viernes, 23 de julio de 2010

25 de julio del 2010: 17o domingo del tiempo ordinario C


Queridos amigos lectores de este blog, el próximo 31 de julio se celebra el día del gran San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas. Como homenaje explicito a esta congregación española que por mas de 5 siglos ha llevado la Buena Nueva por todo el mundo, me permito transcribir y compartir con ustedes las reflexiones u homilías de dos de sus sacerdotes sobre las lecturas y el evangelio de este 17o domingo ordinario.

Buena semana, y fructífera oración  (P. Gustavo)

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EL MENSAJE DEL DOMINGO
Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.

XVII Domingo Ordinario - Ciclo C
Julio 25 - 2010

Una vez, Jesús estaba orando en un lugar; cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor, enséñanos a orar, lo mismo que Juan enseñó a sus discípulos. Jesús les dijo: -Cuando oren, digan: “Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día el pan que necesitamos. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos han hecho mal. No nos expongas a la tentación.”
También les dijo Jesús: -Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo, y que a medianoche va a su casa y le dice: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle.” Sin duda el otro no le contestará desde adentro: “No me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo ya estamos acostados; no puedo levantarme a darte nada.” Les digo que, aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, lo hará por su impertinencia, y le dará todo lo que necesita. Así que yo les digo: Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre. ¿Acaso alguno de ustedes, que sea padre, sería capaz de darle a su hijo una culebra cuando le pide pescado, o de darle un alacrán cuando le pide un huevo? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (Lucas 11, 1-13).

1. Cuando oren, digan: “Padre…”

Varias veces los evangelios nos presentan a Jesús en oración, siendo ésta una de las características que más resaltan de aquél Maestro bueno que se mantenía en constante unión con el Dios cuya cercanía predicaba y al que llamaba Padre. Esta invocación aparece en algunos pasajes con la palabra Abbá, que, en el idioma arameo empleado por Jesús significaba exactamente lo mismo que nosotros expresamos con el término Papá.

Por eso, cuando los discípulos de Jesús le piden a su Maestro que les enseñe a orar como Juan el Bautista lo había hecho con los suyos, comienza diciéndoles cómo invocar a Dios Creador: como a un padre bondadoso y compasivo, reconociéndonos por tanto como sus hijos y, por ello mismo, como hermanos entre nosotros. Nadie antes se había dirigido así a Dios, y en eso consiste en gran parte la novedad del mensaje de Jesús.
  
En las dos versiones del “Padre nuestro” que aparecen en los evangelios, la oración se hace en plural: tanto en la de Mateo -que es la más extensa, la empleada por la liturgia y la que nosotros rezamos- y la de Lucas  -que corresponde al evangelio de este domingo-. Esto quiere decir que, cuando Jesús enseña a sus discípulos a orar, los exhorta a superar el individualismo egoísta y tener en cuenta a toda la humanidad. Por eso el “Padre nuestro” es una oración solidaria, en la que si decimos “danos cada día nuestro pan…”, o si pedimos perdón o imploramos ayuda para no caer en la tentación,  no lo estamos haciendo para uno o unos cuantos, sino para todos.

2. El Padre nuestro es oración de alabanza, ofrecimiento y petición

El “Padre nuestro” suele ser considerado como una oración de petición, y en verdad lo es. Sin embargo, lo primero que encontramos en ella es la alabanza, en segundo lugar el ofrecimiento, y por último vienen  las peticiones, una de las cuales es la del perdón. 

Primero está la alabanza, porque al decir santificado sea tu nombre, expresamos nuestra gratitud y nuestro deseo de que el Creador sea reconocido y glorificado en su ser por todas sus creaturas. Luego está el ofrecimiento, porque cuando decimos venga tu reino -o ven a reinar en nosotros-, le estamos ofreciendo nuestra disposición a que su poder, que es el poder del Amor, dirija nuestra vida personal y social para que así podamos ser todos felices, que es lo que Él quiere. La versión del Evangelio según san Lucas, correspondiente a este domingo, omite la frase “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, que sí aparece en el de san Mateo. Pero, en definitiva, esta frase ya está implícita  en la anterior (venga tu Reino), pues la realización del Reino es justamente el cumplimiento de lo que él quiere, que se haga presente cada vez más en nosotros el poder de su Amor.

