domingo, 11 de mayo de 2008

En el día de la madre: semblanza de mi mamá


“Culicagao ya le hablé…es que no me va a hacer caso?”, “le voy a decir a su papá que le pegue una muenda pa que aprenda”, eso decía cuando estaba brava o enojada con nosotros. “Tiene frío mijo…Tiene hambre?”, “No se le olvide la sombrilla”, “acuérdese de llamarme”…estas eran otras preguntas y recomendaciones de ella , en diversos momentos.
Son frases inolvidables, proferidas por nuestras progenitoras…Palabras que me dirigía la mía , pero que hoy en día ya no escucho porque está en la eternidad.
Mucho de lo que somos, se lo debemos a nuestras madres. Ellas moldean los hijos desde el vientre mismo, pues sus palabras, sus sentimientos, estados de ánimo infundirán mucho en nuestras vidas. Sus actitudes con nosotros serán definitivos en nuestro existir. Las madres nos moldean el tipo de mujer que en calidad de varones u hombres elijamos en el futuro y algún día entonces seremos pareja de esa mujer que nos enseñó mamá , de acuerdo al decir de Freud y Arjona.
En calidad de hijo mayor al que seguirían cinco mujeres, fue conmigo con quien mi mamá empezó a entrenarse para la maternidad. Fui su primogénito cuando apenas superaba los quince años.
Mi madre se llama María Nelly Jaramillo Cardona y ahora está al lado del Padre Bueno y Eterno. Y a lo largo de casi 33 años a su lado poco después de su resurrección escribía esto en mi diario:
“los primeros recuerdos de mi madre datan desde los cinco años de mi existencia. Trabajadora, temperamental, malgeniada y voluble, esa esla impresión infantil que guardo de mi mamá.
En la época escolar, cuando emprendía con mis dos hermanas menores la aventura del conocimiento de lo que era el mundo circundante, siempre vi en ella el motor, la promotora, la abnegada madre que incita a sus hijos a aprender, disponiendo día a día la comida, el vestido y todo lo necesario para una buena educación y un efectivo aprendizaje.
El sentido profundo del sacrificio, de la responsabilidad, fueron infundidos en mí por mi papá ( y mi abuelo también llamado Tomás Antonio, así como por el abuelo materno Fabio Jaramillo), pero mamá también tuvo mucho que ver con ello.
Quizás no era muy buena (tal vez por su formación de familia) para demostrar afecto y el amor a sus hijos; ella raras veces nos acariciaba y nos besaba, pero sus actos y palabras reflejaban mucho más que una sequedad y el rostro adusto, también aquello que s ele hacía difícil expresar de una manera más abierta.
Mamá nos enseñó a todos sus hijos y a nuestro papá, el gran valor que tiene ayudar a los demás y sobre todo a los más necesitados. Me enseñó a amar a Dios y a ver en la Virgen santísima otra mujer digna de veneración y santa. Mucho tiempo demoraría para asumir con seriedad estos afectos divinos y así corresponderles para dejarles producir frutos buenos en mi vida. Mas gracias a la persistencia de ella en su fe y a su fidelidad e incondicional amor a Dios y a la Iglesia , fue posible que después de una oscura, rebelde y confusa adolescencia , ya en mi juventud decidiera decirle Si al Señor y empezara de este modo mi formación sacerdotal en el SEMISIONES de YARUMAL.
A partir de allí, Dios nos dio entonces la gracia de mejorar nuestra relación madre-hijo, ello nos permitió estrechar más los vínculos y comunicarnos más seguido. Fueron decenas de cartas las que fueron y vinieron entre el seminario y la casa. Recuerdo especialmente cómo venciendo su apatía por escribir (no le gustaba porque le temblaba en demasía su mano derecha) confeccionaba sus misivas con trazos dificultosos , pero en ellos se dilucidaba un gran amor y ternura por su hijo mayor, el futuro “padrecito” que la llenaba de ilusión.
Sin temor a equivocarme, el hecho de que ingresara y perseverara en el Seminario hacía mi madre muy feliz. Esta ilusión, este sueño maternal se convirtió también en el mío, pues su oración me animó e impulsó , y yo vi también en esta senda, en ese proyecto la mejor opción de vida para realizarme y quizás ser feliz.
Hubo un receso voluntario durante cinco años en mi formación y lo más lindo fue que mi madre nunca me recriminó o pretendió presionarme coartando mi libertad en mis decisiones, no , muy al contrario ella siempre manifestó que quería lo mejor para mí y que cualquier cosa que yo decidiera (si eso me hacía feliz) también estaba bien para ella.
Desde su juventud, la enfermedad y el dolor fueron compañeros constantes de mi madre y a lo largo de su relativa corta vida sobre esta tierra, pues no tenía 33 años y ya sufría erisipela, complicaciones de presión arterial y diabetes. A los 43 años sufrió una caída que le causó fractura grave de cadera, hubo que operarla y esto sumado a lo anterior aceleró el camino hacia su ocaso. En tanto que ser humano y al igual que el Divino Maestro en la cruz, ante tanto sufrimiento, algunas veces profirió sus “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”.
En los últimos cinco años, todos sus seres queridos fuimos los testigos de su prematuro ocaso, sin embargo también en sus labios, en muchas oportunidades afloró la sonrisa, testimoniando alegría y aceptación de la Voluntad del Señor en su existir.
Estos sufrimientos fueron un crisol para purificarse, ellos se constituyeron en la unión a la pasión y al dolor de Jesús en la cruz, disponiendo de este modo su ser entero para el encuentro definitivo con el Dios de todo consuelo.

