viernes, 6 de agosto de 2010

8 de agosto del 2010: Decimonoveno domingo del tiempo ordinario


INTRODUCCION

La sociedad de consumo nos invita a poseer todo lo que deseamos,  enseguida, de manera rápida: nuevo congelador, nuevo carro, nuevo computador…

Ya no tenemos la paciencia de esperar. No vemos ya la belleza, el valor y la alegría de esperar: esperar un amigo que viene de lejos después de muchos años, esperar a ser “grandes” para  actuar como “grandes”, esperar que el día de navidad llegue antes de entonar “ha nacido ya el niño en el portal de Belén”.
Nuestros antepasados en la fe sabían y esperaban ampliamente de Dios: sus pequeñas y grandes bendiciones, comida de “acá abajo” y aquella de “arriba”, la liberación del mal y de los opresores. Durante siglos ellos han esperado una tierra, la paz, la justicia, la salvación, el Mesías.

Como es de reconfortante escuchar la voz de los amigos de Dios que se expresan en los salmos: “Mi alma espera al señor,  más que un centinela la aurora” (sal 129,6) “Mis ojos se consumen de esperar a mi Dios” (sal 68,4).
Son hermosas las palabras de Jesús que nos invitan a permanecer fija la vista en el avenir que El ha prometido: “estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas”  (Luc  12,35), “Estén atentos porque no saben el día ni la hora” (Mat 25,13) ; “Aquel que persevere hasta el final se salvara” (Mat 10,22).

Aquel que no sabe esperar por largo tiempo no vera jamás la realización de sus más grandes deseos”.

Reflexion (I)

LAS PRIMERAS palabras del evangelio de hoy son un llamado a amilanar el miedo : « No teman…ya que al Padre le ha parecido bien darles en herencia el Reino ».

Lucas ha puesto de forma deliberada esta parábola de Jesus después de la parábola del rico insensato y sabiendo que la comunidad de creyentes afronta una época de miedo, en el transcurso de esta larga “subida a Jerusalén “. Jesús se dirige hacia su condenación a muerte (Lucas 9,51), y sus discípulos atemorizados le siguen con prevenciones y titubeos. Según todas las apariencias, es el fracaso definitivo lo que está cerca: el fracaso de un proyecto, el fracaso de una vida.

Cada uno de nosotros experimenta en su vida un poco el sabor de la derrota…una oportunidad no aprovechada, desilusión en nuestro proyecto de vida, enfermedad que debilita, incapacidad de poner fin a una manía o habito nocivo (vicio, dependencia)  que amenaza nuestra salud (cigarrillo, droga, alcohol, sexo), falta de tiempo para realizar nuestros sueños, fracaso en la carrera, peleas en la familia, vejez, sufrimientos, etc.

En la vida cotidiana, las personas viven inmersas en el miedo:  miedo de la soledad, del terrorismo, de la pérdida del empleo, de la violencia, de las enfermedades.

Muchos gobernantes utilizan el miedo para conservar el poder.  Ellos hacen todo lo posible para promover el miedo y enseguida prometen protegernos contra los peligros mortales. Se trata muy a menudo de manipulación orquestada para hacer que aceptemos todo tipo de medidas costosas y muy onerosas que aprovecharan a unos pocos ricos.

Dios no es de aquellos que utilicen el miedo para llevarnos a la sumisión. Muy al contrario, Él nos invita a la esperanza y a la acción: “Levanten la cabeza, no teman, conserven sus lámparas encendidas”.

Nuestra vida tiene un sentido, mismo si por alguna razón u otra, ella aparenta correr hacia el fracaso, igual la vida tiene sentido si somos traicionados por los amigos, derrocados por nuestros enemigos, incomprendidos por nuestra familia, abatidos por la enfermedad.

Dios nos invita a avanzar, como Abraham quien a una edad avanzada, deja su país, sin demasiadas referencias sobre el lugar al que iría. Como los hebreos que han huido de la esclavitud de Egipto para dirigirse hacia la Tierra Prometida.

En nuestra peregrinación plena de obstáculos, la fe nos dota de  una brújula, nos ofrece un punto de apoyo, nos garantiza la presencia de Dios. “He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,20).

