Transcribo este interesante articulo sobre Jesuscristo en el cine. La semana pasada , el dia 9 de abril, en pleno jueves santo, al parecer un especialista en el septimo arte, publicô este comentario a propôsito de Jesûs de Nazarteh y las inspiraciones que ha despertado en el cine. Despuês compartirê mi opiniôn tabiên, respecto a tan interesante tema).
(Mini documental de la Tv Espanola (TVE) sobre Jesucristo en el cine (1a Parte)
Durante muchos años el irrepetible director danés (para algunos, uno de los cuatro o cinco directores más profundos, enigmáticos y colosales de la entera historia del cine) Carl Theodor Dreyer, coqueteó con la ida de un gran filme sobre la vida de Jesucristo, que finalmente nunca llevó a cabo. Qué duda cabe que el director de la grandiosa ‘Ordet’, quizá la cumbre del cine sobre la fé, podría haber formalizado la película definitiva sobre una de las figuras más míticas de la historia del hombre. Sólo se me ocurre, así a bote pronto, que o él o Andrei Tarkovski (Ingmar Bergman, un artista tan obsesionado con la religión, pienso que podría haber logrado un gran film sobre el anticristo, por contra) eran los únicos que podrían haber conseguido lo que nadie hasta ahora ha logrado. Con la excepción del gran Pasolini, aunque luego hablaremos de su aportación
Y es que podríamos recapacitar sobre la no muy extensa filmografía acerca de esta figura, a medio camino entre histórica y mitológica, siempre polémica, cuya leyenda excede con mucho a su relativizada existencia, si es que tuvo lugar tal existencia. Muertos aquellos grandes directores nombrados, no se me ocurre ahora mismo a ningún cineasta capaz de acometer una empresa tan compleja. Y no es que todos los que anteriormente lo intentaron fracasaran miserablemente, nada de eso. Pero me parece indudable que ni uno solo se acercó algo al misterio de aquel gran hombre. ¿Puede el cine realmente capturar su carácter, ese que ha generado ríos de tinta en literatura?
Ahora mismo la más famosa película sobre Jesucristo, la que muchos consideran la mejor, la más verdadera y plausible, es la película de Mel Gibson, por supuesto, aquel exitazo que gozó de una de esas campañas de promoción maquiavélicas, con aquellas manifestaciones de los judíos en Estados Unidos, que protestaban alegando que ellos no eran los culpables, y que la película les culpaba de todo, porqueque seguramente fueron los instigadores. Pero todo eso sirvió para sobredimensionar una película fallida en la mayoría de sus propuestas, y que no se merece gozar del apelativo de “película definitiva sobre Jesús”, ni muchísimo menos. Gibson tenía la intención de lograrlo, con esa visión fervorosa de su ídolo que, sin embargo, lo desdibujaba tanto.
El principal problema de esa famosa ‘The Passion of the Christ’ (que se traduciría como ‘La pasión del Cristo’, no como ‘La pasión de Cristo’, torpes señores traductores…) es su terrible falta de ritmo. Es decir, de tratamiento del tiempo interno de los planos. No hay por donde coger un artefacto tan amorfo, carente de la menor fuerza expresiva, más allá de la truculenta colección de barbaridades aplicadas al cuerpo del Rabí, que tanto daño hicieron al ánimo de los espectadores, y que tanto avivó, al mismo tiempo, su morbo por ver la película. Y es que Gibson, en su reaccionaria, abyecta decisión de convertir el dolor físico no en camino de aprendizaje (como hace el gran arte) sino en objeto último de su película (el dolor por el dolor), lo que logra es destruir su objetivo, pues la razón por la que la gente se acercó al cine a verla fue por razones que nada tenían que ver con motivos estéticos o espirituales.
(Mini documental de tv espanola (TVE) 2a parte sobre Jesucristo e el cine)
Tampoco puede defenderse una correcta documentación histórica, esa que tanto arguyeron sus defensores. Está probado que no clavaron al Rabí al travesaño a través de las palmas de sus manos (que no habrían resistido el peso en la crucifixión, y se desgarrarían…) sino en las muñecas. Tampoco cargó con la cruz entera, pues en las crucifixiones de la época está documentado que sólo portaban el travesaño (tal como explican en textos apócrifos y no apócrifos…). Y varios errores y desajustes más que no detallaremos. Pero lo más grave es que en ningún momento nos acercamos al misterio de este hombre inabarcable. Los episodios de la discusión sobre las sillas para la mesa, o el de la salvación de Maria Magdalena (una prostituta que los textos sacros quieren hacer pasar, absurdamente, por “mujer adúltera”), filmado como si de un videoclip de Madonna se tratase.