(publicado en el Boletín Informativo No 450 de los Misioneros de Yarumal , Medellín, mayo del 2002 )

martes, 1 de abril de 2008

A la radio colombiana en sus 60 años de historia





Este año las dos grandes cadenas radiales de mi país : RCN RADIO y CARACOL RADIO cumplen 60 años de estar llevando información, música , cultura y mucho entretenimiento a todos sus oyentes. Por eso quiero hacerles un homenaje indistinto trayendo a colación recuerdos, anécdotas y opiniones que cada una de ellas me ha sugerido.

Desde muy niño encontré y/o descubrí en la radio un gran entretenimiento, un espacio para solazar las horas y botar el tedio cuando no se estaba jugando con los amiguitos o haciendo algo productivo. Recuerdo que en esos años de comienzos de los 70 lo que estaba de moda para poder acceder a la diversión e información de las ondas hertzianas eran unos transistores grandísimos de colores amarillo y rojo que llegaban a los hogares campesinos comercializados o patrocinados por la primera emisora que yo evoco con claridad escuché en mi vida RADIO SUTATENZA.

Pues bien resulta y acontece que en dos los lugares de la zona rural de mi pueblo Marquetalia , en el departamento de Caldas, donde iba de vacaciones y en donde habitaban mis abuelos maternos y un tío de mi papá tenían de estos radios que nos permitían disfrutar además de Sutatenza, de todelar, de Super también de la emisora caracol…Y es que las tres preferidas por todos los oyentes eran Todelar, Sutatenza y Caracol, eso lo recuerdo.

Sutatenza tenía peso y audiencia por sus programas educativos, inclusive la escuela y el bachillerato se podían hacer por allí, por radio, sí, escuchando la emisora y pasando las hojas de las cartillas que acompañaban dicho programa (nuestro Bienestar, Hablemos bien, Nuestro suelo, cuentas claras, comunidad cristiana,). Era de verdad una forma muy didáctica y amena para los analfabetos de la época aprender a leer y a escribir, aprender normas de urbanidad, vida en sociedad y hasta para cuidar la salud y estar en forma…Mucha gente sobre todo del área rural aprovecharon esos programas, ya fueran matriculados o no y es que Radio Sutatenza era la más potente de todas, en cualquier cañón y cañada de la zona urbana y montañosa de nuestro pueblo se podía sintonizar.