El texto evangélico de hoy nos invita a la esperanza, a la acción y a la vigilancia: “Sean como los servidores que esperan a su amo del regreso de sus bodas…conserven sus lámparas encendidas”, utilicen lo mejor posible el tiempo de vida que se les ha dado (confiado, otorgado).

No se trata entonces de escoger entre el cielo y la tierra, sino más bien de actuar de manera que esta tierra sea el lugar más bello posible , según el plan de Dios…una tierra donde reina la paz, la comprensión, la atención del otro, el compartir, la fraternidad y el amor…Una tierra donde se construye un mundo mejor.

Utilicemos nuestros talentos lo mejor posible. Se nos ha dado mucho, igual se nos exigirá mucho. “A quien se le ha confiado mucho se le exigirá mucho”, afirma el texto de hoy.

“Permanezcamos en ropa de trabajo (uniforme, con el delantal puesto) ) y conservemos nuestras lámparas encendidas…El Señor , a su llegada, nos hará pasar a la mesa y nos servirá a cada uno a su turno”.

(Basado en la traduccion del frances del P. Yvon-Michell-Allard. svd.)



REFLEXION (II)

Primera Lectura

 Los israelitas, oprimidos en Egipto, experimentaron que el Señor era su salvador, la noche en que murieron los primogénitos de los egipcios. Por eso aquella noche tuvo una significación trascendental para la historia de los hebreos. Les recordaba las promesas que Dios había hecho a sus padres; que desde entonces Israel fue un pueblo libre y consagrado al Señor. La primera cena del cordero pascual sirve de modelo a lo que había de ser centro de la vida religiosa y cultural.

 La participación en un mismo sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino común. La celebración pascual recuerda que Dios no cesa de elegir a su pueblo entre los justos y de castigar a los impíos.

Segunda Lectura

La fe de Abraham y de los patriarcas sirve de ejemplo. Para estimular la perseverancia en la fe que lleva a la salvación, la carta a los Hebreos aduce una serie de testigos. Abraham, lo mismo que los hebreos del siglo I, conoció la emigración, la ruptura respecto al medio familiar y nacional y la inseguridad de las personas desplazadas. Pero en esas pruebas encontró Abraham motivo para ejercer un acto de fe en la promesa de Dios.

La fe enseña a no darse por satisfechos con los bienes tangibles ni con esperanzas inmediatas. Abraham creyó por encima de la amenaza de la muerte. Sufrió los efectos de esterilidad de Sara y la falta de descendencia. Esta prueba fue para él la más angustiosa porque el patriarca se acercaba a la muerte sin haber recibido la prenda de la promesa. Aquí se hace realidad la última calidad de la fe: aceptar la muerte sabiendo que no podrá hacer fracasar el designio de Dios.

Más que el sufrimiento, es la muerte el signo por excelencia de la fe y de la entrega de uno mismo a Dios. Abraham creyó en un “por encima de la muerte”, creyó le sería concedida una posteridad incluso en un cuerpo ya apagado, porque le había sido prometida. Esta fe constituye lo esencial de la actitud de Cristo ante la cruz. También se entregó a su Padre y a la realización del designio divino, pero tuvo que medir el fracaso total de su empresa: para congregar a toda la humanidad, se encuentra aislado pero confiado en un por encima de la muerte que su resurrección iba a poner de manifiesto.

Evangelio

El evangelio de hoy nos presenta unas recomendaciones que tienen relación con la parábola del domingo anterior del rico necio. Los exegetas se diversifican en cuanto a la estructura que presente el texto y no determinan las unidades de las que se compone. La actitud de confianza con el que inicia el texto no debería de omitirse “no temas, rebañito mío, porque su Padre ha tenido a bien darles el reino”. Esta exhortación a la confianza, al estilo veterotestamentario y que gusta a Lucas, expresa la ternura y protección que Dios ofrece a su pueblo, pero expresa también la auto comprensión de las primeras comunidades: conscientes de su pequeñez e impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. La bondad de Dios, en su amor desmedido, nos ha regalado el reino. Desde aquí tenemos que entender las exhortaciones siguientes. Si el reino es regalo, lo demás es superfluo (bienes materiales). Recordemos los sumarios de Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Lucas invita a la vigilancia, consciente de la ausencia de su Señor, a una comunidad que espera su regreso, pero no de manera inminente como sucedía en las comunidades de Pablo (cf. 1Tes.4-5). La Iglesia de Lucas sabe que vive en los últimos días en los que el hombre acoge o rechaza de forma definitiva la salvación que se regala. Cristo ha venido, ha de venir; está fuera de la historia, pero actúa en ella. La historia presente, de hecho, es el tiempo de la iglesia, tiempo de vigilancia.