Los diálogos de Jesús, que deberían ser fundamentales para ofrecer un perfil, o al menos estudiarlo, están tratados con indiferencia, sin el menor encanto y fascinación, sino desde una vergonzante posición de beato venerador que no entiende aquello que escucha. El esfuerzo físico de Jim Caviezel, por tanto, se pierde en la nada. En comparación, la breve y hermosa aparición (para mí, la más bella secuencia de aquella película) de Jesús, cuando le ofrece agua a Charlton Heston en la irregular ‘Ben-Hur’, resulta mucho más inquietante y hermoso. Y eso que nunca se le ve el rostro y el momento dura poquísimo, pero ahí tenemos la sensación (en la mirada de Heston y en la del oficial romano que se queda petrificado) de que “algo” nos acercamos al mito. Algo. Parece mentira que dos minutos de película puedan valer más que ciento veinte.
Y es que la obviedad no suele funcionar cuando se trata de hechos históricos, sobre todo tan ambiguos como estos. Lo que suele funcionar mucho mejor es la distancia, por ejemplo la distancia paródica. En este caso tenemos el paradigma paródico con la sensacional ‘La vida de Brian’, de los ínclitos Monty Python, un largometraje que suscitó las iras del Vaticano, secta de los bienpensantes y bienintencionados que quiso boicotear esta sátira arrolladora, desternillante, por muy sorprendente que pueda parecernos tantos años después. No dejan títere con cabeza los cómicos británicos, pero su acidez es inocua, no pretendía ofender, y en su parodia parecen al mismo tiempo homenajear cierto tipo de cine sobre la fé.
En ella, contando una vida paralela a la de Cristo, la del pringao Brian, consiguen mucho más que en la de Gibson, o incluso que en la académica y epidérmica ‘King of Kings’ (del siempre intenso Nicholas Ray), porque a lo mejor la vida de Cristo, o su pasión, no pueden contarse sino por omisión, por fuera de campo, alejándose del siempre farragoso mito para tomar perspectiva y ofrecer una visión nueva, revitalizadora, dramática en definitiva. Siento mucho más reales, más verdaderos, cualquiera de los desvergonzados gags de aquella sátira que los diálogos engolados y los planos estáticos de la película de Ray, por mucho que el bueno (y apuesto) de Jeffrey Hunter se dejara los cuernos en el intento. Pienso que Jesús se merece algo más que una presentación, un nudo y un desenlace. Mucho más. Para empezar más coraje.
Ahora bien, tampoco me vuelve loco el Cristo de Pasolini, por mucho que admire a ese director y a su ‘El evangelio según San Mateo’. Y no veo a un Cristo suficientemente denso porque la voluntad de esa película, más que lírica o descriptiva, es metafórica, de parábola, tanto social como política. Pasolini, fiel a sí mismo aunque le dedique la película a quien se la dedica, no puede quedarse, lo que le honra, en una simple adaptación del evangelio, sino que por cada poro de las imágenes de su película emana ese ideal poético del mundo que acompañaría a cada acto vital de este artista irrepetible. Le importaba menos Jesús, en definitiva, de lo que necesitaba dejar claro el paralelismo entre aquel sinsentido y el del mundo actual. Era una fuga, más que una vivencia. Un exilio espiritual. Algo parecido sucede con la estupenda ‘La última tentación de Cristo’, en la que tenemos a un Cristo que es otro Cristo, uno que quizá pudo haber existido. Scorsese se alejó de todos los tópicos, y le hizo un ser humano a ratos despreciable. Pero así es el gran Scorsese, siempre buscando la espiritualidad en el fango.
Sin embargo creo que ‘Jesuschrist Superstar’, con sus tremendas limitaciones, sí que tiene momentos conmovedores, como corresponde, creo yo, al relato de la vida y muerte de Jesús. La pena es que esté dirigida por un hombre con tan escasa imaginación visual como Norman Jewison, que se limitó a dotar de una insípida y absurda puesta en escena a la genial música de Andrew Lloyd Webber. Basta escuchar los impresionantes acordes de la apertura, acompañados de las torpes imágenes de Jewison (¿cómo se le ocurre, con esa música dinámica, pegar unos planos tan prosaicos, tan carentes de dinamismo?) para hacerse una idea de lo que va a ser el conjunto. El tono naif es casi insoportable, pero lo cierto es que hay momentos de gran fuerza y viveza, como el episodio del ungüento. Todos ellos tienen como protagonista al extraordinario Carl Anderson, que interpretaba a Judas, un intérprete con gran voz, que cada vez que aparecía lograba con su sola presencia elevar la energía en pantalla.