Y después de la alabanza y el ofrecimiento, vienen las peticiones propiamente dichas. Jesús nos invita a pedir que no nos falte el alimento: danos cada día el pan que necesitamos; no se trata solamente del pan material, sino también del espiritual que recibimos con la Palabra de Dios y la comunión en la Eucaristía. Jesús nos invita a pedir perdón, manifestando nosotros nuestra disposición a perdonar: Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos han hecho mal. Y finalmente, Jesús nos invita a pedirle al Creador que no nos exponga a la tentación (aquí concluye la versión de Lucas, mientras que la de Mateo agrega “y líbranos del maligno”). Son tres peticiones que a su vez nos recuerdan las tres necesidades fundamentales de nuestra vida: el alimento diario, la reconciliación con nuestros prójimos como condición para estar en paz con Dios, y la fuerza protectora de su Espíritu para no dejarnos vencer por las tentaciones.   

3. Lo que ante todo debemos pedir en la oración

Un detalle muy importante en el Evangelio de hoy es la conclusión que saca Jesús de su parábola del amigo insistente, con la que concluye su enseñanza sobre la oración: “Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”. Con esta reflexión Jesús no sólo nos invita a pedir con constancia, sino además a pedir lo que de verdad y ante todo necesitamos. Muchas veces podemos experimentar la tentación de desanimarnos y desistir de la oración porque sentimos que Dios no atiende a nuestras peticiones. Pero lo que puede estar ocurriendo en estos casos es que el Señor no nos concede lo que no nos conviene para nuestra verdadera felicidad, que en definitiva es la felicidad eterna.

Por eso lo primero que debemos pedirle es justamente la disposición que necesitamos para recibir lo que sólo Él sabe que es más conveniente para nuestra vida y nuestra salvación eterna. Esta disposición sólo podemos tenerla si actúa en nosotros su Espíritu, el Espíritu Santo, y éste es precisamente el sentido de la frase venga tu Reino: que de tal modo dejemos que actúe en nosotros el poder de Dios, el poder del Amor, que estemos siempre dispuestos a cumplir su voluntad. ¡Y su voluntad, lo que Él quiere, es que seamos eternamente felices!-

gperez@javerianacali.edu.co

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PISTAS HOMILÍA DOMINICAL

Jorge Humberto Peláez, S.J.
TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XVII C

(25-Julio-2010)

ü  Lecturas:
o   Génesis 18, 20-32
o   Carta de san Pablo a los Colosenses 2, 12-14
o   Lucas 11, 1-13

ü  El tema central de la liturgia de este domingo es la oración. A través de Abrahán y de Jesús descubrimos diversas maneras de comunicarse con Dios:
o   La oración de Abrahán muestra una gran familiaridad con Yahvé; sus peticiones son hechas en forma de negociación, consecuente con  la cultura comercial de su raza; pretende salvar a Sodoma de la destrucción negociando con el número de justos que hay en ella: 50, 45, 40, 30, 20, 10.
o   Por su parte, Jesús responde a la petición de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. El Maestro ofrece una extraordinaria lección de espiritualidad.

ü  Pero antes de avanzar en  la lección que nos ofrece Jesús, debemos preguntarnos cuál es nuestra experiencia de oración:
o   En general, podemos decir que la inmensa mayoría de los creyentes le manifiesta a Dios sus preocupaciones y proyectos.
o   Pero tenemos que reconocer que se trata de una oración coyuntural, es decir, nos acordamos de Dios cuando nos sentimos amenazados. En nuestro imaginario religioso, Dios aparece como la solución a los problemas económicos, laborales, emocionales y de salud.
o   Además de ser interesados, somos terriblemente superficiales e incapaces de estar a solas con nosotros mismos; a este propósito, es interesante observar a la gente que se encuentra en una “sala de espera”: tiene la mirada fija en la pantalla de su computador portátil o está manipulando el teléfono celular. Esta incapacidad  para la interiorización hace muy difícil desarrollar el hábito de la oración.

