martes, 23 de agosto de 2011

28 de agosto del 2011 22o domingo del tiempo ordinario A



EVANGELIO
Mateo 16, 21-27

 Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, padecer mucho a manos de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.
 Entonces Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo:
- ¡Líbrete Dios, Señor! ¡No te pasará a ti eso!
 Jesús se volvió y dijo a Pedro:
 - ¡Vete! ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres un tropiezo para mí, porque tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres.
  Entonces dijo a los discípulos:
 - El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga.  Porque si uno quiere poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la pondrá al seguro.  Y luego, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero a precio de su vida? ¿Y qué podrá dar para recobrarla?  Además, el Hijo del hombre va a venir entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta.

Intro

Seguir a Jesús significa tomar (y o asumir) sus mismos riesgos. Una opción cuando  es fundamental conduce a tomar decisiones y gestos concretos. Y esto puede suscitar la incomprensión, el juzgamiento y…LA CRUZ,  la misma que Jesús enfrentó.


Todos, en algún momento de nuestra vida nos hemos encontrado una o varias veces con nosotros mismos y con esa voz profunda, superior, que está más allá de nosotros mismos…Y que llamamos, La conciencia, Dios, o esa inteligencia que busca entrar en contacto con nosotros…


Y en esa cita o esos encuentros quizás hemos puesto poco de nuestra parte: atención, silencio, reflexión, ORACION…


Muchas veces hemos oído hablar y hablamos de VOCACION, como ese momento clave de la vida cuando nos dimos cuenta que nuestra existencia estaba llamada a algo superior, a algo grande…cuando nos cercioramos que la VIDA es un misterio  y que no es solamente un suceso biológico o accidental…que nuestra vida tiene un sentido, y que ella no debe vivirse con facilidad, por vivirse, desprovista de todo sentido…


Y así los hombres y mujeres creyentes, que creemos tener la fe en potencia, en embrión (porque naturalmente ha de desarrollarse, evolucionar y madurar gradualmente) decimos que Dios nos llama, que estamos invitados a hacer de nuestra vida una aventura de entrega, de amor y de búsqueda de lo esencial todos los días…Y una búsqueda de realización afrontando las dificultades, los obstáculos, el misterioso mal y hacer frente a la violencia de quienes se oponen a los designios  bondadosos y bienaventurados de Dios.


Así yo describiría simplemente eso que llamamos VOCACION CRISTIANA…pues después nos encontraríamos con Jesús y su evangelio y nos sentimos identificados con su vida, su misión y su “aparente final “ que no es más que “el principio de todo”.


El gran problema de todo ser humano es permanecer voluntariamente sordo, ciego e insensible a los llamados y signos de Dios…


Su gran problema es guardarse la semilla o tirarla entre las rocas y las espinas, su gran tragedia es enterrar la moneda (el talento) y esperar con pasividad y negligencia la respuesta o reacción de Dios quien le ha dispensado de la semilla y la moneda.


“TOMAR LA CRUZ”…Cuántas malinterpretaciones ha tenido a lo largo de la historia esta expresión…seamos sinceros la hemos entendido como “ser masoquistas”, “sufrir por sufrir…porque  a Dios le agradan quienes sufren y los lleva al cielo”. “sufrir es necesario para que Dios perdone mis pecados de ahora (de mi juventud)”…El sufrimiento es entonces un borrador, un límpido que me libera de todas las manchas, de las putrefacciones de mi ser…Y no se trata de eso.


La liturgia de hoy centra la atención sobre las consecuencias dolorosas del ministerio profético y del seguimiento de Jesús (Tomar la cruz). Tanto Jeremías como Mateo llaman la atención sobre el conflicto que tienen que afrontar tanto el profeta como Jesús.


Nuestro evangelio toma la continuación de la declaración de Pedro a Jesús:  “Tu eres el Mesias,  el Hijo del Dios vivo”. El texto nos presenta la confrontación de dos mentalidades: Pedro rechaza el sufrimiento y el Señor afirma que no hay verdadero amor sin sacrificio. Y esto es verdad en todas las relaciones de amor y amistad, en la vida de las parejas, en el ejercicio de una profesión o en la realización de una misión.


En el evangelio nos encontramos con un bello esquema catequético «sobre el discipulado como seguimiento de Jesús hasta la cruz». Jesús pone de manifiesto a sus discípulos que el camino de la resurrección está estrechamente vinculado a la experiencia dolorosa de la cruz. El núcleo principal es el primer anuncio de la pasión. Pero aun los discípulos, simbolizados en la persona de Pedro, no han comprendido esta realidad. 

Ellos están convencidos del mesianismo glorioso de Jesús que se enmarca dentro de las expectativas mesiánicas del momento. Jesús rechaza enfáticamente esta propuesta, pues la voluntad del Padre no coincide con la expectativa de Pedro y los discípulos. Por eso Pedro aparece como instrumento de Satanás delante de Jesús para obstaculizar su misión.


El maestro invita al discípulo a continuar su camino detrás de él porque aún no ha alcanzado la madurez del discípulo. Luego Jesús se dirige a todos los discípulos para señalarles que el camino del seguimiento por parte del discípulo también comporta la cruz. No hay verdadero discipulado si no se asume el mismo camino del Maestro. El anuncio del evangelio trae consigo persecución y sufrimiento. Tomar la cruz significa participar en la muerte y resurrección de Jesús. La pérdida de la vida por la Causa de Jesús habilita al discípulo para alcanzarla en plenitud junto a Dios.


