domingo, 20 de julio de 2008

LA DIGNIDAD DE INGRID

continuando un poco con el tema de Ingrid, me permito transcribir dos artículos referentes a ella y su experiencia durante el cautiverio de más de 6 años. En primer lugar va un artículo que encontré en la red de un español, dentro de un blog llamado "El alegre cansancio"
su nombre es Pedro Miguel Lamet.
Después les comparto un artículo que salió en el diario LA PATRIA de Manizales: "Ingrid, Dios y la Virgen", cuyo autor es el periodista CARLOS ARBOLEDA, a quien aun no he tenido el gusto de conocer, pero espero hacerlo pronto.


LA DIGNIDA DE INGRID

Por Pedro Lamet
Ha impresionado mucho la dignidad, sanidad mental, fortaleza interior y alegría de Ingrid Betancourt al ser liberada y el encuentro con sus hijos. Es una de esas noticias que te animan a creer en el ser humano. Que confirman que la fe ha sido el secreto de esta mujer. En su muñeca llevaba todo el tiempo un rosario. Y lo primero que hizo fue dar gracias a Dios y calificar la operación de milagro.

Cuando apareció el helicóptero tenían miedo, creían que era otra jugarreta de las FARC. Muchos secuestrados no quisieron ponerse las esposas. Betancourt asegura que rezó con todas sus ganas mientras le apretaban las esposas tan fuerte que pidió que se las aflojaran. Pero ese dolor no era nada en comparación con el que llevaba por dentro. Cuenta Betancourt que, después de unos años, la guerrilla decidió darle un diccionario que había solicitado insistentemente. Desde entones nunca se separa de él, aunque, como ella misma reconoce, “pesa una tonelada”.

Un guerrillero le obligó a dejar su bolsa con el diccionario fuera del helicóptero. La ex candidata presidencial se negó: “Estaba con mi equipito a cuestas. Y trataron de quitármelo y dije que no. Ese diccionario, esa bolsa, era mi dignidad“.

Betancourt no soltó su diccionario pese a la angustia que arrastraba. “Cada prueba de supervivencia es un dolor, porque nos sentimos humillados. Utilizan el dolor de nuestras familias para impresionar al mundo entero. Para nosotros es muy difícil. Y con esta operación volví a sentir lo mismo”.

En plena ansiedad, Betancourt tuvo un sentimiento extraño: “Pensé: qué raro estar emocionada si ya nada me emociona“. Fue algo así como un presentimiento. Pocos minutos después de subir al aparato, saltó la chispa del rescate. Eran la 1 de la tarde y 15 minutos. Los militares infiltrados, agentes del Ejército colombiano camuflados en el seno de la propia cúpula guerrillera, se lanzaron a por los miembros genuinos de las FARC.

“No se cómo lo hicieron pero en menos de cinco minutos los embistieron. Me cayó sangre en el pantalón. Asprilla estaba en el suelo, pensé que se había desmayado pero no. Estaba con los ojos vendados, amarrado, y lo siguiente fue oír: ‘Somos Ejército Nacional. Están en libertad”, relata con emoción la ex política colombiana. Luego llegaron los saltos, los abrazos y los lloros. Nadie se lo podía creer. Al ver alñ enemigo derrotado no sintió alegría, sino pena.

Sin embargo, el miedo no abandonó a Betancourt. Asegura que temía por si el helicóptero se caía, y preguntaba todo el rato cuánto faltaba para llegar a San José de Guaviare. Una vez que aterrizaron y estaban a salvo, pensó en su familia en mitad de una historia no exenta de paradojas, como afirma la ex política: “Sabía que mi mamá tenía programado un viaje a Oriente. Y mi familia estaba fuera de Colombia. Y pensé que era increíble porque llegaba a Bogotá después de tanto y podía no haber nadie de mi familia”. Pero la familia estaba al completo, a excepción de sus hijos que se encuentran en París.
Antes de terminar su discurso junto al presidente colombiano, Álvaro Uribe, en un acto institucional, empezó a sonar la alarma de un reloj de pulsera que Ingrid lleva en su muñeca: era el despertador que le recordaba todas las noches la hora de sintonizar la radio y escuchar los mensajes de su familia a través del programa Voces del Secuestro, del periodista Herbin Hoyos. Una alarma que parece recordar que todavía hay cientos de secuestrados que viven en condiciones infrahumanas bajo el yugo de las FARC.
Menos de 24 horas después de su rescate, Ingrid Betancourt no se olvidó de sus compañeros. Y lo hizo lanzando un mensaje al Comandante Alfonso Cano: “Quisiera que se les perdone a los secuestrados que quedaron allá. Son una extraordinaria partitura que no tienen culpa de nada. Sólo puedo creer en la paz”.
En un mundo de tensiones internacionales, revanchsimo y violencia, esta mujer me ha dejado un sabor de boca a autenticidad y libertad. De acuerdo, es una política, una mujer inteligente. Por ejemplo, el hecho de vestir la casaca militar es una forma de gratitud y de hacer patria. Pero tras tanta angustia y terror, tanta dignidad sólo se explica con un sumplemento de espíritu, que sin duda le ha dado su fe.


