lunes, 13 de octubre de 2008

10 días en el pesebre de oro colombiano: Marmato (Parte III)



HIMNO DE MARMATO
I
Es Marmato pueblo de mineros
Que aun buscan el filón con ardor
Negros titanes picapedreros
Y de sus campos hermoso verdor

II

De poetas Marmato es la cuna
A su cerro adorna el socavón
Sus entrañas guardan gran fortuna
Que son divisas de nuestra nación
III
Los moragas fueron su destino,
Frentes y vetas en labor están
Triturando los oros el molino
El patrimonio a sus hijos le dan
IV
Es Marmato pesebre en la cima,
Una montaña rica en mineral
Caparrosas, piritas y minas
Centro aurífero y colonial


Fue mucho lo que observé, viví y reflexioné sobre esta tierra, pero no puedo dejar a un lado esta experiencia de encuentro, sin invitarlos a ustedes , queridos lectores ,a conocer y tomar posición sobre una situación o realidad de este pueblo y sus habitantes y sobre la cual los medios de comunicación social hablan muy poco; en resumen les digo que se pretende hacer algo injusto, puesto que como siempre en este país se presta más interés a los asuntos de plata que a los asuntos humanos, culturales y por ende sociales.Para que comprendan más ampliamente lo que les quiero decir , dejaré que sea otros más avezados sobre el tema , y a la vez más comprometidos para que les narren también a través de este mi blog, lo que está pasando con el Pesebre de Oro Colombiano y sus habitantes…
Primero el testimonio del cineasta LISANDRO DUQUE, quien en noviembre pasado visitara esta región. Aquí el aparte final de una de sus columnas en el Espectador, escrita en enero pasado:

“…De lo que quiero ocuparme es de un hecho que percibí desde cuando llegué a Marmato hace apenas tres meses: sus habitantes temen que el pueblo les va a ser borrado del mapa. Esa amenaza se deriva de la venta que hizo Mineros Nacionales, por 35 millones de dólares, de sus derechos a la transnacional canadiense Colombia Goldfields. Los nuevos propietarios quieren explotar “a cielo abierto”, lo que significará tirar por el rodadero las casas de la cumbre y echárselas encima, junto con la montaña, al resto del municipio. Un Armero deliberado e insaciable para el que no sería necesario un volcán próximo.

Pero como no todo lo que brilla es oro, los marmateños aman su pueblo y están parados en la raya de que no van a dejarse bajar de su nube, ni de más arriba. El debate es cultural y literalmente de altura.

De momento, cito al senador Jorge Enrique Robledo, quien sobre este caso hará un debate en el Congreso:

“Se discute si la supuesta necesidad de destruir a Marmato y desplazar a sus habitantes obedece a que están en una zona de riesgo por avalancha o a que en su subsuelo existe un yacimiento de oro que una trasnacional quiere explotar. (…) Curioso que en un país donde casi todos sus habitantes están en algún tipo de riesgo —inundación, sismo, erupción volcánica o avalancha—, sin que ningún gobierno haga nada por atenderlos, ocurra que sí haya tanta preocupación por la suerte de los marmateños, los únicos que viven encima de una mina de oro. Habrá que mirar cuál es el verdadero nivel de riesgo y por qué razones, cuántas y cuáles son las edificaciones amenazadas y qué debe hacerse con ellas, porque bien extraño sería que el riesgo natural coincidiera exactamente con lo que le conviene a la trasnacional. La discusión sobre qué motiva destruir a Marmato y desplazarlo, guarda otra implicación. Porque si el desplazamiento es por riesgo de avalancha, los costos del traslado deberá pagarlos el Estado, pero si es por negocio minero, dichos costos deberá asumirlos la empresa que se enriquecerá con la erradicación. Y estamos hablando de una suma de 40 mil millones de pesos, dado que hay que construir todo un pueblo con unas 300 edificaciones (viviendas, iglesia, escuela, colegio, hospital, alcaldía, etc.)”.

Siquiera se murió mi abuelo.

10 días en el pesebre de oro colombiano (Parte II)