En el Bautismo hemos sido consagrados sacerdotes profetas y reyes. Por lo tanto la dimensión profética de nuestra fe es intrínseca a la consagración bautismal. Hoy no podemos prescindir del profetismo en el seguimiento de Jesús. Y sabemos que las consecuencias del profetismo, vinculado estrechamente a la misión evangelizadora, son la oposición, la persecución, el rechazo y el martirio. Muchos hombres y mujeres en distintas partes del mundo se han jugado la vida por la fe y la defensa de los valores evangélicos. Si se quiere seguir a Jesús en fidelidad tendremos que enfrentar muchas contradicciones, caminar a contravía de lo que propone el orden establecido, la cultura imperante y la globalización del mercado -que no es otra cosa que la globalización de la exclusión-.

Quisiéramos vivir un cristianismo cómodo, sin sobresaltos, sin conflictos. Pero Jesús es claro es su invitación: hay que tomar la cruz, hay que arriesgar la vida, hay que perder los privilegios y seguridades que nos ofrece la sociedad si queremos ser fieles al evangelio.

¿Cómo vivimos en la familia y en la comunidad cristiana la dimensión profética de nuestro bautismo? ¿Estamos dispuestos/as a correr los riesgos que implica el seguimiento de Jesús? ¿Conocemos personas que han vivido la experiencia del martirio por el evangelio? ¿Ya no es tiempo para mártires, o lo es para mártires de otra manera?



Comentario de Marcos Rodriguez

Piensa como Dios, no como hombre

CONTEXTO

 Hoy lo tenemos fácil, porque el texto que acabamos de leer es continuación del que hemos leído el domingo pasado. Seguimos en Cesarea de Filipo, fuera del territorio de Palestina. Lo que Mateo pone hoy en boca de Jesús, ni siquiera es aceptable para los seguidores.

  
El domingo pasado Jesús felicitaba a Pedro por expresar pensamientos divinos. Hoy le critica por pensar como los hombres. La diferencia es abismal; y sólo a unas líneas de distancia en el mismo evangelio.


 Como Pedro, los cristianos en todas las épocas, nos hemos escandalizado de la cruz, y si hubiera estado en nuestras manos, ni uno sólo hubiera elegido para Jesús el camino que él siguió.


 De nada sirve ya la imagen de profeta o de Mesías victorioso; menos aún la de Hijo de Dios. Se trata ahora del “servidor” que se entrega totalmente a los demás, y así hace presente a un Dios que es amor.


Las palabras puestas en boca de Pedro demuestran que ni él ni los demás, habían entendido lo que significaba Jesús. Como siempre, el mayor escollo para aceptar lo nuevo, fue su religión.


 Para entender a Jesús, hay que dejar de pensar como los hombres y empezar a pensar como Dios. Pensar como Dios, es dejar de ajustarse a este mundo; es transfor­marse por la renovación de la mente (Pablo).


 Para aceptar el mensaje de este evangelio, tenemos que cambiar radicalmente nuestra imagen de Dios. El hombre ha pretendido siempre poner a Dios al servicio de su ser biológico. Ese Dios no puede existir.

 EXPLICACIÓN

 Tres puntos importantes podemos descubrir en el relato de hoy:


1.- El anuncio de la pasión por parte de Jesús.

2.- La vehemente protesta de  Pedro y recriminación de Jesús.

3.- La invitación al seguimiento con todas las consecuencias.



1.- La muerte de Jesús fue para los primeros cristianos el punto más impactante de su vida. Seguramente el primer núcleo de todos los evangelios lo constituyó un relato de su pasión y muerte. No nos debe extrañar que, al redactar su vida se haga desde esa perspectiva. Hasta cuatro veces anuncia Jesús su muerte en el evangelio de Mateo.


 Como los evangelios están escritos mucho después de morir Jesús, nunca sabremos lo que de verdad anticipó Jesús sobre su muerte. Lo cierto es que no hacía falta ser profeta para darse cuenta de que la vida de Jesús corría serio peligro. Lo que decía y lo que hacía estaba en contra de la doctrina oficial, y los encargados de su custodia tenían el poder suficiente para eliminar a una persona tan peligrosa para sus intereses.


 Cualquiera con un mínimo sentido de la realidad podía descubrir que lo iban a matar. Hasta sus familiares quisieron impedir que eso sucediera, llevándoselo a casa, porque estaba claro que había elegido un camino de locos.


 No se trata de aceptar lo inevitable como un accidente inesperado e invencible, sino de manifestar que esa muerte encaja en los planes de un Mesías distinto al oficial.



2.- Pedro responde a Jesús con toda lógica. ¿Podía Pedro dejar de pensar como los hombres? Incluso el día que vinieron a prenderle, Pedro prefiere sacar la espada y atizar un buen golpe a Malco, para evitar que se llevaran al Maestro.


 Era inconcebible para un judío, que al Mesías lo mataran los máximos representante de Dios en la tierra. El texto quiere transmitirnos, que la idea falsa de Dios que manejan, hacía a Jesús inaceptable como su representante. La crítica de Jesús va dirigida a los de dentro, no a los de fuera.


 La respuesta de Jesús a Pedro, es casi la misma que dio al diablo en las tentaciones del desierto. Ni a los fariseos ni a los letrados, ni a los sacerdotes dirige Jesús palabras tan duras. Lo cual quiere indicar que la propuesta de Pedro era la gran tentación para todo ser humano, también para Jesús.


 La verdadera tentación no viene de fuera, sino de dentro. Lo difícil no es vencerla, sino descubrirla como tal, desenmascararla y tomar conciencia de que ella es la que puede arruinar nuestra propia Vida.