INGRID, DIOS Y LA VIRGEN
Por Carlos Arboleda, Periodista de La Patria de Manizales.


Manizales, julio 8 de 2008

Y así pasan los días

Ingrid, Dios y la Virgen

Por Carlos Arboleda González * carbol@une.net.co

Ha existido, especialmente desde el siglo XIX, la creencia que racionalidad o ciencia son términos antagónicos a metafísica y espiritualidad. Varios intelectuales se han declarado ateos y han negado la existencia de una fuerza divina, de un ser superior, de una inteligencia sobrenatural generadora de la vida y del mundo.

Los primeros habitantes racionales de la tierra, nuestros lejanos antepasados, desde hace 250.000 años, entre las primeras manifestaciones que tuvieron fue creer en un ser superior, inicialmente el sol, por su portentosa presencia. Luego, con el paso de los años, fueron buscando otras manifestaciones. Recordemos, por ejemplo, los dioses del Olimpo, en la antigua Grecia, alrededor de 2.000 años A.C., donde Zeus, era el padre de otros dioses y de los mortales. Más tarde vendría el surgimiento de las grandes religiones. Monoteístas: judaísmo, cristianismo e islamismo, y politeístas: hinduismo y budismo.

La existencia de Dios es una pregunta que siempre ha estado presente en la historia del hombre. El ateísmo, como filosofía, hizo su aparición muy tarde. Paul Johnson, importante historiador británico, autor de libros como “Historia de los judíos”, “Historia del cristianismo”, “Tiempos Modernos” e “Intelectuales”, en un majestuoso libro publicado en 1997, “La búsqueda de Dios. Un peregrinaje personal”, sostiene que “El ateísmo hizo su aparición bastante tarde en las sociedades humanas. Se hablaba de ateos en el siglo XVI. Sir Walter Releigh y su círculo de amigos científicos, como el doctor John Dee, fueron acusados de ateos alrededor de 1580. Pero, bien miradas, sus ideas no eran más que el rechazo de la Trinidad Cristiana”. Luego vendrían otros intelectuales que cuestionarían la existencia real de un Dios, entre ellos Francis Bacon, David Hume, Kant, Hegel, Huxley, Renan y Nietzsche, para no citar sino a algunos de ellos. Es más, en 1914 se publicó una encuesta realizada entre 1.000 científicos estadounidenses, realizada por James H. Leuba, donde el 58% de ellos expresó su duda sobre le existencia del dios judeo-cristiano. Sin embargo, el grito estridente de Nietzsche: “¡Dios ha muerto!”, sigue siendo un grito al vacío, cuyo eco repiten, básicamente, una minoría de científicos e intelectuales, y que no deja de ser una afirmación fanática que riñe con la realidad actual donde Dios está más vivo y presente que nunca. Einstein, tal vez el más grande científico del siglo XX, fue un creyente a pesar que su teoría de la relatividad revolucionó el mundo y la ciencia. Si bien es cierto que la religión nació como una respuesta ante los interrogantes que se formaba el hombre primitivo frente a un mundo desconocido, algunos afirmaron que la ciencia llegaría, el día de mañana, a dejar sin piso a las religiones a medida que ellas avanzaran. Ni siquiera Marx, fiel discípulo de Hegel, uno de los defensores de esta afirmación, pudo, con el materialismo histórico y con el dogma de que “la religión es el opio del pueblo”, desentrañar ese sentimiento religioso profundo del pueblo ruso.