“Creada para expandir las actividades de educación a distancia y proporcionar a ocho millones de adultos de las áreas rurales de Colombia los medios para asumir la responsabilidad de su propio desarrollo. El objetivo de Radio Sutatenza era llegar a la población con un programa de capacitación basado en cinco ejes: salud, alfabeto, números, trabajo y espiritualidad. Los programas incluían temas de higiene y primeros cuidados de salud, lectura y escritura, aritmética elemental, mejora dela productividad agrícola y reconocimiento de la dignidad humana. Las actividades de la emisora eran apoyadas por el periódico"El Campesino", por bibliotecas rurales y programas de capacitación para campesinos. A ello se sumaron otras publicaciones como la Cartilla Básica (conocimiento del alfabeto y los números), NuestroBienestar (principios sobre salud), Hablemos Bien (lenguaje), CuentasClaras (aritmética), y Suelo Productivo (agricultura)”

La pionera en nuestro continente fue la desaparecida Radio Sutatenza, nació en Colombia en 1948 y estuvo 40 años emitiendo; llegó a ser la más importante en el país. A partir de esta experiencia surgieron escuelas radiofónicas en toda América Latina que se centraron en la educación a distancia por radio.

Después recuerdo que radio Todelar era la preferida por nosotros los infantes, pues pasaban radionovelas que fueron como las antecesoras del televisor y nos ayudaron a desarrollar y a volar mucho nuestra imaginación. Por allí pasaban series como Kalimán “El hombre increíble” y Tamakún que las pasaban de lunes a viernes entre las 5 y 6 de la tarde, justo en ese tiempo antes de la comida y después de jornadas a veces agotadoras por el trabajo en casa o el excesivo juego.

Con mis tíos y algunos primos con quienes coincidíamos en los tiempos de descanso para venir a la finca, nos reuníamos alrededor del radio en una parte semi -alejada del rancho campal, y me acuerdo que preferíamos situarnos junto a la máquina descerezadora o sea la utilizada para separar la cáscara de los granos de café.

Nos sentábamos al borde de los tanques destinados a recibir el café que caía de la máquina y en donde se lavaba después con grandes cantidades de agua venidas de la boca toma por canoas de guadua.

Todos queríamos tener el radio, sostenerlos entre las manos, pero a la vez era una gran responsabilidad, porque esos “aparatejos” eran demasiado cuidados por nuestros padres y abuelos que nos los facilitaban siempre y cuando uno de los más “grandes” entre nosotros se responsabilizara y cuidara que ninguno de nosotros lo dejáramos caer o dañar.

En ocasiones escuchábamos “La Voz de Bogotá” especializada en música romántica y con la que hacíamos contrapeso a nuestros adultos que escuchaban tangos, valses , rancheras de gusto “Popular” por Radio Cordillera, otra emisora hoy ya desaparecida.

Un poco más grandecitos, en noches de invierno y a veces de luna llena y frías, nos metíamos debajo de las cobijas alrededor de las 9 pm para escuchar una serie que nos ponía los pelos de punta, aquella radio serie de 30 minutos dramatizaba casos judiciales de asesinatos y desapariciones misteriosas enfrentados por los organismos de policía y seguridad colombiana, se acuerdan como se llamaba? Claro era “la ley contra el hampa”, donde Humberto Arango, el resucitado Luis Chiape, entre otros le daban las voces a los más malvados y sanguinarios criminales.

Cómo no recordar “Los chaparrines”, “La escuela de Doña Rita”, “Montecristo”, “El show de Ever Castro”, programas de humor que nos entretenían y deleitaban inmensamente.
A pesar del auge de la tv desde finales de los 70s y comienzos de los 80, la radio continuó siendo, al menos para mí una gran fuente de entretenimiento, sobretodo en las visitas al campo, durante las vacaciones, ya que la señal de la tele era muy mala.

Someramente recuerdo otras series basadas en los comics que se pasaron por aquella época: “Arandú”, “El Valiente (creo que eran de Caracol), el primero era un héroe semejante a Tarzán que vivía aventuras increíbles en la selva, El valiente era un pistolero al servicio de la justicia, recuerdo nítidamente la agradable voz de Carlos de la Fuente quien interpretaba al “príncipe de la selva”.
Consejos para el corazón, “Regina 11”, evoco esos espacios, escuchados sobretodo por las señoras, por nuestras madres.