Jesús desenmascara a Pedro y deja muy claro que su idea de Dios es distinta a la oficial. Jesús no rechaza a Pedro como discípulo, pero quiere que descubra su verdadero mesianismo, que no coincide ni con el del judaísmo oficial ni con lo que esperaban los discípulos.


 3.- Negarse a sí mismo supone renunciar a toda ambición personal. El egoísmo, el individualismo quedan descartados de Jesús y del que quiera seguirlo.


 Cargar con la cruz es aceptar la oposición del mundo a los que no piensan como él. Esta oposición está asegurada, pero se manifestará en cada uno de distinta manera; por eso dice “su cruz”.


 Debe quedar claro que si no se está dispuesto a afrontar las dificultades que la fidelidad acarrea, hasta la misma muerte, no se está en la actitud de seguir a Jesús.


 El seguimiento, es muy importante en todos los evangelios. Se trata de abandonar cualquier otra manera de relacionarse con Dios y con los demás, y entrar en la dinámica espiritual que Jesús manifiesta en su vida. Es aceptar un Dios “nadapoderoso” que está dispuesto a darse totalmente y sin condiciones. Es identificarse con Jesús en su entrega total a los demás, sin buscar para sí nada que pueda oler a poder o gloria humana.


 Jesús no pretende ir contra las apetencias más profundas de todo ser humano, sino que intenta mostrarnos el camino que nos puede llevar más lejos en esas legítimas pretensiones.


 La propuesta de Jesús es la única manera de ser hombre. Todo ser humano debe aspirar a ser más; incluso ser como Dios. Pero debe encontrar el camino que le lleve a su verdadera plenitud.


 Los argumentos finales dejan claro que las exigencias que parecen tan duras, son las únicas sensatas. Lo que Jesús exige a sus seguidores, es que vayan por el camino del amor, es decir, por el camino del servicio a los demás aunque ese camino les acarree sufrimiento e incluso la muerte misma.


 Aquí está la esencia del mensaje cristiano. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir en cada momento lo mejor para mí. Si interpreto el mensaje evangélico como renuncia, es que no he entendido ni jota.

APLICACIÓN

 Aquí está la madre del cordero, porque la aplicación a la vida tiene que hacerla personalmente cada uno. El evangelio de hoy, está sin estrenar. Seguimos pensando como los hombres. A través de los siglos, en el mejor de los casos, nos hemos equivocado en la interpretación. (basta leer la vida de la mayoría de los “santos”).


 El mensaje de Jesús no pretende deshumanizarnos como se ha entendido a veces, sino llevarnos a la verdadera plenitud humana. No se trata de sacrificarse creyendo que eso es lo que quiere Dios. Dios quiere nuestra felicidad en todos los sentidos. Dios no puede “querer” ninguna clase de sufrimiento; Él es amor y sólo puede querer para nosotros lo mejor en todos los aspectos.


 Nuestra limitación es la causa de que, a veces, el conseguir lo mejor, exige elegir entre distintas posibilidades, y el reclamo del gozo inmediato inclina la balanza hacia los que es menos bueno e incluso malo. Mi falso yo, que es lo más inmediato a mi conciencia, está exigiendo que mi verdadero ser se someta a sus deseos. En la medida que lo consiga, estoy salvando mi vida pero pierdo la verdadera Vida.


 La mayoría de nuestras oraciones pretenden poner a Dios de nuestra parte en un afán de que salve la vida de aquí abajo, exigiéndole que supere con su poder nuestras limitaciones.


 Lo que Jesús nos propone es alcanzar la plenitud despegándonos de todo lo que no es esencial. Si descubrimos lo que nos hace más humanos, será fácil volcarnos hacia esa escala de valores.


 En la medida que disminuyo mi necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y más humano me sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, porque eso es lo que me hace crecer en mi verdadero ser.


 Una plenitud de vida biológica, sensitiva, instintiva no supone ninguna garantía de mayor humanidad. Todo lo contrario, si pongo mi parte superior al servicio de la inferior, arruinaré mi posible Vida humana y me quedaré en la simple biología, habré perdido la una y la otra.


 Ganar la Vida es ir más allá de las apariencias, es decir, dejar de pensar que lo biológico, lo sensitivo y emocional es lo importante. Sin dejar de dar la importancia que tiene a la parte sensible de tu ser, debes descubrir tu verdadero ser y empezarás a vivir en plenitud.


 La muerte afecta sólo a tu ser biológico, por eso la vida fisiológica se pierde siempre, antes o después. Si accedes a la verdadera Vida, la muerte pierde su importancia. La plenitud se encuentra más allá de lo caduco. ¡Ojo! No más allá en el tiempo, sino más allá en profundidad, pero aquí y ahora.


 Para ser cristiano, hay que transformarse. Hay que nacer de nuevo. Lo natural, lo cómodo, lo que me pide el cuerpo es acomodarme a este mundo. Pero lo que Dios espera de mí es que  vaya más allá de todo lo sensible y descubra lo que de verdad es mejor para la persona entera, no para una parte de ella.


 Los instintos no son malos; que los sentidos quieran conseguir su objeto, no es malo. Sin embargo la plenitud del ser humano está más allá de los sentidos y de los instintos. La vida biológica no se nos da para que la guardemos y preservemos, sino para que la consumamos en beneficio de los demás.



