miércoles, 31 de diciembre de 2008

LA ESPERANZA DEL NUEVO AÑO



Queridos amigos lectores:

La esperanza se hace más fuerte por estos días de fin de año. Cada quien hará balance de su vida, de las cosas buenas que realizó y las que dejó de hacer para crecer y progresar. Es obvio que hubo momentos felices, pero también momentos duros: crisis económicas, efectos desastrosos a causa del invierno, desencuentros con amigos, instituciones, discusiones y heridas familiares, etc.

Por ello, viviendo el final de este año , nuestra marcha y caminar existencial tendrá sentido para nosotros si fijamos nuevamente la mirada en el pesebre, si nos identificamos con la familia sagrada de Nazareth: Jesús, José y María, quienes se constituyen para cada uno de nosotros en paradigma, modelo a seguir para asumir la vida.
Del diario convivir de la Sagrada Familia, la de José, María y Jesús, sabemos muy poco. Si nos atenemos a los pocos datos que nos dan los evangelios, podemos deducir que no fue un convivir fácil y rutinario: Aquella familia fue SANTA y FELIZ, pero no a un precio fácil y muy accequible. Lo que les permitió a ellos permanecer unidos, a pesar de tantas dificultades fue el amor mutuo, la comprensión, la espera y confianza en el padre de los cielos.
Miren a José primero que todo, no fue fácil para él aceptar el embarazo de María y traerla a su casa tomándola como esposa...Se expuso a los rumores de la gente, inclusive pensó en denunciarla y hacerla apedrear, pero sintió el consuelo divino, la certificación del misterio y aceptó todo...pero no sin dudas e irresoluciones.
Jesús nació en el transcurso de un viaje accidentado y arriesgado y una vez que nació allá en Belén, nadie quiso acogerlos, sino que los rechazaron e hicieron que buscaran por albergue un establo con dos animales. Después para María no fue fácil comprender las actitudes del hijo hacia ella. Ya cuando se les extravió la primera vez en Jerusalén, después de tres días de larga y angustiante búsqueda hallaron a Jesús en el templo y este les reclama secamente por qué le buscaban. Ellos sin ocultar su preocupación le dijeron cuán afanosamente le buscaban y Jesús les responde: "No saben que debo estar ocupado en los asuntos de mi padre?".
Luego Jesús crece, cumple 30 años y decide salir de su casa y ser itinerante, proclamando el Reino de Dios, haciendo signos de curación y sanación. María le preocupa esto, las constantes ausencias de Jesús, los rumores que hacían sobre El, un hombre de 30 años que permanece célibe, sin familia, ausente permanentemente de su casa...Qué desconcierto y preocupación para la madre.
Luego Jesús confronta a las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, denuncia la corrupcion, se hace enemigos a montón y termina clavado en una cruz...María está al final, al lado de El, con el apóstol Juan...Así transcurre la vida de Jesús, antes de la resurrección. Una familia que ha tenido que vivir así, entre tanta angustia y sobresalto, ¿puede haber sido una familia santa y feliz? Sólo con una condición: que el amor haya sido el vínculo y ceñidor de la unidad familiar
Como vemos no fue fácil la vida de esta familia. En ella también se experimentaron las alegrías, los aciertos, los momentos felices...Pero también hubo dificultades, dolor, sufrimiento. Como seguramente la habremos sentido en lo recorrido de este año, en cada una de nuestras familias.
Sí, se puede ser santo y feliz, pero mientras el amor sea la base de todo, mientras el amor estreche los lazos y nos haga caer las escamas de los ojos para perdonar las ofensas, eliminar el rencor, exterminar el odio, no darle cabida a la indiferencia, dar espacio para el diálogo, la conciliación...

Que Dios los bendiga hoy y siempre,
Deseo que todos los sueños, propósitos y proyectos buenos en el año que comienza se vuelvan realidad.
Habrá verdadera felicidad y realización en nuestra vida cuando para obtener la paz en la familia, en el grupo de trabajo o de estudio y en la sociedad, nos preoucpemos ante todo por ser justos y equitativos sobretodo con los más necesitados.

POR QUE JESUS ES MEJOR QUE SANTA CLAUS?


Santa vive en el Polo Norte
JESÚS esta en todas partes.

Santa se pasea en trineo
JESÚS se pasea por el viento y camina sobre las aguas.

Santa viene una vez al año...
JESÚS es una ayuda siempre presente.

Santa llena tus calcetines con regalitos...
JESÚS suple todas tus necesidades.