Escribo todo esto porque pienso que esta es, realmente, “la más grande historia jamás contada”, a la que han hecho justicia grandes pintores, y grandes músicos como J.S. Bach, pero que con sinceridad creo no han conocido émulos en la cinematografía, al menos a esa altura. Y es la historia más grande jamás contada, porque desconozco, como todos, excepto los fanáticos o los privilegiados, cuanto de verdad hay en ella, o mejor dicho, cuánto de realidad. Puede haber tenido lugar, o puede ser pura invención, pero sea como sea, ni el Shakespeare, ni el Lope, ni el Cervantes más inspirado podría haber construido una historia como esta. Su fuerza, su dramatismo, no tienen parangón en la entera historia de la literatura. Así de sencillo. Esa última cena con sus discípulos, tan manipulada por la historia; esa elección de sus guardaespaldas (pues eso creo que eran los apóstoles, ya que iban armados con espadas…) tan errada, pues uno lo negó, otro le vendió y otro no le creyó; esa salvación del apedreamiento cobarde de la prostituta María Magdalena, con la que según algunos aseguran llegó a casarse y tener hijos.
Y por supuesto esa traición de Judas, quien le delató con un beso por unos pocos dineros; esa sanación, para muchos apócrifa, de la oreja cercenada del soldado; la breve entrevista con Pilatos, quien sí le creyó honrado; el cruel juicio con los fariseos, que le humillaron; la posterior tortura, que le destrozó el cuerpo; las vejaciones de los soldados, el encuentro con Simón, el controvertido “eclipse” final…Todo ello, claro está, tratado con una mirada única, distinta, inocente, podría dar lugar a algo muy especial, que de momento creo que no tenemos. Además, esta historia permite múltiples puntos de vista. Se puede entender a Judas y a Cristo como dos íntimos amigos que se separan por las formas (y algo de esto se sugiere, sólo se sugiere, en la película de Jewison). Se puede contar la historia de un criminal de estado (que eso es lo que fue), apresado y ajusticiado, cuyas ideas trascendieron su misma persona. Se puede hacer terror, acción, aventura. Comedia también, como se ha demostrado.
Pero claro, para eso haría falta un talento fuera de lo común. Algo…sobrenatural.
En Blogdecine:
Un espacio para compartir nostalgias nunca olvidadas en torno a la musica, la literatura, el cine, la TV y reflexiones sobre vivencias de fe cristiano- CATOLICAS, diversas utopías y proyectos que nos hagan más humanos, fraternales y felices. Mi nuevo sitio es: http://padregusqui.blogspot.ca
martes, 14 de abril de 2009
domingo, 12 de abril de 2009
La crisis economica tambien toca a las instituciones religiosas
Escuchen acâ , a mi hermano Padre Felipe Acosta,ecônomo del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal (Comunidad a la que pertenezco), hablando para Caracol Radio en Colombia sobr la dura situaciô econômica que tambiên estâ afectando a las instituciones religiosas y misioneras.
martes, 7 de abril de 2009
En los 120 anos del nacimiento de la gran Gabriela Mistral

1889 -1957
GABRIELA MISTRAL .
La experiencia es un billete de lotería comprado después del sorteo.
(Gabriela Mistral)
(DAR CLICK EN EL VIDEO PAR MIRAR EL MOMENTO EN QUE LE ES ENREGADO EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA)
Nació en la ciudad de Vicuña, cuarta región, Chile. Hija de Juan Jerónimo Godoy y Petronila Alcayaga, quienes la bautizaron con el nombre de Lucila. A los tres años su padre abandona la familia. En 1904 colabora en el periódico "Coquimbo", de La Serena, utilizando los seudónimos de "Alguien", "Soledad" y "Alma". A los quince años empieza a trabajar, en la Escuela de La Compañia, aldea vecina a Vicuña. A los 17 años conoce a Romelio Ureta, empleado de Ferrocarriles, "el amor de su vida". Durante este período, da clases en la escuela de La Cantera. En 1907 escribe para los periódicos "La Voz de Elqui" y "La Reforma". Un año después figura en la antología "Literatura Coquimbana" de L. Carlos Soto Ayala, en la cual éste le dedica un breve estudio y selecciona tres prosas poéticas de la autora: "Ensoñación", "Junto al mar" y "Carta íntima". El 25 de noviembre de 1909, a los 26 años de edad, se suicida en Coquimbo, Romelio Ureta. En sus bolsillos se encontró una tarjeta con el nombre de Lucila Godoy. Ella es inspectora en el Liceo de Señoritas de La Serena. Destacada educadora, visitó México, Estados Unidos y Europa estudiando las escuelas y métodos educativos de estos países. Fue profesora invitada en las universidades de Barnard, Middlebury y Puerto Rico. A partir de 1933, y durante el perido de veinte años, trabajó como cónsul de su país en ciudades como Madrid, Lisboa y Los Ángeles, entre otras. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, alemán y sueco, e fue muy influyente en la obra creativa de muchos escritores latinoamericanos posteriores, como Pablo Neruda y Octavio Paz. Sus diversos poemas escritos para los niños se recitan y cantan en muy diversos países. En 1945 fue el primer escritor latinoamericano que consiguió el Premio Nobel de Literatura. En 1951, le otorgaron el Premio Nacional de Literatura de su país. Hija de un profesor rural y con una hermanastra de la misma profesión, Gabriela Mistral, con temprana vocación por el magisterio, llegó a ser directora de varios liceos fiscales. Su fama como poetisa llegó en 1914,tras haber sido premiada en unos Juegos Florales por sus Sonetos de la muerte, inspirados en el suicidio de su gran amor, el joven Romelio Ureta. A este concurso se presentó con el seudónimo que desde entonces la acompañaría toda su vida. A su primer libro de poemas, Desolación (1922), le siguieron Ternura (1924), Tala (1938), Lagar (1954) y otros. Tras una larga enfermedad, fallece el 10 de enero de 1957, a las 4,10 horas, en el Hospital General de Hempstead, en Nueva York. Sus restos reciben el homenaje del pueblo chileno, declarándose tres días de duelo oficial. Se le rinden homenajes en todo el Continente y en la mayoría de los países del mundo.
(Desolación, 1922)
La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.
El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.
¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!
Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que son míos;
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos,
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos.
Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta.
Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la "noche larga" ahora tan solo empieza.
Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que vine para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales;
¡siempre será su altura bajando de los cielos!
Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada
viernes, 20 de marzo de 2009
EN LOS 15 ANOS DE LA RESURRECCION DE MI ABUELO FABIO

El papá a de mi mama era un hombre bueno. Bueno por su actitud ante la vida, su sentido del humor especial y remarcable, bueno por sus buenos sentimientos, su prudencia, su silencio acertado en las diferentes situaciones de la vida, su espíritu de paz, su fe en Dios sin muchas rimbombancias…en fin.
Hoy cuando en la familia contamos ya 15 años desde su partida, quiero escribir estas líneas en homenaje a él, porque además de haber sido mi abuelo materno, fue mi padrino de bautismo y fue quien al parecer eligió mi nombre GUSTAVO.
Mis primeros recuerdos de su figura y su presencia se grabaron en mi cabeza, mi mundo y existencia de infante entre los 5 y los 12 anos. Papa Fabio y Mamita Rubi tuvieron una gran finca en la Vereda El Placer justo en la frontera con la otra vereda los Zainos, la verdad no se por cuánto tiempo habitaron allí, quizás unos 30 años , etapa que empezaron desde el día de su matrimonio y esperaron hasta que todos su hijos crecieran y se defendieran , para asi salir de allí y emigrar después a la zona urbana de nuestro inolvidable y entrañable Marquetalia.
Pero tengo entendido que mis abuelos en varias ocasiones , al menos dos veces , por lo que mi memoria me dice, se trasladaron del campo al pueblo. En un primer momento ensayaron por allá en 1975 o1976, contaba yo con 7 años . Dejaron la finca en administración y A alguien le habían arrendado un negocio de abarrote pequeño con una casa vivienda detrás de esta por toda la calle principal del pueblo. Me contaba mi mama, su hija mayor, que en el cielo éste, que aquella empresa de la pequeña tienda no duro mucho tiempo por la poca paciencia de mi abuelo y su desidia para vender tantas pequeñas cosas. Decidieron regresar al campo y allí creo que mi abuelo era más feliz, pues mi abuela se adaptaba al parecer fácilmente a todo.
Son inolvidables las navidades que se celebraban en aquel refugio y propiedad de los abuelos. Cada fin de ano nos reuníamos mucha familia, se sacrificaba un cerdo, se quemaba mucha pólvora y se intercambiaban muchos regalos y los niños éramos los más afortunados y por tanto felices. Si , nosotros, ajenos a toda preocupación trascendental o propia de los adultos, fuera sentimental, económica, espiritual. Nosotros éramos la esperanza, la razón , el origen de aquellas felicidades.