Fitzmyer, ilustra esta afinada concepción de la historia, aparecen varias recomendaciones en lo que puede considerarse como los “retazos de una hipotética parábola”. Lo importante será descubrir en cuál de esas recomendaciones centramos la llegada que hay que esperar de manera vigilante. La predicación histórica de Jesús tienen estas máximas sobre la vigilancia y la confianza. Ahora, en este texto se les reviste de carácter escatológico. El punto clave reside en la invitación “estén preparados”; o lo que es lo mismo, lo importante es el hoy. A la luz de una certeza sobre el futuro, queda determinado el presente. Esta es la comprensión de la historia de Lucas: “se ha cumplido hoy” (4,21), “está entre ustedes” (17,20-21) y “ha de venir” (17,20).

El Reino es, al mismo tiempo, presente y algo todavía por venir. De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario desprenderse de los cuidados y de los bienes de este mundo, dando así testimonio de que se buscan las cosas del cielo.

La vigilancia cristiana es inculcada constantemente por Cristo (Mc 14,38; Mt 25,13). La vida del cristiano debe ser toda ella una preparación para el encuentro con el Señor. La muerte que provoca tanto miedo en el que no cree, para el cristiano es una meditación: marca el fin de la prueba, el nacimiento a la vida inmortal, el encuentro con Cristo que le conduce a la Casa del Padre.

La intervención de Pedro, demuestra que la exhortación de Jesús sobre el significado de actuar y perseverar en vigilancia es en primer lugar referido a aquellos que son “la cabeza” de la comunidad, o mejor dicho para los que “están al servicio” de la comunidad. La resurrección a la vida depende del modo como ejercitaron ese servicio.

(DE SERVICIOS KOINONIA)
  

jueves, 29 de julio de 2010

Domingo 1o de Agosto del 2010: 18avo domingo del tiempo ordinario


El rico hacendado de la parábola de este domingo estaba tan ocupado y empeñado en ganar dinero y multiplicar su cosecha que jamás ha tenido tiempo de “enriquecerse a los ojos de Dios”.

Jesús no acusa ni juzga a este hombre por triunfar, o por destacarse en lo económico  ni por trabajar fuertemente para mejorar su condición de vida. Jesús le critica mas bien  su egoísmo (avaricia): yo,yo,yo…Yo voy hacer esto, yo hare aquello, yo voy a demoler mis graneros, yo voy a reconstruir…mi cosecha, mis     , mi trigo, mi persona!

Este hombre que cree tenerlo todo, se dice a sí mismo: "Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida”...Pero Dios le dice:   "Necio (IMBÉCIL) esta noche te van a exigir la vida. Lo que has  acumulado, ¿de quién será?”

En la vida no todo se puede tener. Hay que hacer opciones, se debe elegir…Y si no hay más que el dinero que nos interese, muchas otras cosas importantes arriesgan de perderse o hacer que nos mostremos negligentes ante ellas. No es una cuestión de bien o de mal, más una cuestión de prioridades.

No hay nada de malo en trabajar sin respiro (sin parar) pero yo no tendré más tiempo probablemente para consagrarme a la familia y a los amigos.

No hay nada de malo en mirar la televisión cinco o seis horas por día, pero habrá menos tiempo para leer, para hablar con los hijos y los amigos, para darle una pequeña mano de ayuda a la parroquia.

No hay nada de malo en jugar futbol (baloncesto, o golf) todos los días, pero probablemente no  habrá   tiempo para  venir en ayuda de mis vecinos enfermos.

No hay nada de malo en gastar miles de dólares en viajes cada ano, pero probablemente no tendré más dinero para compartir con aquellos que están necesitados.

No hay nada  de malo en reservar los fines de semana para el entretenimiento y el deporte, pero “el día del Señor” no tendrá quizás más  un lugar en mi vida.