Pienso que a pesar de la aparición de nuevas tecnologías, el pc, el desarrollo del tele y el cine, la radio no se desplaza, no pasa de moda y siempre tiene sus amantes.

La emisora preferida durante mi adolescencia fue Cerros Stereo de RCN o “Amor stereo” como hoy se llama. Gracias a ella, alimenté muchas “tragas” y disipé muchas horas de soledad y noches de insomnio como confundido ado.

En estas últimas dos décadas yo he disfrutado de los programas de humor que son mis preferidos, entre ellos quiero destacar “El manicomio de Vargas Vil”, que nos inspiraba en mis tiempos de colegio y seminario para hacer o montar nuestros propios sketches de humor, “la luciérnaga” de Caracol que se mantiene al aire después de 17 años.

Otros que cumplieron su ciclo y fueron muy buenos como “La Zaranda”, en cuyo set de grabación tuve el privilegio de estar el 10 de septiembre del 2002. Por qué se acabaría “La Zaranda”? Ahora lo siguió “el cocuyo” en esa misma cadena RCN…Simpático el traslado de Guillermo Díaz de la familia Caracol después de tantos años de permanencia allí para la competencia…

Bueno, en fin , creo que con esa competencia somos los oyentes los que salimos ganando. Hoy puedo afirmar que la batalla entre “la luciérnaga” y “el cocuyo” está muy igual, ambos tienen excelentes humoristas, moderadores de calidad como don Hernán Peláez y Don Guillermo Díaz Salamanca…(Supe a última hora que Peter Albeiro pasó de “La luciérnaga” al “Cocuyo”), vea pues!

Hoy en día , aun me confieso aficionado radio escucha de las transmisiones de fútbol, los domingos en la tarde cuando me queda tiempo me le pego al “carrusel” de caracol para estar al tanto de la jornada futbolística. Me encantan los programas de actualidad noticiosa, histórica…

Es que la radio siempre será una agradable compañía tanto como un buen tinto, un libro ameno , un fiel amigo y una ideal amante.

FELICES 60 AÑOS DE INFORMACION Y COMPAÑÍA PARA TODOS LOS COLOMBIANOS, CARACOL Y RCN, A TODA SU GENTE QUE DIOS LES BENDIGA.


Para descubrir un poco más sobre la historia de otra de las emisoras pioneras de nuestro país les invito a que visiten los siguientes vínculos en la web:

http://www.riseinstitute.org/pdfs/realityspn.pdf
http://my.opera.com/eimecun1/blog/un-cura-colombiano-el-mit-radio-sutatenza-y-el-computador-portatil-de-u-100-de
http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=9859&cat=medioinformacion
http://www.comminit.com/es/node/150016

martes, 18 de marzo de 2008

Cuento: La Estrella de David



(Este breve relato mereció una mención especial del Concurso del Cuento corto latinoamericano 2007 convocado anualmente por los servicios koinonía (la página de Iglesia latinoamericana). Enviado junto otros dos cuentos que luego publicaré, acá se los transcribo

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David era un buen hombre, era un quijote sin mancha, era el abogado de los pobres… Un Hombre de utopías, de fe y un crédulo en unicornios…



Recuerdo la primera vez que le vi de frente. Era una mañana de no se qué mes de comienzos de 1994, en el hospital del pueblo, en la sala de espera. Fue él quien me dirigió primero la palabra al verme sentado a su lado:

- ¡Vaya si hay harta gente hoy! Normalmente no es así, pues los martes sólo es para las consultas de la gente de la zona urbana...

- ¿Sí? -le respondí yo con diligencia al cerciorarme de que era a mi a quien hablaba. Yo tenía entre mis manos un libro que había comenzado a leer aquella mañana, se trataba de un libro sobre Ernesto Guevara, el “Che”...

- ¿De qué se trata? - me preguntó sonriéndome esta vez, a la vez que señalaba con su dedo.