 Meditación-contemplación

“Transformaos por la renovación de la mente”.
Nacer de nuevo, nacer del Espíritu,
son expresiones con el mismo mensaje.
En lo biológico estamos siempre; es el punto de partida.
Lo espiritual hay que descubrirlo y vivirlo.
………………..
 Si no entro en la dinámica del Espíritu,
permaneceré en el ámbito de lo sensible.
Puedo disfrutar de placeres inmediatos sin cuento,
pero quedará truncada mi más elevada posibilidad de ser.
…………………
 El hedonismo es la gran tentación y el gran engaño.
Todo lo que nos rodea en nuestra sociedad,
está encaminado a convencerme de las excelencias del placer sensible.
Si rechazas la oferta, quedas estigmatizado para el mundo,
y se revolverá contra ti como una fiera herida.
…………………….
 No tengas miedo;
El mundo sólo puede matar el cuerpo.
………….
 Marcos Rodríguez


Referencias bibliográficas:

Pequeño misal “Prions en Église”, Canada.

viernes, 19 de agosto de 2011

En los 81 años del nacimiento del autor de LAS CENIZAS DE ANGELA


“Cultivad vuestra mente, es vuestro tesoro y nadie puede entrometerse en ella. Si la llenáis de basura se pudrirá en la cabeza. Podéis ser pobres, llevar los zapatos rotos, pero vuestra mente…vuestra mente es un palacio”. 

(palabras en clase  del profesor del curso de McCourt, en la película basada en el libro LAS CENIZAS DE ANGELA).



Mi encuentro con McCourt y su obra

Por allá en 1997 , justo después de haber recibido el Premio Pulitzer Había oído hablar de él y su célebre libro que después sería llevado a la pantalla grande.

Frank McCourt cuyo nombre me ha sido siempre difícil memorizar, nació  UN DÍA COMO HOY EL 19 de agosto  pero de 1930 en Estados Unidos pero se crio en Irlanda país de sus raíces y orígenes de familia.

Las Cenizas de Ángela es un relato trágico-cómico de su infancia y  parte de su juventud vividas en la antigua república irlandesa, católica y compleja de los años  30s y 40s.

Año 2003. Fue estando como misionero en África y gracias a un compañero que me adentré en el mundo de McCour, como me ha sucedido con las buenas novelas, una vez empezada, no pude abandonarla, despertando en mi un vivo interés por el relato autobiográfico junto a Gabo con “Su vivir para contarla”, devorados casi que simultáneamente en horas de soledad y calma y cuando el libro se presentaba como una alternativa de compañía.

Para mí ha sido de los libros más conmovedores y que  a la vez me ha enseñado mucho y entretenido, al tornar sus páginas se encuentra uno con pasajes que muestran el amor sin condiciones por la figura maternal,  la complicidad padre-hijo, la comprensión de la realidad y la vida contada y vista por los ojos de un niño,   se aprenden valores como la compasión, la amistad y se da cuenta uno que la rebelión y la protesta  frente a la miseria y la intolerancia (política y o religiosa) no tienen fecha ni lugar.

McCourt logra un relato entrañable que nos hace llorar y reír a la vez, su lenguaje es sencillo y profundo, refleja la humanidad, pero también la miseria y dignidad que conviven en el ser humano.

La obra de McCourt tiene como trasfondo una crítica mordaz, sin tapujos, irreverente  de la Iglesia la religión católica tradicional irlandesa. Al principio del libro el autor lo advierte: “Cuando rememoro mi niñez me pregunto cómo sobreviví. Fue, claro, una infancia miserable: la infancia feliz difícilmente vale la pena para nadie. Peor que la infancia miserable común es la infancia miserable irlandesa, y peor aún es la infancia miserable católica irlandesa”.

El 19 de julio del 2009 murió después de haber sucumbido a un cáncer, irónicamente me di cuenta de su muerte casi un año  después…

Como tarea me he propuesto en estos días releer sus dos primeros libros: Las cenizas de Ángela y Lo es, y leer por primera vez Profesor su penúltima obra, donde narra sus experiencias de docente en USA…dicen que sus libros, especialmente este último deberían leerlo todos los maestros y  pedagogos, y aprender así de la experiencia de un hombre que con seguridad tiene mucho que enseñarnos…

Alrededor del autor y su opera prima

Frank McCourt  nacio en  Brooklyn , New York, hijo de Malachy McCourt   (1901-1985) que pertenecía  a la iglesia presbiteriana de Irlanda del Norte y de Angela Sheehan (1908-1981) que había sido criada en la iglesia católica irlandesa.

McCourt vivio en New York con sus padres y sus 4 hermanos y hermanas más jóvenes: Malachie que nació en 1931, los gemelos Oliver y Eugene, nacidos en 1932 y una hermana menor, Marguerite, que murió unas semanas después de su nacimiento, en 1935. Después de esta primera tragedia su familia decide volver a Irlanda, donde mueren los hermanos gemelos un ano después de su llegada y donde  nacen los más  pequeño de sus hermanos Michael  (1936) y Alphie (1940).

La vida en Irlanda, y especialmente en Limerick, no era fácil en aquella época (años 30 y 40), y el libro la recoge con crudeza. La familia McCourt vive en una casucha minúscula en una callejuela sucia, con una sola bombilla y conviviendo con las pulgas y los chinches, y comparten una única letrina con sus demás vecinos. El padre, vago y alcohólico, apenas logra mantener ningún trabajo, y cuando lo hace es sólo para poder comprar más bebida. Así, la familia se ve obligada a vivir de la caridad, subsistiendo principalmente a base de té y pan.

El padre de Frank consigue finalmente un empleo durante la Segunda Guerra Mundial, en una planta de defensa en Coventry (Inglaterra), pero pronto deja de enviar dinero a su familia, que depende únicamente de lo que logra obtener la madre de Frank, sin trabajo y con escasa ayuda de sus familiares, que no aprueban su matrimonio con un norirlandés. Los hermanos mayores, Frank y Malachy, comienzan a ayudar en lo que pueden, recogiendo trozos de carbón o madera de las calles, hasta que el joven Frank cae enfermo, con tifus y conjuntivitis. Poco después, la familia se ve obligada a abandonar su casa e irse a vivir con un familiar lejano que no siente ninguna simpatía por ellos. Frank consigue poco después sus primeros trabajos como repartidor de telegramas, y comienza a soñar con la posibilidad de volver algún día al lugar donde nació, los Estados Unidos. De hecho, el libro termina cuando Frank consigue ver cumplido este sueño, embarcándose para América a la edad de 19 años.