Todos tenemos nuestra escala de valores en la vida, hay que saber elegir. Es sin duda la gran lección de la parábola de este día: en nuestro mundo donde tenemos tantas posibilidades y donde la publicidad nos ofrece todo tipo de experiencias, donde podemos encontrar una  gran cantidad de satisfacciones y placer y puntos de interés, donde se nos invita a no privarnos de nada, puede fácilmente decirse: “no hay nada de malo en gozar de la vida, en comprar con extravagancia, a viajar frecuentemente. 

No hay nado de malo…solo que también hemos de hacernos la pregunta: que otra cosa podría yo hacer!

En la oración del yo pecador on admite “haber pecado en palabra, en acción y en omisión!” Hay en nuestra vida omisiones irresponsables , omisiones peligrosas: Olvidarse de Dios, omitir de ver la necesidad de los otros, vivir en una mediocridad de consumación.

EL Señor podrá entonces reprocharnos por ser negligentes ante nuestras responsabilidades como cristianos: “yo tenía hambre y ustedes no me dieron de comer, yo tenía sed, yo estaba desnudo, yo estaba enfermo y en prisión y ustedes no vinieron a visitarme”.

Es la historia del propietario rico y del pobre Lázaro. EL rico no ha hecho nada malo pero el jamás vio al pobre Lázaro que moría de hambre delante de su puerta mientras que el festejaba todos los días.

Jesús nos ofrece una manera segura de no malgastar nuestra vida en vano: “llegar a ser rico a los ojos de Dios”. Abrir una cuenta en el banco de Dios, allí, donde los ladrones no pueden entrar, allí donde las cotizaciones de la bolsa son siempre estables! En este banco, uno no tiene necesidad de temer un crash económico.

Cristo nos invita a no actuar insensatamente como este hacendado imprudente que se identifica con su oro y su plata antes que llegar a ser un instrumento de comunión, de compartir y de ayuda solidaria.

“Imbécil, esta misma noche se te exigirá (pedirá) la vida. Es interesante ver como en griego la palabra “idiota” (necio, loco, imbécil) quiere decir “aquel que esta solo”.

Este texto de hoy puede posibilitar la ocasión para nosotros de reflexionar sobre nuestras prioridades que animan nuestra vida  de todos los días, una oportunidad de preguntarnos cuál es el uso que le damos a nuestro dinero, a nuestros talentos, a nuestro tiempo libre…

Cristo nos recuerda que en la vida, hay una escala de valores…todo no está sobre el mismo plan. Jesús no dice que el dinero sea malo, pero si nos recuerda que el dinero así como los talentos existen para ser compartidos. Abriendo nuestro corazón a las necesidades de los demás, es así como nosotros llegamos a ser ricos a los ojos de Dios”.

Nuestra sociedad occidental con su publicidad de 24 horas sobre 24, puede fácilmente llegar a ser una industria de sueños para « ricos insensatos ».

Cristo nos recuerda hoy que el futuro comporta al menos un elemento cierto: nuestra muerte . tarde o temprano se nos dirá también a nosotros: “Esta misma noche, se te pedirá la vida”.


 (Basada en la reflexion dominical de cursillos.ca, P. Michel-Yvon Allard)

viernes, 23 de julio de 2010

25 de julio del 2010: 17o domingo del tiempo ordinario C


Queridos amigos lectores de este blog, el próximo 31 de julio se celebra el día del gran San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas. Como homenaje explicito a esta congregación española que por mas de 5 siglos ha llevado la Buena Nueva por todo el mundo, me permito transcribir y compartir con ustedes las reflexiones u homilías de dos de sus sacerdotes sobre las lecturas y el evangelio de este 17o domingo ordinario.

Buena semana, y fructífera oración  (P. Gustavo)

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EL MENSAJE DEL DOMINGO
Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.

XVII Domingo Ordinario - Ciclo C
Julio 25 - 2010

Una vez, Jesús estaba orando en un lugar; cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor, enséñanos a orar, lo mismo que Juan enseñó a sus discípulos. Jesús les dijo: -Cuando oren, digan: “Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día el pan que necesitamos. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos han hecho mal. No nos expongas a la tentación.”
También les dijo Jesús: -Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo, y que a medianoche va a su casa y le dice: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle.” Sin duda el otro no le contestará desde adentro: “No me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo ya estamos acostados; no puedo levantarme a darte nada.” Les digo que, aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, lo hará por su impertinencia, y le dará todo lo que necesita. Así que yo les digo: Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre. ¿Acaso alguno de ustedes, que sea padre, sería capaz de darle a su hijo una culebra cuando le pide pescado, o de darle un alacrán cuando le pide un huevo? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (Lucas 11, 1-13).