- Es del “Che Guevara”, usted lo conoce ¿no?

- Claro, es de mis ídolos , mi “tocayo” es de nuestra generación, la mía, lo admiro mucho... A quien no conozco es a usted -me dijo-, es la primera vez que lo veo.

- Lo mismo digo yo de usted... Pero lo que pasa es que yo vengo de viaje, estuve tres años fuera de Villa Luna, yo estaba estudiando filosofía en España, y hace ya casi un mes que llegué.

- ¡Ah! ¡Con razón! Permítame presentarme, mi nombre es David Ernesto Durán, yo no soy de aquí, pero mi esposa sí... yo vengo del departamento vecino y estamos viviendo acá hace casi un año... Exactamente ocho meses largos.

- Mucho gusto, yo soy Augusto Quintero -le dije, a la vez que juntaba mi diestra a la suya, una mano grande, blanca y fuerte.

- Y que lo trae por acá -me siguió preguntando.

- Lo que pasa es que necesito conseguir trabajo y me han exigido un certificado médico para entregar mi carpeta y concursar con varios candidatos para un empleo de maestro.

- ¿Trabajo? ¿Dónde?

- Con la alcaldía. Busco una vacante de profesor, posiblemente en la Normal.

- Mi esposa trabaja allí. Si usted es de acá como dice, de Villa Luna, debe conocerla...

- ¿Cómo se llama? –le respondí

- Edith... Edith Benavidez.

- Claro que sí. ¿De la familia de los Benavides de la Aldea?

- Si, aquí pasó su niñez y parte de la juventud. Yo la conocí en la capital de mi departamento, para más señas en la universidad, allá nos hicimos novios, nos graduamos y después nos casamos.

- La familia Benavidez fueron mis vecinos, habitaron la misma calle que nosotros durante varios años.

En ese momento, vi una mujer encinta que se acercaba.

- ¡Hola! -nos dijo sonriendo.

De un sólo impulso David se puso de pie y mirándome fijamente a los ojos y con cierto orgullo me dijo: - Esta es mi esposa, Edith... Edith, te presento a este joven , un amigo que acabo de conocer.

El rostro de aquella mujer de mediana edad me resultaba familiar. Yo la había visto alguna ocasión. No le había mentido a mi nuevo amigo; de verdad yo la conocía.

- Mucho gusto -le dije también a la vez que ambos sonreíamos y nuestras manos se estrechaban.

- ¿Qué te dijo la doctora? -imprecó ahora David a su esposa.

Por su respuesta pude comprobar que había venido para el control prenatal. Esperaban un hijo, el segundo.

- Sin ningún problema, todo va bien -le explicaba su simpática esposa.

- ¿Se conocen o no? -nos preguntó David.

- ¿De dónde viene usted ? Viene de afuera, me imagino.

- ¡No! -le dije categóricamente- Yo al igual que usted soy villaluno. Lo que pasa es que cuando su familia se fue de aquí, quizás yo estaba muy pequeño... y hace poco regresé después de una temporada en España. En efecto, mi papá es Tiberio Quintero, y usted debe conocerlo..

- ¡Cómo no! Su papá es muy conocido, comerciante cafetero y abarrotero como mi papá.

- Don Enrique Benavidez... ¿cierto? ¿sigue trabajando?

- ¡Si! Vive en la capital, trabaja no tanto como antes, ya la enfermedad y la vejez lo han hecho disminuir, pero ahí va.

- Yo debo conservar la imagen de su familia, y la imagen suya en mi memoria infantil. Por eso es que me pareció conocerla...

En ese momento fui llamado desde la casilla de consultas, y mi pregunta sobre la fecha en que esperaba el parto quedó entre mis labios.

- Me llaman... ¡disculpen!

- Nosotros también ya nos vamos -me dice David.

- Sí, yo debo ir al colegio, tengo curso dentro de una hora –afirma la bella dama, a la vez que miraba su reloj.

- Bueno, nos veremos de nuevo -acota David- Con todo este pueblo es pequeño... ¡Hasta pronto!