Héctor Abad Faciolince, este gran escritor paisa, autor de una bella novela basada sobre la vida de su padre, “El olvido que seremos”, en su columna de “El Espectador” del pasado domingo titulada “La Patria del Avemaría”, ridiculiza a Ingrid Betancourt, y Ramiro Bejarano al Presidente Uribe y al Ministro Santos, por las referencias que hicieron de Dios y de la Virgen con motivo de la mayor alegría colectiva que ha tenido Colombia en los últimos años. “Acompáñenme. Primero a darle gracias a Dios y a la Virgen” ( …);“Esta mañana cuando me levanté, recé el rosario a las cuatro de la mañana, me encomendé a Dios” (…); “El helicóptero casi se cae. Todos saltamos, lloramos, nos abrazamos. No lo podía creer. Dios nos ha hecho este milagro, es un milagro que quiero compartir con ustedes” (…); “Lo que si les quiero decir es que la gente que se quedó allá los dejamos vivos y Dios quiera que sigan así”. Estas citas extractadas del discurso que pronunció al bajar Ingrid del avión, demuestran una transformación total en su vida espiritual. Luego, según pudimos constatar en una gran fotografía publicada por el diario “La Patria”, en su edición del pasado jueves, todos los secuestrados, a instancias de ella, se arrodillaron para realizar una oración en acción de gracias por regresar a la libertad. Y, en las otras intervenciones, incluyendo las de Francia, las referencias de Ingrid a Dios y a la Virgen fueron continuas.

No entiende el escritor antioqueño como una persona que estudió en la tierra de Diderot y de Voltaire, ateos, haya reaccionado, según sus propias palabras, con “gran ridiculez”. ¿Qué tiene de malo, después de la inmensa alegría de volver a la libertad, expresar nuestras creencias religiosas? Pues, señor Héctor Abad Faciolince, a mí personalmente me gustó la renovada Ingrid Betancurt, la que no le da pena confesar que se siente bendecida por Dios y por la Virgen María, la que regresó de este cautiverio más humilde y sabia, más espiritual y liviana. Ojalá todos tuviésemos faros como Jesús, como la Virgen, como Buda, como Gandhi, como Alláh, pues ellos permiten que enfrentemos los retos y los desafíos de la vida con más seguridad y fortaleza. Ellos no dejan morir nuestra esperanza y nos dan fuerzas suficientes para derrotar las adversidades.

lunes, 7 de julio de 2008

LA TRANSFORMACION DE UN CORAZON RABIOSO



Quisiera hacer alusión a la noticia de la liberación de los 15 secuestrados en Colombia la semana pasada. Sí hablo de Ingrid Betancourt, los 3 norteamericanos y los 11 militares , que regresaron a la libertad gracias a ese operativo inteligente y genial de las Fuerzas Armadas y cuya hazaña,como ya sabemos, ciertos detractores en el mundo han intentado desmentir, minusvalorar o vilipendiar. Y no voy hacer acá un resumen del hecho o reiterar sobre lo que los diversos medios de comunicación ya tanto han difundido, profundizado, pues sería saturarlos a ustedes mis queridos lectores.
No, quiero hablar del emblema especial de esta noticia, de quien fue por más de 6 años el símbolo del secuestro en nuestro país: la señora Ingrid Betancourt.
Ayer (6 de julio) cuando precisamente celebraba 6 años de mi ministerio sacerdotal, en una de las misas que presidí en la parroquia San Carlos Borromeo del Barrio Villaluz en Bogotá, su persona, imagen y experiencia me ayudaron a iluminar la reflexión del día. Y es que en la Palabra de Dios de este domingo , se ventilaban tres virtudes esenciales a Cristo y a sus seguidores: La HUMILDAD, LA JUSTICIA y EL SER PACIFICO.
Considero que Ingrid Betancourt nos mostró ese rostro humilde, pacífico y ansioso de justicia como nunca antes.
Todos sabemos que antes de ser privada de la libertad por la guerrilla ella era una mujer de fuerte temperamento, aparentemente pendenciera, altiva y soberbia…y sin muchos visos de creer en Dios, en la Virgen María y en el poder de la oración. Pero el sufrimiento, el dolor del cautiverio le ayudaron de alguna manera para que Dios se manifestara en su vida y le ayudara a transformarse y ver la vida y las cosas con otra dimensión.
De vuelta a casa , me encontré con este artículo en Internet de dos periodistas políticos del diario colombiano “El Tiempo”, ellos son Janed Ramírez y carlos Ibarra . Lo que ellos dicen acá comulga plenamente con mi impresión del cambio profundo que se realizó en Ingrid. Sin más preámbulos les comparto la nota:

