían en un principio hacer ir la gente de regreso a sus casas para saciarse. En lugar de dispensar la multitud por los pueblos, Jesús decide reunirlos y darles de comer.

Es importante que saquemos las conclusión de este relato: Nosotros no podemos contentarnos de recibir el pan eucarístico y alimentarnos. Tambien debemos darlo a aquellos que nos rodean al ejemplo de los apóstoles.

No podemos contentarnos de orarle y pedirle  a Cristo para que El de la comida a quienes tienen hambre. El mismo nos envía a nuestra misión: tomar lo que poseemos y asi sea poca cosa, compartirlo con los que tienen  hambre. Una mujer pobre respondia asi un día a San Vicente de Paul: “si los pobres no comparten entre ellos, quien lo hara?”.

Si venimos (o vamos a la eucaristia) no es solamente por nosotros mismos, tambien vamos portando con  nosotros la preocupación de los demás, de todos aquellos que tienen hambre de pan, de ternura, de amor y de libertad. El Señor no deja de enviarnos hacia ellos porque El no quiere que ninguno se pierda: “Denles ustedes mismos de comer”. Den aquello que es  necesario de su tiempo, de ustedes mismos, de su disponibilidad. Hagan todo para que el otro viva. Uno no puede separar la Eucaristia de la vida cotidiana de la humanidad. Lo importante es que le demos la pequeña parte de nosotros mismos. Y después cuando la comida termine , viene otro servicio : recoger con cuidado el resto. En efecto, habrá todavía de otras multitudes a alimentar. A lo largo de los siglos será necesario continuar distribuyendo los dones de Dios.

La Eucaristía es una reunión, asamblea, donde nos juntamos y ahí nos alimentamos y nos sostenemos en nuestra fe y vida cristiana. La Eucaristía nos ilumina y nos da la fuerza necesaria para vivir cotidianamente los valores del Evangelio. 

La eucaristía no puede que hacerse en Iglesia en el seno de la comunidad reunida.

La Eucaristía es un vínculo entre Dios y nosotros, entre nosotros y los demás. “Si en el momento de presentar tu ofrenda sobre el altar, recuerdas que tu hermana o hermano tiene cualquier cosa contra ti , deja ahí  tu ofrenda . Primero ve a reconciliarte con tu hermano (a) y después vuelve para presentar tu ofrenda”.

La EUCARISTÍA es un sacramento de unidad que nos invita a alegrarnos en nuestras diferencias. En la mesa eucarística no hay lugar para nuestras segregaciones mezquinas. “No hay más, judíos, ni griegos, ni eslavos, ni hombres libres, ni mujeres ni hombres”, nos dice San Pablo.

La Eucaristía es mucho más que una celebración de piedad individual. Ella nos invita al compartir, a la fraternidad, a acoger los demás.

Hoy celebramos la presencia de Dios entre nosotros. Él nos congrega para dirigirnos su Palabra, El quien es “el camino, la verdad y la vida”. Él nos reparte y comparte el pan de los peregrinos en ruta hacia la tierra prometida.

En esta fiesta del  “Corpus Christi”, en esta fiesta de la Eucaristía, en esta fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, agradezcamos inmensamente al Señor por nuestras asambleas de domingo, por nuestras comunidades cristianas y por la presencia de Dios entre nosotros.

Al celebrar  la Eucaristía, nos volvemos hacia ti Señor. Ayúdanos a entrar más plenamente en este movimiento de don total de nosotros mismos contigo y por ti. Que nuestra entrega  sea   cada vez más a tu ejemplo y medida, tu que has dado todo de ti mismo por nuestra vida y por la Gloria del Padre.  Amen.


Referencias bibliográficas:


traducciones cercanas del francés:


reflexión del padre Yvon-Michel Allard, s.d.v
Canadá.
http://cursillos.ca




Padre Jean Campazieu
Francia
http://dimancheprochain.org




sábado, 29 de mayo de 2010

Muere el actor Gary Coleman a los 42 años
























29 de mayo de 2010 - 09:
Muere el actor Gary Coleman a los 42 años
Zoom
Muere el actor Gary Coleman a los 42 años (reuters_tickers)








LOS ANGELES (Reuters) - La ex estrella infantil Gary Coleman, quien alcanzó la fama con la serie de televisión "Arnold", murió a los 42 años en un hospital de Utah tras sufrir una hemorragia cerebral.

Coleman se ganó al reconocimiento del público como el astuto Arnold Jackson, el hijo adoptado de un acaudalado neoyorquino en la exitosa serie que se emitió en la televisión estadounidense desde 1978 hasta 1986 y también en todo el mundo.

Pero cuando el programa fue cancelado, la fama de Coleman en Hollywood declinó y el actor se encontró en problemas financieros, legales y domésticos.

"Estamos muy tristes al informar que el señor Gary Coleman murió a las 12:05 hora MST (06:05 GMT)", dijo su representante John Alcantar en un comunicado.

Alcantar indicó que a Coleman se le desconectó el respirador artificial y "murió rápidamente y sin sufrir", rodeado de su esposa y otros familiares cercanos.

El diminuto Coleman, quien padecía de una enfermedad renal congénita que detuvo su crecimiento, fue hospitalizado el miércoles por la noche tras sufrir una hemorragia intracraneal en su casa de Santaquin, Utah. Los medios informaron de que el actor se cayó y se golpeó la cabeza.

El jueves, estaba consciente y lúcido por la mañana, pero por la tarde su condición se agravó, quedó inconsciente y se lo conectó a un respirador artificial en el hospital Utah Valley Regional Medical Center, según un comunicado divulgado el viernes por el centro médico.

"Gary está ahora en paz y su recuerdo quedará en el corazón de aquellos a quienes entretuvo durante años", dijo Alcantar.

Reuters 



Murió Gary Coleman, el recordado "Arnold" de "Blanco y negro"

Estaba en cuidados intensivos por una hemorragia intracraneana
Viernes 28 de mayo de 2010 - 01:59 pm
Imagen
Según la web TMZ, la esposa de Coleman, Shannon, decidió esta mañana que se desconecte el respirador artificial con que se mantenía vivo a Coleman, que estaba internado en un hospital de Utah, EE.UU., tras sufrir una fuerte caída.
Coleman tenía 42 años. Era mantenido con vida artificialmente desde ayer. Sus familiares y esposa lo acompañaron en su lecho mortal.
EL ASCENSO EN LA COMEDIA


A los 10 años ya arrancaba risas a los seguidores de la serie “Blanco y negro” (“Diff’rent strokes”), estrenada en 1978 y transmitida en nuestro país en los ochentas. Coleman interpretó a Arnold Jackson, el menor de un par de hermanos negros (el mayor, Willis, era interpretado por Todd Bridges) adoptados por el millonario blanco Philip Drummond (Conrad Bain). Drummond vivía con su hija Kimberly (Dana Plato).
Las situaciones típicas del fin de la niñez y el comienzo de la adolescencia se mezclaron con temas de raza y clase, ello fue el insumo principal para la comedia de “Blanco y negro”.





Vea aca un minuto de uno de los tantos capitulos de esta inolvidable serie en la que actuo Gary Coleman en el papel de Arnold.


La frase ¿De qué hablas, Willis?, que siempre lanzaba Arnold a su hermano, se puso de moda.
Su ternura fue otro elemento que hizo popular la serie -Coleman no pasó del 1,42 m de estatura, pues su crecimiento fue afectado por un desorden renal- hasta su fin en 1986. Sin embargo, la fama ejerció demasiada presión sobre el niño estrella, hecho que lo sumió en una serie de escándalos que llevaron a pique su carrera.