Frank McCourt es un personaje atípico. Empieza a escribir ya jubilado. No asciende escalón por escalón la larga senda de la fama sino que su primer libro lo catapulta como a ninguno. Infancia y adolescencia miserable, en un ambiente que nada pronostica para su futuro. Y efectivamente, hasta la aparición de Las cenizas de Angela  en 1996, a sus 66 años, era un oscuro maestro en Nueva York, para ser inmediatamente después uno de los 35 personajes más famosos del año según Vanity Fair, figurar 70 semanas seguidas en la lista de los best sellers del New York Times, estar traducido a más de 20 idiomas y figurar en más de 50 entradas en Internet. ¿Vocación tardía o escritor inédito?

Pero también es típico de un sector contemporáneo de la población. Marginado en una región marginada, desarraigado, sobrevive contra toda esperanza.

Las Cenizas de Angela tiene magia que atrapa. A años luz del realismo mágico del llamado boom latinoamericano de las últimas décadas, McCourt se inscribe en un realismo cruel y descarnado más bien emparentado con Dickens. Sin artilugios de tiempo ni espacio, narra linealmente los sucesos de su infancia y adolescencia como los rescata de la memoria sesenta años después. Pareciera que con ellos se libera de viejos fantasmas. Función catártica de la literatura.

La narración es descarnada y cruel como lo fue su infancia. La Nueva York de la gran depresión no tiene campo para inmigrantes, aun cuando tampoco lo tiene para nadie la Irlanda de los alrededores de la 2ª Guerra Mundial. El tiempo de la novela coincide con el tiempo del autor narrador. Novela autobiográfica. Completa el suceso exterior con la percepción desde la perspectiva del niño y adolescente que fue sobre el mundo que le ha tocado en mala suerte. A la edad en que escribe, mira su infancia con un dejo de humorismo cínico cercano al sarcasmo y la narración va tomando los tonos propios del habla de cada edad.

¿Y cuál es ese mundo? La Irlanda secularmente sometida al inglés, empobrecida por las depresiones no superadas de la entreguerra europea, la fuerte tradición católica en que se cría, enfrentada a la visión protestante dominante. El catolicismo lo encierra en el círculo infernal de la culpa por el pecado. Su contraparte es el mal encarnado. Y la guerra. La guerra que conduce a la paradoja en que se encuentran los irlandeses de apoyar con mano de obra barata al protestante inglés, del cual apenas acaban de liberarse formalmente, en su enfrentamiento con el alemán. El peor sometimiento, sin embargo, ha quedado: el de la cultura religiosa opresiva del espíritu (“...condenación. Es la palabra favorita de todos los sacerdotes en Limarick “), el de la desigualdad y la pobreza, el de ser periféricos frente al vecino imperio decadente.

Podemos concluir, como el autor, con la única palabra del XIX capítulo de su novela: ¡AJA!. Sí, ¡ajá!, aquí hay un gran novelista del interior del hombre. De un hombre que nos hace resonar fibras internas a muchos hombres. Del interior oprimido y desarraigado del hombre de siempre. ¡Ajá!, aquí nos identificamos con ese pequeño Frankie de dos, tres años con hambre permanente cuando nos acordamos que en nuestro desayuno solo había un pequeño pan con agua de panela. ¡Ajá!, acá nos acercamos a su escolaridad, a su sometimiento a la dura escuela de tradición inglesa donde el castigo es norma y la letra, aún ahora, con sangre entra. ¡Ajá!, aquí lo vemos recibir los continuos portazos en las narices cuando pretende acceder al mundo religioso vedado para el marginal, ya sea del colegio de élite, de la sacristía implacable en la cual creía ilusamente su madre que podía llegar a ser monaguillo, del monasterio o de la casa de jesuitas cuando se acerca a ellas intentando limpiar su culpa interna exacerbada por las primeras cervezas la última noche de sus quince años.

¡Ajá!, ahora no le queda más remedio que estar destinado a la condenación eterna por haberse masturbado en lo alto de la colina, frente al pueblo y ante el mar y por el iniciático y desritualizado acto sexual con la tierna y tísica Teresa Carmody, que muere de eso, de tísica y deja en el adolescente apenas despertando a la vida, el penoso sentimiento de haberla arrojado al infierno sin posibilidad de redención.

¡Ajá!, y sólo entonces le queda el sueño americano. Para su Nueva York natal regresa después de ahorrar durante cuatro años, en un intento por recuperar el único asomo de felicidad en esos 19 años: el recuerdo de un país luminoso donde hay comida y las películas son el alimento de sus sueños. Y a los 19 años, este país deslumbrante no lo frustra y lo recibe con fanfarrias de placer en casa de mujeres solitarias y marchitas que tratan de compensar su fracaso amoroso en farras de fin de semana mientras sus esposos cazan venados.

¡Ajá!, y acá nos deja, mirando desde cubierta junto a sus sueños, río Hudson arriba, el titilar de las luces de América, con la nostalgia de que, a pesar de lo que dice, la infancia miserable y la adolescencia solitaria y culposa, son iguales en todas partes.