Santa baja por tu chimenea sin invitación...
JESÚS se detiene en tu puerta y toca, después entra a tu lado cuando tú lo invitas.

Para ver a Santa tienes que hacer fila...
JESÚS está tan cerca como el hecho de mencionar su nombre.

Santa te deja sentarte en sus piernas...
JESÚS te deja descansar en sus brazos.

Santa no se sabe tu nombre, todo lo que puede decir es "Hola pequeño, como te llamas?"
JESÚS sabe tu nombre desde antes de que nacieras. No sólo sabe tu nombre, también sabe tu dirección. Él sabe tu historia y tu futuro.

Santa tiene una barriga que parece llena de mermelada...
JESÚS tiene un corazón lleno de amor.

Todo lo que Santa puede ofrecer es un HO! HO! HO!...
JESÚS ofrece salud, ayuda, esperanza.

Santa dice "No llores"...
JESÚS dice "Descansen sus preocupaciones en mí, que yo cuidaré de ustedes."

Los pequeños ayudantes de Santa hacen juguetes...
JESÚS hace nueva vida, repara corazones lastimados y arregla hogares rotos.

Santa puede hacerte sonreír...
JESÚS te da la alegría que es tu fuerza.

Santa deja regalos debajo de tu árbol...
JESÚS fue nuestro regalo y murió en una cruz que viene de un árbol.

Es obvio que no puede haber una comparación real.
Necesitamos recordar a Quien verdaderamente le da sentido a la Navidad.
Necesitamos poner a Jesús de regreso en Navidad.
Jesús es la verdadera razón de ser de esta época.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Vértigo: velocidad y consumismo en la época de los amores de usar y tirar.



Me permito transcribir este artículo muy interesante y por lo tanto actual, que nos puede ayudar a todos a una serena, profunda y madura reflexión personal.

Quisiera añadir que las inquietudes de Oscar Trujillo, comulgan con lo que pregona también en sus artículos el teólogo brasileño LEONARDO BOFF, respecto a la necesidad de encontrar la manera de construir una sociedad alternativa, más humana, más ralentizada, donde se de más importancia a los valores humanos , se tenga en cuenta la situación de los más desfavorecidos y se respete a la vez el planeta y todo el ecosistema.

Bien Oscar, un abrazo
GUSQUI TEOFILO

10/12/2008

Por Oscar Trujillo.

Me gustas: nos acostamos, te conozco, nos separamos, nos odiamos. Quizás he exagerado un poco en la síntesis, pero es la historia de una amor promedio cualquiera en la era del vértigo. La vida pasa rauda, las emociones se suceden a un ritmo súper sónico, demencial, y hacemos hasta lo imposible por no dejar que decaiga el nivel de euforia. La simple posibilidad de quietud, de encontrarnos a solas nos aterra. Queremos el amor, queremos el equilibrio, queremos la dicha, la perfección, el placer total, una vida infalible y sin contratiempos. ¡Y la queremos ya!, sin dilaciones, sin espera y sin que implique mayor esfuerzo. Con indiferencia de que la mayoría de las veces, nosotros mismos aún no estemos preparados para responsabilidades tan altas, y haya tanto que curar en nuestro interior antes, para poder ofrecer después, al menos, algo de valor a los demás.

Pero este vértigo no es sólo exclusividad de las relaciones sentimentales, es un reflejo de la era en que vivimos; Zigmunt Bauman en (“vida líquida” Ed. Paidos, 2005) ya nos da unas claves que retratan con exactitud los principios que rigen estos tiempos vertiginosos que habitamos: “ la sociedad moderna líquida es aquélla en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en unas rutinas determinadas” Esto explicado en términos “agropecuarios” Y en la vida cotidiana es algo así como: yo me compro un computador que es la última maravilla de la informática por mil trescientos euros, y tres años después se estropea, y el técnico me dice que en lugar de arreglarlo me sale más barato comprar otro, porque en 36 meses ya han salido 7 versiones diferentes de la misma marca, más modernas, con mejores prestaciones y que mi equipo, con todo respeto, ya está “desfasado” no tiene acceso a las últimas aplicaciones de moda. Para colmo ya no se consiguen fácilmente conectores ni baterías de repuesto para el modelo que tengo, supongo que por ser ya muy “antiguo” (…)