ü  Después de estas breves observaciones introductorias, volvamos a la petición manifestada por los discípulos, a la cual responde Jesús enseñándoles la oración del Padrenuestro. Su estructura es muy simple: un saludo inicial, tres peticiones cuyo objeto es el mismo Dios y tres peticiones sobre nuestra situación concreta.

ü  Es muy interesante la forma como se plantea el saludo inicial, “Padre nuestro, que estás en el cielo”:
o   Los seres humanos queremos comunicarnos con Dios, pero no sabemos cómo hacerlo pues nos resulta lejano e inaccesible.
o   Esta preocupación es resuelta por Jesús con la primera palabra con la que inicia su clase sobre la oración; allí nos dice que debemos dirigirnos a Dios como Padre, con lo cual nos manifiesta qué tipo de relación existe entre el Creador y las criaturas.
o   Antes de Jesús, nadie se había atrevido a dirigirse a Dios con este  nombre tan íntimo. Al enseñarnos que debemos dirigirnos a Dios con esta invocación nos dice que la oración del creyente es un grito confiado del hijo, que se  manifiesta a un Dios que es padre amoroso.
o   La referencia “que estás en el cielo” afirma la absoluta trascendencia de Dios, que no se puede confundir con el orden creado.

ü  “Santificado sea tu nombre”:
o   Le pedimos que su santidad sea proclamada por nosotros con las palabras y, sobre todo, con el testimonio; que viendo las obras buenas que realizamos, los demás glorifiquen al Padre que está en los cielos.
o   Le decimos que deseamos que se manifieste como Dios y Padre para que podamos avanzar en el conocimiento del que es tres veces santo.

ü  “Venga tu reino”:
o   Esta petición del Padrenuestro nos conduce al núcleo de la predicación de Jesús; durante su vida apostólica anunció la buena nueva del señorío de Dios.
o   Con esta petición expresamos nuestro deseo de que el mensaje evangélico alcance a todos los seres humanos, y penetre todos los aspectos de la existencia.

ü  “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”:
o   El proyecto de vida de Jesús estuvo totalmente orientado al cumplimiento de la voluntad del Padre.
o   Con esta petición expresamos nuestro deseo de  que el proyecto de amor de Dios sobre nosotros se realice pronto.
o   Igualmente decimos que nuestros pequeños intereses particulares quedan subordinados a una realidad superior; no queremos obrar siguiendo el  dictamen de nuestro capricho, sino que queremos que su voluntad sea el hilo conductor de nuestra existencia.

ü  Después de estas tres peticiones que se refieren a Dios, vienen otras tres peticiones que tienen que ver con nuestra condición humana.

ü  “Danos hoy nuestro pan de cada día”:
o   Esta petición se refiere a las necesidades básicas para poder llevar una vida digna.
o   El uso del verbo en plural – “danos” – expresa que se trata de una oración solidaria, que no solo se preocupa por las necesidades del individuo, sino que mira al conjunto de la sociedad. Millones de hermanos están bajo los niveles de pobreza. Oramos por ellos.
ü  “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”:
o   Es el reconocimiento humilde de todas nuestras equivocaciones. El auténtico perdón que sana las heridas del corazón no puede provenir de nosotros mismos, sino que necesita la intervención de Dios que nos da las fuerzas para levantarnos.
o   Si queremos emprender, con renovado entusiasmo, el camino debemos desterrar los resentimientos y rencores; por eso decimos: “como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”
o   El perdón abre un nuevo capítulo en nuestras vidas y nos permite vivir, con un nuevo enfoque, las relaciones interpersonales.