Continuaciones y adaptaciones

Frank McCourt escribió una continuación a Las cenizas de Ángela: Lo es ('Tis) (1999). Luego publicó su tercer obra El profesor (Teacher Man), en la que cuenta sus vivencias como docente (2005) y, por último, Angela and the Baby Jesus con una dulce historia de la niñez de su madre (2007).

Además, Las cenizas de Ángela fue adaptada al cine en 1999, en una película con el mismo título, dirigida por Alan Parker y protagonizada por Emily Watson y Robert Carlyle.

ver la pelicula aca:


Premios

Las cenizas de Ángela recibió tras su publicación el Premio Pulitzer de 1997, mismo año en el que recibió el premio Boeke. Obtuvo también el National Book Critics Circle Award de 2006

Título

Muchos no se explican la razón por la cual el autor dio este nombre a su obra, dado a que Ángela no es el foco principal de la misma. En varias entrevistas McCourt confesó que la obra completa fue pensada para ser publicada en un solo libro, que terminaba con la muerte de su madre; sin embargo, decidió fragmentar su relato en dos obras independientes, bautizando la segunda como Lo es ('Tis), ya que ésta es la frase (o palabra) con la que el autor concluye Las cenizas de Ángela.

Otros atribuyen su nombre a las cenizas que derramaban los innumerables cigarrillos que Ángela fumaba sumida en la preocupación. Otros, en cambio, consideran que se debe a los restos dejados por la chimenea que se encendía en invierno. Una teoría más profunda, dicta que Las cenizas de Ángela recibió su nombre por los tres hijos que ésta mujer perdió.

En conclusion:


Hay una cosa en la que McCourt nunca me defrauda: cuenta su vida con crudeza, realidad, ironía, sátira y verdadera pasión. Es desde luego la historia de un superviviente. Y no ahorra detalles, por sórdidos o desagradables que sean, para contar su experiencia vital. 4 libros que se deben leer consecutivos y una película que merecen la pena y que te hacen coger cariño a FRANK McCOURT. Recomendable 100%.      


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:




martes, 16 de agosto de 2011

21 de agosto del 2011: 21º domingo del tiempo ordinario A



A guisa de introducción:

En nuestros días, las maneras de comunicarnos se han diversificado: teléfono, blogs, sms (mensajes de texto), correos y sitios de internet, no son que algunos ejemplos.

Las oportunidades de tomar la palabra, de compartir nuestra opinión y lo que nos hace vivir o anima, no habían sido nunca tan numerosas.

Por lo tanto, no es simple o fácil tomar la palabra cuando uno se pone a reflexionar sobre las repercusiones de este acto, es decir, cuando uno es consciente de la gravedad que va a decir, expresarse no es nada sencillo.

Cuando se presenta la necesidad de afirmar una verdad, esto llega a ser una tarea muy delicada. Y sobre todo cuando nuestro interlocutor es una persona con la que tenemos una relación afectivamente estrecha…A veces caminamos como sobre huevos, como loro en tunal…midiendo nuestras palabras para que el mensaje sea bien acogido o al menos bien comprendido.

Un ejemplo para nosotros sacerdotes: nuestra tarea de predicadores es bastante exigente: esta implica conocer bien nuestros interlocutores, su nivel de comprensión, sus preocupaciones, sus esperanzas, sus utopías. Como decía el recordado Padre Calixto “no regañemos a los pocos que vienen  a la misa”. Hoy más que nunca sabemos que los discursos moralistas, condenadores, las homilías que solo ven la paja en el ojo ajeno están ya para recoger y mejorar. Y cuando se trata de denuncia o profecía (porque es necesario y en caso de que eso se quisiera), entonces hay que hablar con voz más fuerte, sin lugar a dudas…Por ello, es esencial conocer  los contextos, el público al que nos dirigimos… y sabemos que a la Iglesia difícilmente vienen quienes necesitan escuchar aquellos sermones…

En el evangelio de hoy, Pedro toma la palabra para afirmar lo que era evidente hasta ese momento y que parecía escondido a los ojos de todos.

Declarar que Jesús es “el Mesías, el Hijo del Dios viviente”, podría cambiar la imagen de Jesús entre los discípulos, chocarles y finalmente dividirlos.

Pero enseguida, Jesús confirma la afirmación del jefe de los doce, descubriéndoles el origen de esta revelación: El Padre que está en los cielos.

Tomar la Palabra se constituye a veces en un acto de valentía, en particular cuando se trata de nuestras convicciones profundas que todo el mundo no podrá aceptar ni tampoco comprender.

Al ejemplo de Pedro, seamos de aquellos que osan tomar la palabra para compartir su fe y proponer la presencia de Dios en un mundo que parece más sugerir su ausencia.



Aproximación psicológica:

Pour Jean-Luc Hétu (en Les options de Jésus)

De la selva densa a la roca solida

En el espacio de 3 versículos se nos exponen 3 expresiones de gran complejidad a saber: EL HIJO DEL HOMBRE, CRISTO y EL HIJO DE DIOS. Estas expresiones llamadas títulos mesiánicos, corresponden a maneras bien precisas con las cuales los primeros cristianos comprendieron y expresaron su fe en Jesús.

Los exegetas continúan discutiendo entre ellos la cuestión de saber si Jesús se aplicó esto títulos a sí mismo, y la respuesta aun no es bien clara.

Una cosa cierta es que estos títulos estaban estrechamente ligados al contexto religioso judío, y desaparecieron cuando la fe fue trasladada al mundo grecorromano. Así, nosotros los conocemos hoy más bajo la forma de nombres propios: El Mesías, Jesucristo.

En verdad, no hay nada que lamentar en esta evolución, ya que estos títulos logran bastante mal expresar la identidad de Jesús, a dar una buena concepción o toma de significado  sobre su misterio.