Lo mismo sucede con los carros, te van cambiando el modelo cada año, le incluyen más accesorios, le cambian el alerón, los retrovisores, los faros, y en menos de cinco años ya han sacado la versión nueva del mismo modelo, que no se parece en absoluto al carro que uno tiene, y que con sólo un lustro, ya ha perdido casi todo su valor comercial. Para obligarnos a “actualizarnos” y no perder el “tren de la modernidad”. Mire su armario; con chaquetas, blusas costosísimas, camisas bonitas, en su momento (hace dos años) y de buena calidad, colgadas en el último rincón, ropa que siempre hacemos a un lado cuando nos vamos a vestir porque: el estampado, los cuadros, las rayas o “X” material ya esta “desfasado”, 24 meses después, ya no se usa. Diez posturas, cinco lavadas… y al último rincón del armario. O lo que es lo mismo casi 90.000 pesos tirados a la basura por una camisa intacta muerta en vida. La sociedad devoradora de cosas endiosa el desperdicio, el exceso y la futilidad.

Así mismo nos van cambiando los íconos, los modelos a seguir, las tendencias artísticas con una velocidad sideral. Cuando aún no han dejado de promocionar y vender la infinidad de artículos de marketing de la última película para niños de Disney, Pixar o “Dreamworks”, ya está la otra presionando en cartelera para que el marketing de la misma inunde el mundo entero; perfectamente sincronizado con los restaurantes de comidas rápidas, los creadores de videojuegos, comics, camisetas, gorras y demás parafernalia mercantil asociada a un producto de éxito.
La moda, los gustos, las tendencias, la estética, las novedades arquitectónicas, literarias etcétera, cambian a un ritmo y manera imposible de seguir, asumir, y reemplazar para la inmensa mayoría de las personas que habitan este mundo, que aún así, se dejan la vida intentándolo. La voracidad consumista que hemos desarrollado no tiene límites.

De forma paradójica, antes que acercarnos a la felicidad, esta dinámica frenética lo único que consigue es causar más estrés, depresión y decepción al comprobar que nunca es suficiente, nunca alcanzamos a estar realmente “in”; que cuando ya creemos lograrlo, nos cambian las reglas, nos cambian los patrones, y la industria de la felicidad de oropel nos escupe su último catalogo con mil modelos más nuevos y sofisticados, que pasan a ocupar el lugar de objetivos de lo que ya tenemos, que obviamente ya se habrá convertido en “out”

Me viene bastante oportuna esta reflexión de Paul Valery: “ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento de fruto. Entonces todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿La mente humana puede dominar lo que la mente humana ha creado?”… Me temo, “monsieur” Valery que de momento se nos ha salido de las manos. Si es que alguna vez lo hemos tenido controlado.

Es evidente que inmersos en esta vorágine de sensaciones, de estímulos que nos bombardean por todos lados y de los cuales (muy a nuestro pesar) no podemos abstraernos del todo, estamos metidos hasta el cuello en la mierda de obligaciones que el poder en la sombra (las multinacionales) nos cuelan por todas las rendijas. Si queremos un trabajo decente, tenemos que entrar en el juego: aparentar, llevar el “disfraz” que exijan en nuestra oficina, o compañía: “ser dóciles”, mantener “un nivel” aunque nos sintamos repugnantes de hacerlo, de ser y vivir así.

Sin embargo salvo que seamos futbolistas de élite, artistas consagrados, políticos corruptos o narcotraficantes, que pueden vivir eternamente sin trabajar un solo dia más de su vida con lo que ya tienen; la “gente normal” tiene que laborar en oficios y profesiones para las que ha estudiado y se ha preparado, (o en cualquier sitio donde le paguen un sueldo digno aunque no sea su profesión) y casi siempre, haciendo de tripas corazón, termina entrando en “el sistema” aunque haya sido rebelde contra el “establishment”, y “echado piedra” en su época estudiantil, y se tape la nariz cuando contempla lo que tiene que hacer para ganarse el pan.


En una época de pauperización, temporalidad y fugacidad de los trabajos, gracias a las salvajes reformas laborales neo liberales, las relaciones humanas, de pareja o familiares no escapan a este voraz torbellino de velocidad: reemplazar antes que curar. Incapaces de separarnos de los designios y presión de una sociedad risueña y perfecta que se anuncia en las series de televisión, películas, revistas y publicidad que agobia por todos los flancos, buscamos de manera desesperada la horma ideal para nuestras frustraciones en forma de posibles amigos perfectos, amantes 5 estrellas, y amores interinos bajo prueba constante, con mínimo margen de error. Huimos a la primera dificultad, tiramos la toalla y nos marchamos heridos de ver que alguien nos devuelve ante el espejo una imagen tan imperfecta y caprichosa como la nuestra.