Nuestro abuelo Fabio nos hacia reír con sus ocurrencias, sus frases lapidarias, espontáneas y alegres Y que EN OCASIONES después de un pequeño susto daban origen a la risa relajada, blanca e inocente. Por ejemplo algunas veces nos acercábamos a êl (y esto lo hizo siempre hasta su final) y como niños curiosos de verle su posición continua del cuerpo al escuchar la música popular que le encantaba, nuestro abuelo sentado sobre la cama o una silla cerraba los ojos e mantenía inclinada su cabeza por ratos prolongados…Maliciosamente el esperaba que estuviera alguien muy cerca para de una manera súbita levantar la cabeza, mirar a la persona y enseguida dar una palmoteada fuerte a la vez que gritaba graciosamente: “AHÍ VIENE EL PEGUE!”, de Ahí saliamos a correr o minimo uno se sobresaltaba y daba libertad a una soberana carcajada, feliz, alegre y yo diría terapéutica. Era como el juego preferido del abuelo que en esos anos estaba joven frisando los 50 quizas.
En alguna semblanza que hacia también de su esposa, nuestra querida Mama Ruby , destacaba el poco entusiasmo que Papa Fabio ponía a las cuestiones y obligaciones de los negocios, de los trabajos de la casa y la finca. Todo lo había delegado por mutuo acuerdo a la abuela, que siempre apareció ante nosotros, su familia y cercanos como la matrona, la patrona, la que tomaba las decisiones en casa en asuntos de dinero, de bienestar, etc. De este modo aparecían las cosas, me pregunto entonces si las cosas fueron siempre de esta manera durante la vida que ambos compartieron juntos, o solo fue en los últimos años. A lo mejor siempre fue así por lo que uno escucha de tíos (hermanos suyos) y sus hijos mayores. EN todo caso uno no veía incomodo al abuelo ni infeliz, aparentemente gustaba mirar la vida sin tantas preocupaciones, contentándose de vivir bien, en paz y con buena salud. El abuelo siempre hablaba lo necesario, cuando debía corregir o se le invitaba a hablar para dar una opinión, o sino el tomaba libremente la palabra, cuando quería, para hacer sus chistes originales y propios.
Mi abuelo me enseno a amar a Dios, la familia y a todos los seres humanos. No me lo ensenaba con extensos discursos o teorías vanas, me lo transmitía con sus actitudes y gestos ante las diversas circunstancias de la vida.
Mi abuelo me heredo su carácter pacífico, su mirada meditativa y reflexiva de la existencia , ese especie de diálogo continuo con Dios y la comprensión o mejor actitud sabia ante lo desconocido y el misterio.
Mi abuelo me transmitió su sentido del humor, fino, ingenuo. Me ensenó a mostrarle una sonrisa a la vida , misma si esta a veces aparece ante nosotros como dura, cruel y despiadada.
Mi abuelo me ensenó a amar la música popular, sobretodo de artistas como Los Trovadores de Cuyo, El Conjunto América y El caballero Gaucho, eso sin contar Los Relicarios, Los pamperos, todos esos artistas que estuvieron en boga en aquellos fines de los 70 y comienzos de los 80s.
Pero sobretodo mi abuelo y mi abuela me ensenaron a amar la vida, a darle un sentido continuamente, a no desfallecer o tirar la toalla ante los problemas, las angustias, que no faltan.
Saben? Mi abuelo hasta el último minuto amo profundamente la vida, no quería irse de este mundo, “era alguien muy apegado a la vida”, destacaba en él su gusto por vivir, por disfrutar cada cosa, cada evento…lamentablemente un accidente post operatorio aceleró su partida de este mundo. Aquejado de un tumor en el estomago, algo así como una gastritis severa, se hizo operar. La intervención fue exitosa, pero el error de alguien en la clínica (le dieron un vaso de jugo o algo liquido que causo la peritonitis letal), donde estaba le costó la vida que tanto amaba. Tenía 74 años si no me equivoco y hoy 20 de marzo del 2009, exactamente celebramos 15 años de su resurrección. En el cielo “Tío tigre” como lo apodaron después sus sobrinos y algunos amigos en Cali donde paso los últimos años (1990-1994), debe estar riéndose y haciendo reír…
Nos cuida, nos guarda, intercede por nosotros ante Dios y nos siga enviando su legado, su mensaje de que a pesar de que todo parezca a veces oscuro, difícil no dejemos de luchar, de creer en Dios y estar convencidos de que no estamos solos, que en el silencio, se encuentra a Dios, se encuentra la soledad también eterna compañera. Que la música está ahí para hacernos soñar, para volar y trascender el mundo…
Dios te tenga en su gloria amado Papa Fabio, abuelo del corazón, Tío “simpático tigre”.
Hudson, Quebec, Canadá
Marzo 20 2009
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