1. Cuando oren, digan: “Padre…”

Varias veces los evangelios nos presentan a Jesús en oración, siendo ésta una de las características que más resaltan de aquél Maestro bueno que se mantenía en constante unión con el Dios cuya cercanía predicaba y al que llamaba Padre. Esta invocación aparece en algunos pasajes con la palabra Abbá, que, en el idioma arameo empleado por Jesús significaba exactamente lo mismo que nosotros expresamos con el término Papá.

Por eso, cuando los discípulos de Jesús le piden a su Maestro que les enseñe a orar como Juan el Bautista lo había hecho con los suyos, comienza diciéndoles cómo invocar a Dios Creador: como a un padre bondadoso y compasivo, reconociéndonos por tanto como sus hijos y, por ello mismo, como hermanos entre nosotros. Nadie antes se había dirigido así a Dios, y en eso consiste en gran parte la novedad del mensaje de Jesús.
  
En las dos versiones del “Padre nuestro” que aparecen en los evangelios, la oración se hace en plural: tanto en la de Mateo -que es la más extensa, la empleada por la liturgia y la que nosotros rezamos- y la de Lucas  -que corresponde al evangelio de este domingo-. Esto quiere decir que, cuando Jesús enseña a sus discípulos a orar, los exhorta a superar el individualismo egoísta y tener en cuenta a toda la humanidad. Por eso el “Padre nuestro” es una oración solidaria, en la que si decimos “danos cada día nuestro pan…”, o si pedimos perdón o imploramos ayuda para no caer en la tentación,  no lo estamos haciendo para uno o unos cuantos, sino para todos.

2. El Padre nuestro es oración de alabanza, ofrecimiento y petición

El “Padre nuestro” suele ser considerado como una oración de petición, y en verdad lo es. Sin embargo, lo primero que encontramos en ella es la alabanza, en segundo lugar el ofrecimiento, y por último vienen  las peticiones, una de las cuales es la del perdón. 

Primero está la alabanza, porque al decir santificado sea tu nombre, expresamos nuestra gratitud y nuestro deseo de que el Creador sea reconocido y glorificado en su ser por todas sus creaturas. Luego está el ofrecimiento, porque cuando decimos venga tu reino -o ven a reinar en nosotros-, le estamos ofreciendo nuestra disposición a que su poder, que es el poder del Amor, dirija nuestra vida personal y social para que así podamos ser todos felices, que es lo que Él quiere. La versión del Evangelio según san Lucas, correspondiente a este domingo, omite la frase “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, que sí aparece en el de san Mateo. Pero, en definitiva, esta frase ya está implícita  en la anterior (venga tu Reino), pues la realización del Reino es justamente el cumplimiento de lo que él quiere, que se haga presente cada vez más en nosotros el poder de su Amor.

Y después de la alabanza y el ofrecimiento, vienen las peticiones propiamente dichas. Jesús nos invita a pedir que no nos falte el alimento: danos cada día el pan que necesitamos; no se trata solamente del pan material, sino también del espiritual que recibimos con la Palabra de Dios y la comunión en la Eucaristía. Jesús nos invita a pedir perdón, manifestando nosotros nuestra disposición a perdonar: Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos han hecho mal. Y finalmente, Jesús nos invita a pedirle al Creador que no nos exponga a la tentación (aquí concluye la versión de Lucas, mientras que la de Mateo agrega “y líbranos del maligno”). Son tres peticiones que a su vez nos recuerdan las tres necesidades fundamentales de nuestra vida: el alimento diario, la reconciliación con nuestros prójimos como condición para estar en paz con Dios, y la fuerza protectora de su Espíritu para no dejarnos vencer por las tentaciones.   