Nadie soporta a nadie, y nadie quiere hacer sacrificios o concesiones. Los matrimonios duran en el mejor de los casos un promedio de cinco años, más galvanizados y sostenidos por los hijos y las deudas en común, que por un amor que valga la pena. Idealizamos con desesperación y mucha ansiedad cualquier espejismo bienintencionado, que medio quepa en nuestras necesidades estéticas, que “parezca sintonizar”, y que pueda encajar en la pasarela emocional de los sueños consumistas sentimentales, que de forma expresa o subliminal, nos han sido bombardeados desde niños. Perdemos la perspectiva de nuestras limitaciones y verdaderas necesidades, y jugamos a enamorarnos sin siquiera conocernos antes, tan urgidos, tan desbocados, que como es apenas lógico, el resultado es bastante predecible.

Y cuando aún nos retorcemos de dolor por la decepción, sin siquiera tomarnos tiempo para curarnos y meditar al respecto; ya tenemos dos ilusiones nuevas en remojo, en la mira, para no tener que quedarnos solos, para no tener que enfrentar las carencias y aceptar que aún no hemos madurado lo suficiente, entre otras cosas, por estar sentados siempre ante un computador, o jugando con una consola, hibernando ante la pantalla del televisor, o dejando media vida (literal) en una empresa explotadora que odiamos, y donde permanecemos tan sólo para ganar más dinero, que nos permita comprar mejor ropa, cosas, un carro más nuevo y ultra modernos electrodomésticos. Tenemos trabajo, (cada vez más precario) tenemos muchas cosas, demasiados objetos adornando nuestra vida, pero todo sucede tan rápido que no nos queda tiempo de saborearlo, de digerirlo, ni de acomodarnos en una existencia con verdadero valor.

Italo Calvino en (“Las ciudades invisibles” Ed. Siruela, 1998) nos pinta una inquietante fábula en Eutropia, una ciudad cuyos habitantes en cuanto se sienten presa del hastío y ya no puede soportar su trabajo ni a sus parientes, ni su casa ni su vida, “se mudan a la ciudad siguiente” donde cada uno conseguirá un nuevo empleo, y una esposa distinta, verá otro paisaje al abrir la ventana, y dedicará el tiempo a pasatiempos, amigos y chismes distintos” Sin duda al paso que vamos, no tardaran en empezarnos a ofrecer algo parecido en agencias de viajes, condominios caribeños, planes de pensiones o de seguros de vida para ejecutivos con dinero y “yuppies” deprimidos.

Hoy ya no importa tanto ser personas admiradas por nuestro arte, oficio o cualidades: queremos tener plata y ser famosos a cualquier precio, y a la mayor brevedad. Entendiéndose por “famoso” alguien que es conocido por ser una persona muy conocida, sin más, con indiferencia del valor que tenga como ser humano, y aunque esa “fama” sea producto de una estafa, de una venta o revelación de intimidades eróticas ante un despecho por una ex amante que nos abandonó, o simplemente por haber salido en un “reality show” de los que copan la parrilla televisiva con los más altos índices de audiencia y acogida.

No tenemos paciencia, no tenemos vocación, capacidad de sufrimiento, no tenemos ningún apego por la disciplina, el rigor y evadimos cualquier esfuerzo por mejorar como seres humanos que esté fundamentado a medio o largo plazo, o que implique esfuerzo. Queremos satisfacción, queremos placer intenso, queremos euforia constante y no podemos esperar ni un minuto más. Por eso siempre estamos tentados a tomar el atajo, el camino más corto, el pasaporte directo a la fama.

Al marketing lo mueve y lo mantiene la estimulación de los deseos espontáneos de la gente…la velocidad, la sobre exposición, mantener la excitación latente, en el límite pero sin colmarla del todo, para que siempre queramos más, para que la rueda nunca pare. Los valores sólidos, los gustos fieles no son bien vistos por este monstruo consumista que todo lo devora. Hay que hacer apología a las pasiones más bajas, al egoísmo más radical: “quiero mi placer y lo quiero ya…por que yo lo valgo”. Hay que cohonestar la individualidad más extrema, y venderle al cliente que todos los seres humanos tenemos el “derecho” de adquirir esa felicidad empaquetada y modificada cada seis meses, tenemos “el derecho” a tener la ultima consola de Sony, zapatillas de Nike, o el último Teléfono de cuarta generación Nokia, aunque el que guardamos en el bolsillo funcione perfectamente y lo hayamos cambiado tan sólo hace un año.