En todo caso yo conseguí el certificado médico y con ello un empleo como profesor en la Normal de Villa Luna. Acababa de llegar de regreso a mi pueblo. Era el comienzo de una nueva etapa de mi vida. Una nueva experiencia se abría ante mi. Gracias a una beca había partido tres años atrás para España y en la Universidad Complutense de Madrid había obtenido el título en Filosofía y Letras. Pero en el fondo yo tenía inquietud vocacional. De alguna manera el sacerdocio me atraía, mas no la idea de tener que entrar a un seminario. Reglamento, ritos, rezos, etc... Todo lo que se pasaba al interior de un claustro de ese tipo me daba cierta fobia. Así pues, decidí hacer la filosofía como un universitario en el mundo, de laico y luego mirar como hacer para la formación teológica, complemento y exigencia necesarios para llegar a ser sacerdote...

Lo cierto es que había logrado finalizar la primera etapa del camino y ahora estaba en mi pueblo, a donde había vuelto con la esperanza de retornar a España más adelante y ver el modo de continuar con los estudios teológicos y hacerme “clérigo extra seminario”. Cosa difícil, pues, al final, las circunstancias económicas familiares me obligaron a quedarme y esperar que el panorama se aclarara.

El domingo siguiente, esa misma semana del encuentro con David y su esposa, fui a la misa de mediodía y escuché como el párroco invitaba a una reunión al día siguiente a las personas que estuvieran interesadas en ser catequistas o colaborar de un modo cercano con la labor de evangelización. Aquello “me sonó” y decidí sin titubeos asistir. Lunes 7:30 de la noche después de la eucaristía yo llegué y me sorprendí al ver entre los presentes a la simpática pareja del encuentro, días atrás en el Hospital.

Supe entonces, que David y Edith desde varios meses atrás estaban comprometidos con la labor evangelizadora de la parroquia y eran asesores valiosos de los curas. Él era catequista de confirmación y su esposa ofrecía asesorías psicológicas. Y, todavía más interesante, daban juntos cursillos prematrimoniales así como terapias de pareja. Lo suyo era lo que se llamaba una verdadera “pastoral de familia”.

No recuerdo cómo, ni en qué momento, David y yo nos encontramos trabajando juntos en un proyecto de programa radial. Claro, con objetivos parroquiales... El Padre José Darío quería revivir un programa para anunciar la palabra de Dios y que fuera un vínculo eclesial con la comunidad. Lo simpático era que los dos no teníamos experiencia en ese campo de la didáctica y técnica de las hondas hertzianas, sin embargo “nos le medimos” a la empresa. Así fue como comenzó una amistad que se afianzaría con el paso del tiempo. Sacábamos nuestros ratos libres, de nuestros empleos o trabajos oficiales y cada semana elegíamos un día y unas horas para sentarnos frente a su computador, en compañía de un tinto y un te, donde él dejaba por un rato de lado sus cuentas, números y planillas, pues supe que su especialidad era la contabilidad y con la ayuda de su ordenador fue posible digitar los libretos semanales de “comunidad en pie” como el había sugerido que se llamara el programa. Yo estuve de acuerdo no sin sospechar que aquel título respiraba un ideal o un sueño “comunista” que albergaba muy dentro mi amigo... Pero si David era un comunista, era un “comunista” que amalgamaba esta doctrina y sus postulados con la Palabra de Dios y con todo lo de la fe cristiana. Solía decir que Jesucristo era a su manera un comunista incomprendido. En los momentos de pausa de aquel trabajo en concreto hablábamos de lo sagrado y lo profano, bastante sobre Jesús y Carlos Marx, pasando por “El Che”... De literatura y filosofia, de política y de religión, de la actualidad mundial y nacional...

Era alguien muy cultivado. A sus 45 años se le veía el esfuerzo por conformar con su esposa y su primer hijo un hogar ejemplar, donde el amor y el respeto se imponían como reglas de oro... Nuestra diferencia de edad no era ningún obstáculo (pues yo tenía en la época 25) para entendernos, discutir y estar de acuerdo en lo fundamental, en lo que realmente importaba, en los valores de la justicia, de la verdad, de la honestidad...