3. Lo que ante todo debemos pedir en la oración

Un detalle muy importante en el Evangelio de hoy es la conclusión que saca Jesús de su parábola del amigo insistente, con la que concluye su enseñanza sobre la oración: “Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”. Con esta reflexión Jesús no sólo nos invita a pedir con constancia, sino además a pedir lo que de verdad y ante todo necesitamos. Muchas veces podemos experimentar la tentación de desanimarnos y desistir de la oración porque sentimos que Dios no atiende a nuestras peticiones. Pero lo que puede estar ocurriendo en estos casos es que el Señor no nos concede lo que no nos conviene para nuestra verdadera felicidad, que en definitiva es la felicidad eterna.

Por eso lo primero que debemos pedirle es justamente la disposición que necesitamos para recibir lo que sólo Él sabe que es más conveniente para nuestra vida y nuestra salvación eterna. Esta disposición sólo podemos tenerla si actúa en nosotros su Espíritu, el Espíritu Santo, y éste es precisamente el sentido de la frase venga tu Reino: que de tal modo dejemos que actúe en nosotros el poder de Dios, el poder del Amor, que estemos siempre dispuestos a cumplir su voluntad. ¡Y su voluntad, lo que Él quiere, es que seamos eternamente felices!-

gperez@javerianacali.edu.co

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PISTAS HOMILÍA DOMINICAL

Jorge Humberto Peláez, S.J.
TIEMPO ORDINARIO - DOMINGO XVII C

(25-Julio-2010)

ü  Lecturas:
o   Génesis 18, 20-32
o   Carta de san Pablo a los Colosenses 2, 12-14
o   Lucas 11, 1-13

ü  El tema central de la liturgia de este domingo es la oración. A través de Abrahán y de Jesús descubrimos diversas maneras de comunicarse con Dios:
o   La oración de Abrahán muestra una gran familiaridad con Yahvé; sus peticiones son hechas en forma de negociación, consecuente con  la cultura comercial de su raza; pretende salvar a Sodoma de la destrucción negociando con el número de justos que hay en ella: 50, 45, 40, 30, 20, 10.
o   Por su parte, Jesús responde a la petición de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. El Maestro ofrece una extraordinaria lección de espiritualidad.

ü  Pero antes de avanzar en  la lección que nos ofrece Jesús, debemos preguntarnos cuál es nuestra experiencia de oración:
o   En general, podemos decir que la inmensa mayoría de los creyentes le manifiesta a Dios sus preocupaciones y proyectos.
o   Pero tenemos que reconocer que se trata de una oración coyuntural, es decir, nos acordamos de Dios cuando nos sentimos amenazados. En nuestro imaginario religioso, Dios aparece como la solución a los problemas económicos, laborales, emocionales y de salud.
o   Además de ser interesados, somos terriblemente superficiales e incapaces de estar a solas con nosotros mismos; a este propósito, es interesante observar a la gente que se encuentra en una “sala de espera”: tiene la mirada fija en la pantalla de su computador portátil o está manipulando el teléfono celular. Esta incapacidad  para la interiorización hace muy difícil desarrollar el hábito de la oración.

ü  Después de estas breves observaciones introductorias, volvamos a la petición manifestada por los discípulos, a la cual responde Jesús enseñándoles la oración del Padrenuestro. Su estructura es muy simple: un saludo inicial, tres peticiones cuyo objeto es el mismo Dios y tres peticiones sobre nuestra situación concreta.

ü  Es muy interesante la forma como se plantea el saludo inicial, “Padre nuestro, que estás en el cielo”:
o   Los seres humanos queremos comunicarnos con Dios, pero no sabemos cómo hacerlo pues nos resulta lejano e inaccesible.
o   Esta preocupación es resuelta por Jesús con la primera palabra con la que inicia su clase sobre la oración; allí nos dice que debemos dirigirnos a Dios como Padre, con lo cual nos manifiesta qué tipo de relación existe entre el Creador y las criaturas.
o   Antes de Jesús, nadie se había atrevido a dirigirse a Dios con este  nombre tan íntimo. Al enseñarnos que debemos dirigirnos a Dios con esta invocación nos dice que la oración del creyente es un grito confiado del hijo, que se  manifiesta a un Dios que es padre amoroso.
o   La referencia “que estás en el cielo” afirma la absoluta trascendencia de Dios, que no se puede confundir con el orden creado.