En cautiverio, Ingrid Betancourt se reinventó para no ser más la mujer de la 'Rabia en el Corazón'

Ya no es la senadora que, al igual que el título de su libro publicado en 2001, muchos recuerdan como provocadora, pendenciera, que descalificaba a sus propios colegas.
Y así lo recuerda en su libro (Siete años secuestrado por las Farc) su hoy entrañable amigo, compañero de curul y de cautiverio, Luis Eladio Pérez.

Y no es solo por sus palabras o por sus conceptos. Es también por su hablar pausado, por la manera como acompasa sus gestos con sus pensamientos. Por esa forma de bajar la mirada cuando relata sus duras experiencias, como si quisiera indultar ese pasado triste o un acto de humildad frente al destino inexorable. Por su afán de abrazar y acariciar.

Pero, sobre todo, por su actitud de perdón. "Le pido a Dios que los bendiga, que los guarde, que los perdone. Todos hemos perdonado todo", le dijo Íngrid al presidente Álvaro Uribe, en la Casa de Nariño, refiriéndose a sus victimarios. Esta es la Íngrid, que según sus propias palabras, vino "más liviana", y que dejó en la selva "cosas como el orgullo, la soberbia, la terquedad".

Sí, pero también hay una nueva Íngrid con nuevas concepciones del poder. La Íngrid que el presidente francés Nicolás Sarkozy y su esposa Carla Bruni recibieron el pasado viernes en la mañana en París, en las escalerillas de un imponente avión, casi con honores propios de un jefe de Estado.
La misma que será recibida la próxima semana por el Papa Benedicto XVI, que seguramente comenzará a codearse con líderes de todo el mundo y que en sus primeros mensajes les habló a los mandatarios vecinos de tú a tú.
"Espero que así como Chávez y Correa lograron llegar al mando en sus países, por la vía democrática, les pido que nos ayuden a que las transformaciones en Colombia se den por la vía democrática", les dijo a los mandatarios de Colombia y Venezuela, con dejo de autoridad.

Aún es una rebelde

Lo que Íngrid no perdió fue esa especie de rebeldía natural de la que todos hablan, que la hace una mujer dura, recia, que llevó a 'Raúl Reyes' a definirla como una mujer de "temperamento volcánico, grosera y provocadora con los guerrilleros encargados de cuidarla".

Esa misma que hasta el último minuto de cautiverio se negó a admitir que le ataran las manos o, siquiera, que le ayudaran a cargar el pesado morral que llevó sobre sus espaldas durante los 6 años y cuatro meses de secuestro.

La Íngrid post secuestro es una mujer con mucho sentido de la realidad política. Si se quiere, sabia. O pragmática, un concepto moderno utilizado para definir a aquellos que hacen lo que hay que hacer. O lo que conviene. Esa es la percepción que Íngrid dejó y que a muchos desconcertó, cuando se puso de lado de la nueva reelección de Uribe.

"Primero fueron cuatro años, luego fueron ocho y ahora la posibilidad de que sean doce. Eso tiene que poner a pensar seriamente a la gente de las Farc. Entonces, sí, a mí me gusta la reelección", dijo el jueves en una conferencia de prensa, antes de viajar a París.

Íngrid no dio vueltas para reconocer los méritos de Uribe, a quien su madre no ha dejado de criticar durante todo el mandato. "No, no, mamita (le dijo, acariciándole su rostro, con actitud de tierna represión, en los corredores de la Casa de Nariño, cuando quiso cuestionar al jefe del Estado): para tomar esa decisión (la del rescate) se necesita ser valiente".

Con más olfato político


En la nueva Íngrid, su olfato político también parece acrecentado. Claro que hay mucho de nobleza, de sabiduría y espiritualidad en su decisión de no hablar mal de nadie. Pero no se puede negar que, en su actitud, también hay cálculo político.