Hacía poco menos de dos años había aparecido en el país un instrumento de defensa de los derechos mínimos del ciudadano llamado “acción de tutela”, consistente en una expresión escrita de una persona o comunidad ante un juez público donde se denunciaba un atropello o una injusticia que se sentía y reclamar de esa manera un derecho de reivindicación o de justicia. Pronto, en medio de nuestro trabajo y después de varios días de amistad , pude darme cuenta que mucha gente venía a buscarlo para pedir su ayuda, su consejo y finalizar en la redacción de una “tutela”. Se trataba de campesinos y gente tenida por “marginada”.

David, decía su esposa, era un “abogado frustrado”, había soñado con estudiar derecho pero por diversas circunstancias de la vida sólo pudo estudiar contabilidad. En Villa Luna ganaba su vida como contador público, desempeñándose como asesor de las cuentas y balances de propietarios de comercio (abacerías, panaderías, etc). Para mí era un “duro de los números” y un “afiebrado por la ley y la justicia”. Su música preferida era la clásica de Tchaikovski, o la nueva trova cubana, de manera especial las canciones de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez...”el unicornio azul” de este último era su canción preferida.

En fin, David era un buen hombre, era un quijote sin mancha, era el abogado de los pobres… Un Hombre de utopías, de fe, un crédulo en unicornios…

Muy pronto en Villa Luna mi amigo se volvió bandera de contradicción. Algunos le amaban, otros pronto vieron en él una amenaza, un estorbo para lograr sus intereses nefastos de riqueza, politiquería y opresión de la gente... Y es que lo mas “mínimo”, la menor trasgresión de los valores morales le ofuscaba y no dudaba en manifestar con valentía su desacuerdo. Muy pronto fue tachado de “retrógrado”, de “beato mísero”, de “leguleyo” y “aguafiestas”. En las postrimerías del siglo XX, David veía que quienes más estaban amenazados por los antivalores eran los jóvenes y los niños... Veía con recelo la politiquería pero soñaba con la política limpia y preocupada con lealtad por los intereses del pueblo. Era por ello, que en los días de campaña se adhería al candidato que según él mejor interpretaba los intereses populares. Pero, como en todo lugar, la “maquinaria política” de los viejos caciques le impidió llegar lejos con sus candidatos y sus “partidos verdes y de arco iris” que pregonaban la esperanza, la justicia, el respeto a la vida y la ecología... Aun así, la primera vez del intento, recuerdo que logró ganar un escaño en el grupo del concejo municipal, conformado por las diversas corrientes. Así, David fue nombrado en un puesto que no esperaba y que no llenaba sus expectativas: un puesto de planeador municipal, cuando hubiera preferido la personería o la secretaría de educación, y poder hacer algo concreto por la justicia, el derecho y la promoción de los valores entre la niñez y la juventud. Muy pronto y con sabiduría mi amigo se dio cuenta de lo inútil de aquel “puesto” donde quien mandaba en realidad era el propio alcalde, agregándole además el grave impedimento que implicaba para los objetivos de esta oficina, la grande deuda en que había dejado sumido al municipio el anterior burgomaestre. Así, con limitaciones de presupuesto y desvíos de fondos, como lo constató después, era imposible hacer algo, y con “gallardía” decidió renunciar para no prestarse a ser un “títere” manipulado por cualquiera...

Al lado de David estuve cuatro años. David era mi amigo, otro padre para mi, una luz, una estrella... Le admiraba su arrojo, sus convicciones, su espíritu de justicia. Y de su espíritu de colaboración, su gratuidad, el encontrar tiempo para todo, aprendí mucho.