ü  “Santificado sea tu nombre”:
o   Le pedimos que su santidad sea proclamada por nosotros con las palabras y, sobre todo, con el testimonio; que viendo las obras buenas que realizamos, los demás glorifiquen al Padre que está en los cielos.
o   Le decimos que deseamos que se manifieste como Dios y Padre para que podamos avanzar en el conocimiento del que es tres veces santo.

ü  “Venga tu reino”:
o   Esta petición del Padrenuestro nos conduce al núcleo de la predicación de Jesús; durante su vida apostólica anunció la buena nueva del señorío de Dios.
o   Con esta petición expresamos nuestro deseo de que el mensaje evangélico alcance a todos los seres humanos, y penetre todos los aspectos de la existencia.

ü  “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”:
o   El proyecto de vida de Jesús estuvo totalmente orientado al cumplimiento de la voluntad del Padre.
o   Con esta petición expresamos nuestro deseo de  que el proyecto de amor de Dios sobre nosotros se realice pronto.
o   Igualmente decimos que nuestros pequeños intereses particulares quedan subordinados a una realidad superior; no queremos obrar siguiendo el  dictamen de nuestro capricho, sino que queremos que su voluntad sea el hilo conductor de nuestra existencia.

ü  Después de estas tres peticiones que se refieren a Dios, vienen otras tres peticiones que tienen que ver con nuestra condición humana.

ü  “Danos hoy nuestro pan de cada día”:
o   Esta petición se refiere a las necesidades básicas para poder llevar una vida digna.
o   El uso del verbo en plural – “danos” – expresa que se trata de una oración solidaria, que no solo se preocupa por las necesidades del individuo, sino que mira al conjunto de la sociedad. Millones de hermanos están bajo los niveles de pobreza. Oramos por ellos.
ü  “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”:
o   Es el reconocimiento humilde de todas nuestras equivocaciones. El auténtico perdón que sana las heridas del corazón no puede provenir de nosotros mismos, sino que necesita la intervención de Dios que nos da las fuerzas para levantarnos.
o   Si queremos emprender, con renovado entusiasmo, el camino debemos desterrar los resentimientos y rencores; por eso decimos: “como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”
o   El perdón abre un nuevo capítulo en nuestras vidas y nos permite vivir, con un nuevo enfoque, las relaciones interpersonales.

ü  “No nos dejes caer en la tentación”. Esta última petición es un acto de realismo; somos frágiles y con frecuencia perdemos el rumbo. Le pedimos al Padre bueno que nuestra libertad no se equivoque en sus decisiones.

ü  Al terminar esta sencilla meditación sobre las seis peticiones del Padrenuestro, volvamos a la petición inicial de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar”. Necesitamos la oración para poder vivir de manera humana dentro de un mundo cruel e injusto; la oración es esencial para  obtener la paz interior; orando descubriremos el plan de Dios sobre nuestras vidas y la vocación a la que hemos sido llamados.

jpelaez@javerianacali.edu.coEs


viernes, 16 de julio de 2010

Domingo 18 de julio del 2010: 16o del tiempo Ordinario C



DIOS Y  LA MEDITACION DE SU PALABRA, FUENTE DE NUESTRA ACCION.

 Las lecturas de este decimosexto domingo ordinario nos hablan de hospitalidad, amistad, encuentro, compartir, pero también de oración, distensión y contemplación.

La primera lectura del capítulo 18 del Génesis nos presenta la historia de los tres Ángeles de paso que llegan a la hora más calurosa del día a la morada de Abraham.

Del Monte de Mambré pasamos al Oasis de amistad que era para Jesús la casa de Marta y María.

San Pablo en su carta a los Colosenses nos comparte su experiencia al hablar de “la gloria sin precio de tal misterio: Cristo está en medio de ustedes…”  Cuando se acepta la invitación de Cristo , en El descubrimos el misterio del otro y de los demás ( los otros).

El texto que hemos meditado la semana pasada (la parábola del Buen Samaritano) y este de hoy (La visita de Jesús a casa de Marta y María) son complementarios. Ellos presentan dos aspectos importantes de una misma realidad cristiana: la acción en favor de  los necesitados y la Escucha de la Palabra de Dios.