No sé a donde irá a parar todo esto, sólo digo que tiene mala pinta. El “desplome” económico mundial es una evidencia de que hemos estado viviendo con el agua al cuello, por encima de nuestras posibilidades, y presionados por grupos económicos cuya solvencia era humo, estaba cimentada en la probable regularidad, fidelidad y enajenación para mantener nuestro consumo. Se vendía humo, se compraba humo y sólo unos pocos se embolsaban el dinero real. Se creaban diez mil necesidades estúpidas, y se cambiaban dos o tres veces al año. No podemos seguir produciendo a un ritmo tan demencial, somos ya demasiados seres humanos en este castigado planeta, y queda apenas nada que destruir y saquear. Los abismos entre los pocos privilegiados y los que no entran en el engranaje de los posibles clientes, no para de crecer, este modelo ha colapsado, tendremos que cambiar nuestros hábitos, tendremos que replantear lo que significaba progreso, civilización, desarrollo…tendremos que aprender a vivir con menos, esto no es progreso, ni es libertad ni es nada.

Del mismo modo, habrá que mirar nuestras relaciones con los demás con más calma, recordar que el amor no es un sentimiento lineal cuya cotización en bolsa suba de forma gradual y a la par con nuestra preparación intelectual, profesional o el dinero o éxito que creamos tener. El amor verdadero no tiene época para llegar, no avisa, y no tiene por qué aparecer necesariamente en la primera parte de la vida. Hay que ir despacio, probando disfrutando, e intentando conocernos antes de depositar todos nuestros ahorros emocionales en alguien. Hay que aprender a disfrutar de la incertidumbre, hay que volver a valorar el esfuerzo y la paciencia como virtudes, antes que como asquerosos impedimentos que nos impiden disfrutar de un hedonismo radical en constante celo; hay que desligarnos en nuestra vida íntima de la orgía de presión inmediatista y destructiva que nos asalta por todos lados.

Este mundo nos lleva al límite, nos lleva a toda máquina recalentada, y el vértigo, la exagerada velocidad no nos permite ver el paisaje, las sombras se suceden informes, y la vida se va llenando de lagunas, de evasiones, de espacios sin habitar, de frustraciones enquistadas, maquilladas en medio de una aparente abundancia hipotecada. Hay que ser muy estrecho de miras (o tener muchos intereses económicos en juego) para no considerar que el modelo que traemos, ha fracasado, y que debemos emprender un nuevo camino donde las cosas, los afectos, y las personas que nos importan duren más.


¿Estaría usted dispuesto a trabajar menos, vivir más, y hacerlo con la mitad de lo que gana, con la mitad de las cosas que tiene?


oscartruma72@hotmail.com


Tomado de la página web
http://www.vive.in/bogota/comentarios.php?id_recurso=450014699&id_foro=&id_blog=4303823&titulo=V%E9rtigo%3A+velocidad+y+consumismo+en+la+%E9poca+de+los+amores+de+usar+y+tirar.&url=un_articulo.php%3Fid_recurso%3D450014699%26id_blog%3D4303823%26id_foro%3D&fecha=&numcomentarios=13&posicion=10&hasta=20&pagActual=2&paginitaActual=1

viernes, 7 de noviembre de 2008

ALBERT CAMUS: En los 95 años de su nacimiento




Es posible una religión sin dios? Se puede ser verdaderamente humano y a la vez declararse ateo? La bondad es acaso exclusiva del ser humano religioso?
Estas son sólo algunas preguntas a las cuales confronta con sus lectores el escritor en lengua francesa ALBERT CAMUS.
Nacido un día como hoy el 7 de noviembre de 1913, hace exactamente 95 años, sería este autor entre otros que me sacudiera de mi adormecimiento intelectual, propio de la adolescencia. Cuando lo encontré por primera vez frisaba ya los 18 y yo cursaba el undécimo grado en la Normal La Candelaria de mi pueblo Marquetalia. Mi espíritu más que ensimismado se tornaba agnóstico en cuestiones de religión y rebelde sin causa ante los acontecimientos de mi entorno y mi mundo interior.
La lucha interna, mi combate , consistía entre aprobar o asumir lo que me enseñaba la religión católica, propia de mi ambiente de hogar, de pueblo y de colegio, y los valores e ideales de la filosofía existencial aprehendida en la lectura de libros literarios y filosóficos. En ese momento no se me venía a la cabeza (o no era aun propio de la época) verbos como “conciliar”, “sintetizar” o “armonizar”…No, eran los días en que se debía tomar Posición y entonces se caía en la angustia, el cuestionamiento, la crisis y en el peor de los casos en el fundamentalismo.
Libros como las novelas de Albert Camus e ideas filosóficas con respecto al existencialismo de otros autores como J.P Sastre , me llevaban a confrontar sus pensamientos con lo que se me había inculcado hasta ese momento.
Al confrontar aquellos dos representantes del “existencialismo ateo”, denotaba una diferencia para mí importante y descollante entre ambos, mientras que el pesimismo de Sastre con respecto a Dios cuestionaba y desconcertaba, haciendo ver la vida realmente absurda y sin sentido, veía en los postulados de Camus una visión de la existencia distinguida más por la esperanza, el optimismo alegre. Mismo si él negaba a Dios y pregonaba el absurdo en ciertos acontecimientos de la vida del hombre , al final demostraba que sólo cuando los hombres trabajan en grupo, se ayudan y se solidarizan frente a la tragedia, este mundo puede ser más amable.