ü  “No nos dejes caer en la tentación”. Esta última petición es un acto de realismo; somos frágiles y con frecuencia perdemos el rumbo. Le pedimos al Padre bueno que nuestra libertad no se equivoque en sus decisiones.

ü  Al terminar esta sencilla meditación sobre las seis peticiones del Padrenuestro, volvamos a la petición inicial de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar”. Necesitamos la oración para poder vivir de manera humana dentro de un mundo cruel e injusto; la oración es esencial para  obtener la paz interior; orando descubriremos el plan de Dios sobre nuestras vidas y la vocación a la que hemos sido llamados.

jpelaez@javerianacali.edu.coEs


viernes, 16 de julio de 2010

Domingo 18 de julio del 2010: 16o del tiempo Ordinario C



DIOS Y  LA MEDITACION DE SU PALABRA, FUENTE DE NUESTRA ACCION.

 Las lecturas de este decimosexto domingo ordinario nos hablan de hospitalidad, amistad, encuentro, compartir, pero también de oración, distensión y contemplación.

La primera lectura del capítulo 18 del Génesis nos presenta la historia de los tres Ángeles de paso que llegan a la hora más calurosa del día a la morada de Abraham.

Del Monte de Mambré pasamos al Oasis de amistad que era para Jesús la casa de Marta y María.

San Pablo en su carta a los Colosenses nos comparte su experiencia al hablar de “la gloria sin precio de tal misterio: Cristo está en medio de ustedes…”  Cuando se acepta la invitación de Cristo , en El descubrimos el misterio del otro y de los demás ( los otros).

El texto que hemos meditado la semana pasada (la parábola del Buen Samaritano) y este de hoy (La visita de Jesús a casa de Marta y María) son complementarios. Ellos presentan dos aspectos importantes de una misma realidad cristiana: la acción en favor de  los necesitados y la Escucha de la Palabra de Dios.

Lucas en su Evangelio pone inmediatamente después de la parábola del Buen samaritano, la Visita de Jesús a casa de Marta y María para destacar la importancia de “sentarse a los pies de Jesús para escuchar su palabra”.

Jesús aparentemente critica a Marta por el buen trabajo que ella hace  al preparar la comida. En realidad, ella recibe el Señor  del mismo modo como lo ha hecho Abraham en la primera lectura. Cristo no le reprocha eso de querer bien acoger sus invitados, sino más bien su excesiva preocupación, su stress, sus afanes, sus muchas ocupaciones…

La acción es el fruto de nuestro compromiso con los otros, pero el fundamento de esta acción es la escucha atenta de la Palabra de Dios.

La contemplación y la acción son las dos caras de una misma moneda.

La Palabra de Dios aclara, clarifica nuestras prioridades y cambia nuestra actitud hacia los otros y hacia Dios. Ella le da un sentido a los eventos (acontecimientos) de todos los días y comprende también las grandes alegrías asi como los sufrimientos, la enfermedad y la muerte misma.

En  nuestro mundo y sociedad de consumo, muchos no saben contemplar, adorar y orar…El curso desenfrenado de la vida, el acelere, el dinero, los viajes, nos hacen correr el riesgo de hacernos perder el espíritu de interiorización y de hacer de nosotros seres disminuidos y superficiales. Si lo espiritual se ahoga en nosotros, se crea entonces un vacío y un desequilibrio peligroso.

Para vivir en paz interior, sea en el reposo contemplativo  o sea en la acción necesaria, hace falta que todas nuestras acciones al servicio de Dios y de los demás tengan su raíz  (su origen, su fuente)  en el recogimiento y la oración.

Que las dos hermanas Marta y María que se complementaban la una a la otra en el amor por Jesús, vengan a nuestra ayuda para hacernos acoger siempre y con más fuerza al amigo siempre fiel Jesús.  Él nos enseñará  a no “hacer “ más acciones por El , pero sí que nos ayude a dejarlo actuar  a través de nuestra disponibilidad y simplicidad.

Amen.