Lucas en su Evangelio pone inmediatamente después de la parábola del Buen samaritano, la Visita de Jesús a casa de Marta y María para destacar la importancia de “sentarse a los pies de Jesús para escuchar su palabra”.

Jesús aparentemente critica a Marta por el buen trabajo que ella hace  al preparar la comida. En realidad, ella recibe el Señor  del mismo modo como lo ha hecho Abraham en la primera lectura. Cristo no le reprocha eso de querer bien acoger sus invitados, sino más bien su excesiva preocupación, su stress, sus afanes, sus muchas ocupaciones…

La acción es el fruto de nuestro compromiso con los otros, pero el fundamento de esta acción es la escucha atenta de la Palabra de Dios.

La contemplación y la acción son las dos caras de una misma moneda.

La Palabra de Dios aclara, clarifica nuestras prioridades y cambia nuestra actitud hacia los otros y hacia Dios. Ella le da un sentido a los eventos (acontecimientos) de todos los días y comprende también las grandes alegrías asi como los sufrimientos, la enfermedad y la muerte misma.

En  nuestro mundo y sociedad de consumo, muchos no saben contemplar, adorar y orar…El curso desenfrenado de la vida, el acelere, el dinero, los viajes, nos hacen correr el riesgo de hacernos perder el espíritu de interiorización y de hacer de nosotros seres disminuidos y superficiales. Si lo espiritual se ahoga en nosotros, se crea entonces un vacío y un desequilibrio peligroso.

Para vivir en paz interior, sea en el reposo contemplativo  o sea en la acción necesaria, hace falta que todas nuestras acciones al servicio de Dios y de los demás tengan su raíz  (su origen, su fuente)  en el recogimiento y la oración.

Que las dos hermanas Marta y María que se complementaban la una a la otra en el amor por Jesús, vengan a nuestra ayuda para hacernos acoger siempre y con más fuerza al amigo siempre fiel Jesús.  Él nos enseñará  a no “hacer “ más acciones por El , pero sí que nos ayude a dejarlo actuar  a través de nuestra disponibilidad y simplicidad.

Amen.

2

NO TEMAMOS CONFRONTAR A DIOS...NO HUYAMOS A SU CONTACTO...

Lei otro comentario de un psicólogo canadiense, y el habla del 
MIEDO AL ROCE,
o del RIESGO QUE SE CORRE A DEJARSE DESCUBRIR,
O INCOMODARSE POR JESUS (o DIOS). Tenemos miedo de confrontarnos con El, como quizas lo sentia Marta que se escudaba y o excusaba con la disculpa del demasiado que hacer...

Argumenta el exegeta y terapeuta que el problema de Marta podía ser ese que experimentamos a veces los seres humanos. Preferimos ocuparnos o aparentar estar muy demasiado ocupados para evadir a Dios, su mensaje o el mensajero que viene a nosotros a compartir su palabra.

Hay un miedo a veces a enfrentar nuestro yo, asumir nuestra vida, dificultades y palabras, miedo a que el otro vea nuestra vulnerabilidad, nos vea "desnudos"...

Muchas personas dicen no tener tiempo para Dios, para orar, para leer la Biblia, para ir  a misa, porque argumentan estar muy cansados o tener demasiado trabajo, estudio o compromisos... Detrás o en el fondo del subconsciente puede haber mas bien el miedo al "contacto"  o roce espiritual...

Lo cierto es que hoy le huimos al silencio, al llegar a casa nos aterra el silencio, y entonces encendemos el compu, o la grabadora o el componente o el ipod...porque nos "aterra" , nos asusta la conciencia su voz, la voz de Dios, pensar , meditar demasiado en nosotros...

A mi me parece muy valida la reflexión, es usted de las personas que le huyen a la meditación, al cuestionamiento personal,  a confrontar a Dios, por el miedo de verse vulnerable, débil o quizás llamado a un cambio o transformación personal en su vida?  Jesús siempre incomoda...

La Palabra de Dios debe ser siempre la base , el motor de nuestras acciones, ella es la lampara para nuestros pasos en el camino de la vida, ella nos hace ver lo que es bueno y lo que nos conviene, lo que nos ser verdaderamente felices...

Oremos y trabajemos, dejemos a Dios  y su palabra inspirar nuestra vida de cada día ...