Pero su destino estaba marcado. Antes de dejarle a causa de mi viaje, justo el domingo después de la misa de mediodía lo vi por última vez salir del templo con su hijo pequeño Isaías a quien llevaba de la mano. Le vi el aire melancólico en su rostro, existía cualquier cosa que le preocupaba, pensaba que era por mi partida, pues el padre José al final de la eucaristía confirmó a toda la comunidad parroquial mi partida esa misma semana para Europa donde había sido aceptado por una comunidad misionera belga y así finalizar y realizarme como sacerdote. El proyecto mío ante todo era estudiar el francés y luego hacer la teología en Lovaina, después iría a lo que llamaban un convento o alguna comunidad para tener una experiencia y ya veríamos... Pero David ya sabía de mis intenciones y se había mostrado contento y es más, junto a mi madre, era él quien más me había motivado y animado a decidirme a continuar en mi proyecto, a entrar a un claustro oficial de formación sacerdotal... “Esa es su vocación Augusto... reconózcalo, no tenga miedo” -me dijo- “es más, créame lo que le digo: si yo no me hubiera casado me habría metido de cura...” - y reenforzaba- : “Pa’ delante hombre... ¡Animo!”

Les diré, no sé por qué no pude despedirme de David y su familia. Dos noches antes de mi partida del pueblo, quedamos en que yo iría su casa. Y cualquier cosa me hizo olvidar de esa cita, de igual modo, al día siguiente, ahora fue él quien había venido con Edith y sus dos hijos para decirme adiós y tampoco me encontró... Al final yo me fui y nuestra despedida no fue posible...

Mientras iba en el bus, durante los primeros kilómetros y al mismo tiempo que contemplaba las colinas y el verde paisaje cafetero de mi terruño, a los que no sabia con certeza cuando volvería a ver, no dejaba de pensar también en mi familia, en todos mis amigos, partía con hermosos recuerdos vividos al lado de los alumnos, de tanta gente que amaba. De pronto, recordé la frase de David Ernesto con la cual me sugería fuera a visitarlo por ultima vez: “Venga, necesito contarle algo...”

Llevaría un mes en Europa, cuando recibí de mi familia la llamada una noche de plena estación de invierno para contarme una triste noticia. Mi amigo el apóstol había sucumbido por las balas de sus enemigos. Su ángel guardián no pudo hacer nada por salvarle... me contaron que fue un domingo por la tarde, justo después de la misa cuando había decidido partir con ciertos papeles importantes hacia la capital para denunciar los atropellos de ciertos grupos y personas contra la población sobretodo campesina. Cuentan que mi amigo fue obligado a descender de la furgoneta antes de llegar al primer poblado vecino por dos hombres encapuchados que salieron de entre los matorrales con sendas armas de fuego. Solo a él se lo llevaron. Y la gente inerme no pudo hacer nada presa del miedo... Como ya era la costumbre aquellos hombres “oscuros” y “anónimos” que uno no sabía a cuál bando pertenecían o no se quería saber por “cobarde seguridad” y que conducían a los defensores del honor y de la vida hacia el sacrificio...

El cuerpo sin vida fue hallado dos días después por campesinos cerca del lugar del secuestro. Un tiro de “gracia” como le llamaban los infames fue encontrado en su cabeza, disco duro de proceso de datos por la defensa de la justicia y la vida.

Todavía hoy está en el aire la pregunta sobre la autoría del asesinato de “nuestro abogado de los pobres”, como ha ocurrido con tantos otros hombres de nuestro continente, que siempre entendieron que creer en Jesús es estar dispuesto a dar la vida, y fueron consecuentes, valientes... Después de recibir la noticia, tardé en reponerme y tomar conciencia de lo sucedido, luego lloré amargamente, recé una oración en la lejanía por mi amigo de la viña, quien me enseñó con su testimonio y su vida de todos los días a beber el vino de la esperanza y de la alegría y del amor que no conoce el miedo. Esa noche me dormí mientras en ensoñación recordaba las entretenidas y fructíferas conversaciones que tuvimos en ambiente de fraternidad y camaradería por la justicia, sobre lo vano y lo profundo. No me fue posible visitarlo en su tumba, pero la fe en la que él mismo me aseguraba ahora con su entrega, me decía que estaba mejor ahora, y que su sacrificio no sería en vano...


Gustavo Quiceno

Camerún