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NO TEMAMOS CONFRONTAR A DIOS...NO HUYAMOS A SU CONTACTO...

Lei otro comentario de un psicólogo canadiense, y el habla del 
MIEDO AL ROCE,
o del RIESGO QUE SE CORRE A DEJARSE DESCUBRIR,
O INCOMODARSE POR JESUS (o DIOS). Tenemos miedo de confrontarnos con El, como quizas lo sentia Marta que se escudaba y o excusaba con la disculpa del demasiado que hacer...

Argumenta el exegeta y terapeuta que el problema de Marta podía ser ese que experimentamos a veces los seres humanos. Preferimos ocuparnos o aparentar estar muy demasiado ocupados para evadir a Dios, su mensaje o el mensajero que viene a nosotros a compartir su palabra.

Hay un miedo a veces a enfrentar nuestro yo, asumir nuestra vida, dificultades y palabras, miedo a que el otro vea nuestra vulnerabilidad, nos vea "desnudos"...

Muchas personas dicen no tener tiempo para Dios, para orar, para leer la Biblia, para ir  a misa, porque argumentan estar muy cansados o tener demasiado trabajo, estudio o compromisos... Detrás o en el fondo del subconsciente puede haber mas bien el miedo al "contacto"  o roce espiritual...

Lo cierto es que hoy le huimos al silencio, al llegar a casa nos aterra el silencio, y entonces encendemos el compu, o la grabadora o el componente o el ipod...porque nos "aterra" , nos asusta la conciencia su voz, la voz de Dios, pensar , meditar demasiado en nosotros...

A mi me parece muy valida la reflexión, es usted de las personas que le huyen a la meditación, al cuestionamiento personal,  a confrontar a Dios, por el miedo de verse vulnerable, débil o quizás llamado a un cambio o transformación personal en su vida?  Jesús siempre incomoda...

La Palabra de Dios debe ser siempre la base , el motor de nuestras acciones, ella es la lampara para nuestros pasos en el camino de la vida, ella nos hace ver lo que es bueno y lo que nos conviene, lo que nos ser verdaderamente felices...

Oremos y trabajemos, dejemos a Dios  y su palabra inspirar nuestra vida de cada día ...





martes, 13 de julio de 2010

sobre el bicentenario (2)

OTROS ARTICULOS SOBRE EL ESPANA Y EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DE COLOMBIA

Entendemos el período denominado la Independencia como un tiempo fuerte, especialmente para la producción y la búsqueda de sentidos. Las referencias más frecuentes nos remiten colegios, prensa, Expedición Botánica, Biblioteca Real, Comuneros, Misiones, Reformas, tertulias, viajes, chicherías, viruelas, cabildos, juntas y conspiraciones. De ello nos quedan reales cédulas y decretos, periódicos, libelos y pasquines, pinturas, sermones, relaciones y memoriales, diarios, manuales, proyectos, mapas, discursos, juicios, proclamas, constituciones y actas. En el período emergen multitud de discursos desde distintas ciudades y pueblos, las palabras adquieren nuevos significados, se proponen nuevas legitimidades e identidades de sujetos y grupos, se rediseña el mapa de lealtades sociales, políticas y religiosas, y las tensiones cotidianas se hacen más visibles aun al interior de las familias. Hay cambios en las formas en que sesiente, se vive y se dice lo público y el orden social. Es un tiempo de invención de sujetos políticos y de sociabilidades, de nuevos medios como la prensa, y de la instauración de muchos nuevos lugares desde donde se interviene en la palestra política. Pero sobre todo un tiempo de muchas palabras y de incremento de la escritura y la lectura.

• El dominio de España en el Nuevo Mundo era tan fuerte y uniforme que, sin querer, facilitó redes culturales, políticas y comerciales entre los diferentes componentes políticos de su imperio colonial. Una prueba es que todos los revolucionarios manifestaron la necesidad de multiplicar y apoyar las sublevaciones a lo largo de todo el continente e, incluso algunos, como el venezolano Francisco de Miranda, habían propugnado mucho antes la idea de hacer una sola patria, de Río Grande a Tierra del Fuego.