Jesús se opone en alguna parte  a “dar signos” de su autoridad (Mt 12,38-39), dejando a sus oyentes la tarea de evaluar por ellos mismos el conjunto de su acción (su práctica).  Se podría hablar de igual manera de su rechazo a dar definiciones teológicas de su identidad, rechazo que llevaría a sus contemporáneos a descubrir por ellos mismos quien era Él.

Esto no significa de ninguna manera que todo nos resbale entre los dedos, y que Jesús  quede  para siempre como  una figura fugitiva e inalcanzable. Pero la crítica textual y el análisis teológico de los títulos mesiánicos es representada como una selva densa en la cual se perderían de modo seguro los mas pequeños (Mt 11,25). Ahora, Jesús declara que justamente son estos últimos quienes tienen acceso a su misterio.

Es menester entonces decir que tenemos acceso directo a lo que importa saber sobre Jesús, y esto tiene dentro algunas convicciones de fondo, que toda persona sincera puede  tener después de una lectura atenta del evangelio.

Ante todo, Jesús se muestra convencido de que Dios se ha acercado a todo ser humano, y que Él está presente como un Padre en su vida de cada día.

Enseguida, Él está plenamente convencido de estar en una causa común con Dios, y él deja entender que la actitud que se asuma de cara él  (Jesús) es la misma actitud que se asume ante Dios mismo. Finalmente, él está convencido que los pobres y los oprimidos son los primeros en recibir la ternura de Dios, que la fiesta que viene será ante todo su fiesta, y que es con ellos que es necesario construir nuestras primeras solidaridades.

He aquí algunas de las convicciones de Jesús. Es reflexionando sobre ellas y acerca de la manera como Jesús vivió toda su vida en conformidad con ellas, que nosotros podremos comprometernos en una búsqueda espiritual auténtica.

Construir (formar) sobre la roca un grupo comprometido

Jesús un día decide dejar su trabajo de carpintero ordinario para llegar a ser constructor de hombres, y el agrupa pescadores ordinarios con el objetivo de hacerlos pescadores de hombres. Acá rencontramos el mismo paralelo entre la actividad de Jesús y la de sus discípulos: Jesús construirá su comunidad, su gran asamblea, y sus discípulos, representados por Pedro, se comprometerán ellos mismos en la realización de este proyecto.

Notemos acá que Jesús entiende quedar como el actor principal. Puesto que Él no dice a los discípulos: construyan ustedes una iglesia. Si Él les dona poderes, es únicamente para que sus discípulos realicen su proyecto (suyo), con la misma apertura y la misma libertad de cara a  las instituciones y al poder.

Este famoso poder de las llaves confiado a los apóstoles no debe ser comprendido como el poder que es a veces arbitrariamente ejercido sobre las conciencias por ciertos eclesiásticos “puntillosos”.

Un comentador de las escrituras remarca sobre esto, que en la lengua semítica (lengua original de la biblia) “se emplea grupos de dos palabras opuestas para indicar la totalidad”. De tal modo que el acento no se pone sobre el ejercicio del juicio, mas sobre la capacidad (y la misión!) de desatar los seres humanos, de liberarlos de todas sus ataduras (obstáculos, lo que les estorba y no les deja ser libres).

De otro lado,  esta manera de comprender el versículo 19,  va en la línea de la comprensión  que Jesús tenia de su propia misión. “El hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”, y no perder (atar) lo que estaba salvado o lo que no estaba perdido (cf. Luc 19,10).

Al construir su comunidad sobre la piedra (o roca) (ver el juego de palabras del versículo 18), Jesús evoca su parábola de la casa construida sobre la roca (Mt 7,24-27). Se trataba en aquella parábola de fundar su experiencia espiritual sobre la piedra, es decir, sobre la puesta en práctica de  la Palabra de Dios. La solidez que es prometida a la comunidad eclesial reenvía entonces a la exigencia de una práctica seria y fiel del evangelio.

Vemos aquí entonces el encadenamiento de textos reveladores en este sentido: “las puertas del infierno no prevalecerán contra mi iglesia”: el mal no tendrá la última palabra con los miembros de mi grupo: el infierno no podrá retener prisioneros los miembros de mi iglesia: “mis ovejas no perecerán nunca y nadie podrá arrancarlas de mi mano” (Jn 10,28); pero, cómo se llega a ser oveja, como se llega a ser discípulo?  “no es diciendo Señor, Señor (…) sino haciendo la voluntad de mi Padre” (Mt 7,21).

Así pues,  pertenencia a la Iglesia, solidez de la Iglesia y práctica eficaz de la Palabra  liberadora de Dios, son 3 realidades que aparecen íntimamente unidas entre ellas. Más que una prueba de la solidez de la institución, este pasaje contiene entonces en filigrana este compromiso en la acción que es típica de toda palabra de Jesús.



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OTRA REFLEXION  (2)
P. Yvon-Jacques Allard, s.d.v  ( en http://cursillos.ca)

Después de la muerte de Juan el bautista, Jesús ha dejado la tierra de Galilea.  Ahora elude  las multitudes y se consagra por entero a sus apóstoles a quienes va revelarles el misterio de su pasión. El Mesías sufriente, humillado llega a ser el punto central de su predicación.

Jesús sabe lo que se piensa de él. Pero con todo, el lanza la pregunta: “De acuerdo a lo que se dice, se rumora qué dice la gente quién es el hijo del hombre? “  Las respuestas son variadas: Juan Bautista resucitado, Elías de quien se esperaba su retorno, Jeremías, uno de los grandes profetas…Y los doce no se atreven a recordarle lo que dicen los jefes religiosos a propósito de él: un hereje, un poseído, un seductor de masas, un glotón, un borracho.