“La peste” fue el primer libro de Camus que leí justo en el último año de colegio. Y para graduarme y aprobar el área de español y literatura , debíamos escoger una obra de algún autor que se hubiera comprendido en aquel año. Y sin saber por qué me encontré de frente con Camus y su mundo tan convulsionado , trágico pero a la vez atractivo representado en “la peste”.
La novela que había encontrado en algún rincón de la pequeña y limitada biblioteca de mi colegio contenía pocas páginas y recuerdo con nitidez que en su pasta bajo el gran título aparecía una calavera pintada a lapiz pintada de color sepia sobre un color naranja.
La obra la leí en cuestión de dos meses, al mismo tiempo realicé el informe de lectura y una mañana de noviembre poco antes de graduarnos , me dieron una hora para exponer rápidamente ante mis compañeros el argumento de la novela, describir sus personajes y de algún modo exponer mi pensamiento y conclusiones personales respecto al libro.
Aquella lectura camusina me atrapó y desde entonces me declaré un seguidor apasionado de este autor franco argelino.
Por ejemplo en la peste, Camus narra y describe de manera tan elocuente y atractiva, en sencillo lenguaje , provocando que el lector se fascine y se forme las imágenes en su cabeza como si estuviera visionando ante una pantalla gigante .
En “la peste” nos presenta un pueblo argelino , en los años 50 que es amenazado y posteriormente tomado por la peste, queda en cuarentena , aislado sus personajes con sus almas, sueños y miedos.

"La peste" es una novela contemporánea de carácter humanista, en la que el autor narra la historia de la ciudad de Orán cuando se ve afectada repentinamente por una peste, y como durante esta etapa valores como la moral, la honestidad y la solidaridad invaden los corazones de algunos de los personajes.
Despues de la peste me encontre con "El extranjero", en ella Camus cuenta la historia de Mersault, quien es un hombre sencillo que disfruta de la rutina de su vida. La muerte de su madre cambia de algún modo esa rutina. También, empieza una relación con una chica y traba amistad con uno de sus vecinos. Esta amistad le traerá varios problemas, entre ellos un asesinato. Meursault irá a la carcel y tendrá que ser juzgado.

Camus nació en Argelia y estudió en la universidad de Argel. Sus estudios se interrumpieron pronto debido a una tuberculosis. Formó una compañía de teatro de aficionados; también trabajó como periodista. En 1939, publicó Bodas. En 1940, se trasladó a París y formó parte de la redacción del periódico Paris-Soir. Durante la II Guerra Mundial fue miembro activo de la Resistencia francesa y de 1945 a 1947, director de Combat, una publicación clandestina.
Camus logra su primer éxito con El extranjero (1942) y en el mismo año El mito de Sísifo. Más tarde aparece Calígula (1945). En su novela La Peste (1947) Camus reconoce el valor de ciertos seres humanos ante los desastres. Sus obras posteriores destacadas son La caída (1956), El hombre rebelde (1951), Estado de sitio (1948); y El exilio y el reino (1957). Colecciones de sus trabajos periodísticos aparecieron con el título de Actuelles (3 vols. , 1950, 1953 y 1958) y El verano (1954). En 1994, se publicó la novela incompleta en la que trabajaba cuando murió, El primer hombre. Sus Cuadernos, que cubren los años 1935 a 1951, también se publicaron póstumamente en dos volúmenes (1962 y 1964). Camus, que obtuvo en 1957 el Premio Nobel de Literatura, murió en un accidente de coche en Villeblerin (Francia) el 4 de enero de 1960.