• Las condiciones sociopolíticas en las diferentes colonias hacían eminente la ruptura con la Metrópoli Española. Concurrían su creciente grado de desarrollo económico, el cual se encontraba atrapado en la práctica mercantilista de la Corona, la estrechez del mercado imperial y la imposición de los metales preciosos, oro y plata, como únicos motores de la actividad económica.

• El cambio vertiginoso del mundo político europeo, que se había iniciado con el Renacimiento y alcanzado lo máximo en el pensamiento enciclopedista francés; la independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa que significó un rompimiento violento contra el “antiguo régimen” y su posterior cruzada con Napoleón. Estas corrientes de pensamiento y acción nunca llegaron a la Península; pero sí a las colonias de América, amalgamadas entre fardos de contrabando y libros que traían las luces de los nuevos tiempos: libre comercio, igualdad, libertad y fraternidad.


Como conclusión, podemos decir que, más allá de los sueños y de los heroísmos de nuestros padres fundadores, existían condiciones objetivas para dar el trascendental paso de la independencia. La ruptura de las colonias americanas con el imperio español era eminente.

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Este año es de celebraciones: 1.000 años de Hanoi y 200 años de la lucha independentista de América Latina. Podríamos decir, estamos en un alto importante en nuestro caminar como seres humanos, como naciones, con nuevos escenarios, con nuevos pensamientos y, por supuesto, con nuevos y desafiantes retos que amenazan, más que ayer, la supervivencia no sólo de nuestro espacio latinoamericano y caribeño sino también el resto de esta nave espacial llamada Tierra. A la par de las profundas desigualdades socioeconómicas entre pueblos y naciones, el desacato descarado del Derecho Internacional, el dominio monopolístico de las empresas multinacionales, entre otras calamidades, se suma el creciente deterioro del medio ambiente.

En este Bicentenario, los pueblos de América Latina y el Caribe se deben preguntar, más allá de los floripondios de los desfiles y las vacuas palabras de la celebración: ¿Qué hemos logrado en estos 200 años?. No sorprendería que las respuestas sean casi las mismas de 1810: no existe una verdadera independencia que signifique, como decía el Maestro de Bolívar y gran filósofo Simón Rodríguez, la soberanía intelectual y económica; continúa la división del continente, más de 25 estados separados; las condiciones de miseria siguen azotando a los pueblos; las desigualdades socioeconómicas siguen profundizándose, etc.

Pero quizás hay algo que no está en las respuestas reiteradas: En las últimas décadas, muchas llamadas simplemente “perdidas” por los organismos económicos internacionales, han venido surgiendo voces, movimientos, que se niegan a detener la historia o a involucrase en choques de civilizaciones. Entienden que América Latina y el Caribe deben y pueden retomar la Historia, para hacer realidad los sueños de sus Libertadores, José de San Martín, José Gervasio Artígas, Miguel Hidalgo, Antonio José de Sucre, Antonio Nariño, Bernardo O’Higgins, Gaspar Rodríguez de Francia, José María Morelos, Mariano Moreno, entre otros. Pues como dijese el Comandante Presidente Hugo Chávez Frías, al referirse al 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811: “… celebraremos los 200 años de esa revolución que es la misma que hoy llevamos a cabo, yo quiero insistir en esto, no es que aquella fue una Independencia y esta es una segunda Independencia, no, desde mi criterio, desde mi punto de vista no es eso; no creo que debamos hablar de una segunda Independencia, es la continuación del mismo proceso de Independencia en todo caso una segunda fase histórica del mismo proceso independentista venezolano, suramericano, nuestro americano”.