Su sorpresivo consentimiento con un tercer período de Uribe, sin que haya dicho siquiera que va a votar por él, la aproxima al hombre de mayor capital político de todos los tiempos en Colombia. Pensar en una fórmula Uribe-Íngrid, es pensar en una fórmula demoledora. Sería la unión de los dos capitales políticos más grandes en la actualidad. Íngrid no tenía esto cuando se la tragó la selva hace más de seis años.
A Íngrid se la llevaron las Farc en el 2002, cuando era candidata presidencial, rival de Álvaro Uribe, y solo marcaba un uno por ciento en las encuestas de favorabilidad, y regresó el pasado miércoles, como admiradora de Uribe, con el 60 por ciento de opinión favorable y con todo para buscar su candidatura presidencial
Y como dice su antiguo asesor, Eduardo Chávez, " Íngrid y Uribe representan hoy el gran consenso nacional contra las Farc. Ambos se han enfrentado al monstruo. Él con la fuerza del Estado y ella con la fuerza de su dignidad. Ella desde la negociación política, él, desde la acción armada. Los dos son complementarios".
En opinión del ex alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón, el retorno de Íngrid "cambió radicalmente el mapa político colombiano", hasta el punto de admitir que ese hecho lo ubicó, a él, en la orilla de "los perdedores, por ahora".

¿Por qué se produjo el cambio?

Hay muchas cosas que pudieron haber cambiado sustancialmente a Íngrid. Para no ir tan lejos, el mero paso del tiempo en esas condiciones produce sus efectos. Pero hay hechos puntuales, que por sus relatos, se infieren como puntos de quiebre: la muerte de su padre, Gabriel Betancourt Mejía, por quien profesó un amor intenso; su grado extremo de enfermedad, que ella ubica en el segundo semestre del año pasado, cuando literalmente quiso morir; o la degradación extrema a la que fue sometida por sus captores. Pero también, descubrir cosas bellas, como la "generosidad y la solidaridad" del cabo William Pérez, un hombre humilde, a quien ella reconoce como "salvador de su vida".
A punto de cumplir 47 años de edad, Íngrid regresa visiblemente fuerte. No solo física, sino sicológica y espiritualmente. O por lo menos, mucho mejor que como fue presentada en las últimas pruebas de supervivencia y como la mayoría de los colombianos la intuían, después de las especulaciones sobre su inminente deceso, hace apenas un par de meses.

Imposible negar su transformación espiritual. No ha habido intervención pública en la que Íngrid no reconozca la influencia divina en el desenlace de lo ocurrido.

Al llegar al aeropuerto militar Catam, el pasado miércoles, Íngrid y su madre se pusieron de rodillas y dieron gracias a Dios.

Después confesó que nunca había leído la Biblia, que la descubrió en cautiverio y que gracias a ella descubrió y se enamoró de la Virgen, a la que considera su "faro".

La fuerza del amor

Las cientos de fotografías de Íngrid abrazada a sus hijos (Melanie y Lorenzo), a quienes dejó siendo apenas unos niños (16 y 13 años, respectivamente), hablan más que las horas de relatos sobre su secuestro. Pero, sobre todo, han conmovido al mundo.

Aunque se da por descontado que Íngrid se meterá de lleno a la política, advirtió que eso lo pactará con sus hijos, a quienes admitió que impuso "muchos sufrimientos", pues por razones de seguridad se habían ido del país desde mucho antes de su secuestro.

Por eso ahora Íngrid sueña con "acurruncharse" junto a su Lorenzo, al que no deja de mirar con asombro.

Si bien los primeros análisis coinciden en que el secuestro cambió a Íngrid, lo que ahora millones de colombianos esperan es que su regreso a la libertad contribuya también a cambiar sus vidas.

Algunas frases de la nueva Ingrid
• "¿Fui terca? De pronto. Hoy en día, con la perspectiva de los años, siento que era mi destino, que viví lo que tenía que vivir y conocer lo que conocí".
• "Que (las Farc) sean buenos perdedores... Es el momento de rectificar. Estamos dispuestos a tenderles la mano, pero no a participar en una farsa".
• "Sueño con que les de becas de estudios a los liberados y a los que siguen allí, para que tengan ilusión. Fui profesora de francés en la selva, una muy mala...".
• "Comprendí que la muerte era una posibilidad (...) He visto a mis compañeros morir, sabía que la muerte llega muy, muy rápido en la selva".
• "Yo no creo sino en la paz, en nada más (...) me siento tan bendecida por Dios por haber vivido este momento, por que fue una operación de paz".

JANED RAMÍREZ
Y
CARLOS IBARRA
REDACCIÓN POLÍTICA