Y entonces es cuando enseguida Cristo les hace la pregunta muy personal: ¿“pero, y ustedes quien dicen que soy yo?”

Y es Pedro quien responde en nombre de los 12: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”.  Es evidente que esta respuesta no ha sido suficientemente comprendida por Pedro y por los apóstoles que después de la Resurrección, mismo si el evangelista la utiliza aquí, antes de la entrada a Jerusalén. En el cuarto evangelio (San Juan)  se menciona otra profesión de fe de Pedro. Cuando los discípulos en gran cantidad,  abandonan el Señor, y éste demanda a sus apóstoles: “ustedes también quieren irse (abandonarme?)” Y Pedro responde:  ¿“A quien iremos Señor?, solo tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,67).

Pedro es quien a menudo habla en nombre de los otros. Es un impulsivo y comete a menudo errores (“mete la pata”, “se equivoca”). Pero a pesar de todas sus lagunas ama a Cristo y es escogido para ser el fundamento de la Iglesia. Es necesario recordar acá que Jesús es el constructor de la Iglesia, y no Pedro: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra, yo construiré mi Iglesia”. Jesús promete al jefe de los apóstoles un carisma especial: “Yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca. Tú, entonces, cuando vuelvas, asegura la fe, la confianza de tus hermanos” (Luc 22,32).

La autoridad conferida a Pedro no es una autoridad de poder sino una autoridad de servicio. Es para expresar este tipo de autoridad que Jesús insiste en lavarle los pies la tarde del jueves santo, y esto a pesar de las reticencias del pescador galileo. Pedro y los apóstoles reciben las llaves del Reino para que ellos abran las puertas a todos.

Recordemos que Cristo había acusado los escribas y a los fariseos de cerrar la entrada del Reino de Dios: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cierran el Reino de los cielos delante de los hombres; que ni ustedes entran, ni a los que están entrando dejan entrar” (Mt 23,13).

Jesús no quiere que hagamos lo mismo que los escribas y fariseos en su Iglesia.

El rol (papel) de Pedro es el de ser también un símbolo de unidad en la Iglesia. Miremos lo que sucedió en el Primer Concilio de Jerusalén, cuando cuatro o cinco grupos experimentan ideas diferentes sobre la adhesión de los no judíos al cristianismo.

Es Pedro quien supo religar Pablo el liberal, Santiago el conservador, los griegos de la izquierda, y los fariseos cristianos de la derecha. Todos se pusieron de acuerdo alrededor de Pedro que ha explicado lo que le había sucedido en casa del centurión romano: “Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro”  (Hechos 11,9).

Pedro, es entonces, Aquel , alrededor de cual los cristianos forman unidad.  A través de los siglos, no ha sido siempre  el caso  con los sucesores de Pedro, pero hoy los gestos de unidad y de reconciliación se multiplican: Pablo VI y Juan Pablo II con los ortodoxos, los protestantes y los líderes de otras religiones, Benedicto XVI en la sinagoga de Colonia. El papel principal del Papa es promover la unidad: primero, al interior de la Iglesia (entre los partidarios de la derecha y los partidarios de la izquierda), enseguida, con aquellos que se han alejado de Roma (los protestantes y los ortodoxos), y con los miembros de otras religiones.

La unidad es importante, puesto que juntos participamos en la vida del Reino. El Concilio vaticano II definió la Iglesia como “el pueblo de Dios”. Es imposible ser cristiano y de tener la fe, vivenciarla solo. La no-práctica religiosa, el alejamiento de la comunidad cristiana provocan continuamente la atrofia y la desaparición de la fe. Cuando algunos  dicen , que ellos son cristianos practicantes , quieren decir por lo regular que ellos van a la misa el domingo. Pero ser “cristiano practicante”, es mucho más que asistir a la liturgia dominical, es practicar también la justicia, la fraternidad, la hospitalidad, el respeto de los otros, actuar con justicia en los asuntos y negocios, perdonar las ofensas, amar sus enemigos, ser promotores de paz, rechazar la violencia, ser tolerante…

Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) un gran teólogo  y  pastor polaco –alemán muy conocido, llevado a la horca por los nazis debido a sus ideas religiosas y por su defensa de los judíos, preguntaba un día  a sus feligreses parroquianos  de Berlín: “Si hoy se les acusara a ustedes de ser cristianos, es que se encontrarían suficientes pruebas para condenarles?”. Bonhoeffer sabía la importancia de la fidelidad a las exigencias del evangelio.

El abad Pierre, el apóstol de los pobres, afirmaba: “Cuando lleguemos al final de nuestra vida, no se nos preguntara si hemos sido creyentes, sino más bien si hemos sido creíbles”, es decir, si nuestras acciones corresponden a nuestra profesión de fe! “No son aquellos que dicen: Señor, Señor, que entraran en el Reino de los Cielos, sino más bien aquellos que hacen la voluntad de mi Padre”.

El cristianismo es una gran esperanza, pero ella tienes sus exigencias evangélicas.  Debemos constantemente verificar nuestra práctica religiosa y nuestra adhesión a Cristo a la luz del evangelio. La respuesta a la pregunta de Cristo: Para ustedes, quien soy yo? determinará el tipo o clase de cristiano que nosotros somos.


FUENTES BIBLIOGRAFICAS :

Petit livret de Prions en église, misal dominical version quebequense.
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Reflexion chretienne, P. Yvon-Jacques Allard, s.d.v (http://cursillos.ca.


HÉTU, Jean-Luc. Les options de Jésus.
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