Bajo esta nueva óptica, el concepto de unidad latinoamericana y caribeña ocupa una de las prioridades más anhelantes. Hacia ese objetivo vamos los países de la Unión de Naciones Suramericanas –UNASUR- , la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -ALBA- y Petrocaribe, con novedosos conceptos de verdadera solidaridad y convivencia, con respuestas a las ancestrales reivindicaciones de nuestros pueblos. Sólo la unidad salvará a Latinoamérica y el Caribe para enfrentar los actuales retos. Ningún poder exógeno se preocupará por sus problemas, salvo que signifique beneficio, como ayer.

En esta nueva etapa, América Latina y el Caribe, además de contar con todos sus recursos materiales e intelectuales, deben formar alianzas firmes con otros continentes en condiciones similares y que, en una forma u otra, han decidido emprender sus propias vías de liberación, tales como África y Asia.

Es en este punto anterior, donde se justifica plenamente la especial y creciente amistad de todos los países de América Latina y el Caribe con Vietnam. Acá, tenemos un pueblo heroico defensor de su soberanía desde los tiempos más remotos, un pueblo trabajador empeñado en vencer al gran enemigo: el subdesarrollo. Creo que tenemos mucho que aprender de la tierra del Tío Ho, muchos puntos para compartir y muchos grandes propósitos para trabajar conjuntamente.

Hoy, nos hemos reunido con los hermanos vietnamitas para visionar el pasado, para rememorar la gesta de la independencia latinoamericana y para rendir justo tributo a los padres de nuestras patrias. Los cuatro países, representados en Hanoi y que celebramos el Bicentenario, hemos dado un claro ejemplo de los nuevos tiempos: Unidad.

Desde la capital milenaria del Vietnam Heroico, debemos formular votos para que la unidad latinoamericana y caribeña se amplíe y se consolide cada día más, recordando lo que enseñó El Libertador Simón Bolívar: “Dios concede la victoria a la constancia”.

Igualmente, debemos reiterar nuestros deseos de que la amistad entre los países latinoamericanos y caribeños y Vietnam sea cada día más profunda y sólida”.

http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article16302

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Bicentenario De Colombia
200 años de historia y de cultura. Desde 1810 hasta la actualidad, Colombia ha sido un país de gente emprendedora, que con toda su entrega el 20 de julio de ese año, en Santafé de Bogotá, participo en un suceso que marcaria un futuro inesperado para un país.

Pero hoy, más que celebrar la independencia de Colombia, y lo valeroso de Simón Bolívar y su ejército, debemos celebrar el nuevo comienzo de este país, y que con estos 200 años, a pesar de malos mandatos y de rumbos inesperados que se han dado, este país sigue siendo el mismo de antes, con las bellezas arquitectónicas que nos dejaron los españoles, con el legado cultural de nuestros ancestros, con la nobleza de nuestra gente y los mas hermosos paisajes del mundo acompañados del mejor café cosechado con todo el amor de nuestros campesinos.

Desde hace 200 años, se busca en nuestro país, libertad, justicia social, igual de condiciones, y sobre todo un poco de paz para este paraíso entregado por Dios a unos campesinos luchadores. En este punto es cuando nos preguntamos, ¿realmente valió la pena, toda la sangre que se derramo para lograr este prometido? ¿Realmente fue hay la independencia o simplemente cambiamos de mandato?

Colombia ha sido un país, que ha sufrido de gobiernos guiados por la ambición y no por la convicción, que no han dudado ni un segundo en entregar nuestro patrimonio a grandes potencias, y aunque el hecho que marca la historia de nuestro país es en 1810 la independencia de Colombia, la verdadera independencia la veremos cuando realmente se tome conciencia del gran potencial que se tiene en este país de gente verraca, y sobre todo el día que dejemos de ser el patio de explotación de Estados Unidos.

No es posible que un país cambie si sufre de amnesia, y nos olvidamos de quienes lucharon por nosotros, y que era lo que querían para Colombia. Ahora que el cambio esta en nuestras manos, podemos hacer mucho, y sobre todo si recordamos un poco de quien somos y de el futuro que le queremos dejar...

http://www.buenastareas.com/ensayos/Bicentenario-De-Colombia/436082.html