Y sigo con el cuento de MARMATO.
En verdad fue una corta estadía, pero hice lo posible por vivir con intensidad cada día.
En mi calidad de sacerdote, tuve la oportunidad de abrir puertas y suscitar confianza entre algunas familias…Hice a la vez, el encuentro espontáneo de varios jóvenes sobretodo “mototaxistas” que me transportaron de un lugar a otro. Así fue como visite varias veces el corregimiento de San Juan, descendí al llano y monté a una de las veredas más bellas “LA Cuchilla” en límites con caramenta y conocí una de las minas más grandes y organizadas del municipio, ubicada en el sitio conocido como “La Palma”, y cuya razón social es MINEROS NACIONALES.
El jueves 25 de septiembre exactamente se me dio la oportunidad de incursionar en las minas, gracias a la invitación y el coraje de la señora Gloria Valencia quien es la encargada de Recursos humanos en dicha empresa. El ingeniero Cesar Cano, también paisa, fue mi guía por los recovecos de las minas, donde puede contemplar la realidad de esos topos humanos que día a día desafían a la muerte, exponiéndose con riesgo a derrumbes de tierra que los puede tapar, a las contusiones que pueden sufrir por un desafortunado golpe o una mal esquivada de maquinas y pequeños trenes.
Don César Cano , mientras me acompañaba me describía a la vez el funcionamiento de la mina, la manera cómo se desarrolla cada actividad. En la mina trabajan alrededor de 700 personas, sólo hombres adultos. Ellos se reparten en tres jornadas diarias de 7 de la mañana a 3 de la tarde , de 3 a 11 de la noche y de 11 de la noche a 7 de la mañana.
A medida que íbamos encontrando a los mineros solos en grupos, don César me presentaba como el padrecito que estaba en Marmato, unos pocos se les ocurría solicitarme la bendición para ellos, mientras otros me sugerían que repartiera bendiciones mientras recorría las minas.
Las tierras sobre las que se levanta el municipio, conocido eufemísticamente como el Cerro de Oro, ya que la explotación del metal viene desde tiempos precolombinos, fueron habitadas por la tribu de los supías. Sebastián de Belalcázar fue el primer conquistador que pasó por sus dominios. Sus primeros pobladores fueron algunos españoles de la Ciudad de Santa Fe de Antioquia cuyos nombres no se conservan.
Su fundación parece que fue en 1540 y años siguientes; los españoles le dieron el nombre de Cartama, nombre que la historia no conservó. Un río, el Cauca al que se suma el Arquía riegan su suelo, con el agregado de algunas quebradas.

En estadísticas de la década de los 50 en Marmato había 522 minas en producción, 320 de ellas propiedad de la nación.
En el municipio se encuentran las famosas minas de oro de Marmato y Echandía, en explotación desde 1537, las cuales constituyen un distrito minero de aproximadamente 25 Km2.

Históricamente el municipio de Marmato ha sustentado su economía en la explotación minera, constituyéndose esta actividad en la principal fuente de ingresos y empleo para sus habitantes. Los ingresos varían de acuerdo a la cantidad y calidad del oro extraído. Marmato es el primer productor de oro en el departamento de Caldas y el más antiguo del país.
Los sistemas de explotación siguen siendo tan rudimentarios como en el siglo XVI. Las perforaciones se hacen con taladros manuales, el transporte del material hasta la bocamina, se sigue haciendo en coches empujados por hombres; en los entables de propiedad del estado, la trituración del material aún se hace en los viejos molinos californianos y la cianuración se realiza por el sistema percolación, que no es el más apropiado, pues se pierde mucho mineral.
En general la actividad minera en Marmato, se realiza de manera indiscriminada y con sistemas artesanales y obsoletos, conformado por 230 minas en actividad y 20 molinos de beneficio, de los cuales tres son propiedad del estado, que trabajan a menos de la mitad de su capacidad, por causa de la mala administración y mantenimiento; situación que obliga a los pequeños mineros, a utilizar las plantas de los particulares para beneficiar el oro, incrementando costos de producción, pero que a la larga se obtienen otros beneficios, por ser estar tecnificados y eficientes.
La historia de Marmato está traspasada por la superstición de sus gentes, por el dolor que se cuela entre las líneas de poetas y escritores, por esa vida cotidiana del minero que dentro de la mina fragua un extraño imaginario que reproduce una gente aguerrida, gente cuya fuerza explota la roca y cuya mente le da vida al misterio. Allí, en la mina, la historia se hace eternamente presente y, por ello el oro incrustado en la roca se convierte en la fuente de donde se extrae información esencial para entender lo que es un Marmateño.
Marmato es como una mina, sus intersticios y vericuetos se perciben en el transitar continuo por los caminos de piedra que comienzan en el casco urbano y se expanden como senderos de herradura, hasta llegar así a veredas llenas de magia y misticismo, donde se cuentan leyendas de duendes y espantos y se conversa con brujas.
(CONTINUARA)

domingo, 12 de octubre de 2008

10 días sobre el pesebre de oro colombiano (Parte I)


Porque es que hay otro pesebre en Colombia, si...Y es Oporapa (Huila).
A finales de agosto me hicieron la propuesta de venir a Marmato (Caldas).
Sin pensarlo dos veces acepté ir para reemplazar por unos días al actual párroco del pueblo Padre Alirio Calderon Losada.
Allí estuve la semana comprendida entre el 20 y 28 de septiembre.
Fueron 10 días de descanso, cambio de ambiente y descubrimiento de cosas nuevas.
Conocimiento humano ante todo del reverendo que me invitaba y acogía , perteneciente a la Diócesis de Pereira.
Encontré en el joven sacerdote huilense, natural de Oporapa (el otro pesebre natural, sencillo) un hombre descomplicado, simpático y afable, que hace esfuerzos por guiar a una comunidad más bien poco amiga de frecuentar la iglesia, pero al parecer enraizada por su fe en muchas devociones populares.

Con el Padre Alirio hice buenas migas en el poco tiempo que compartí con él.
A partir del domingo 21 de septiembre en la tarde fui dejado a cargo de la parroquia, Alirio salió para su casa familiar con el fin de descansar durante el tiempo que yo lo reemplazaría.

De Marmato tenía somera información, conservada en mi mente y con desorden, fruto de lecturas en mi adolescencia y juventud y poco profundas y espontáneas en el Diario La Patria, el periódico regional de Caldas. Recordaba así que alguna vez había escuchado de su geografía única y particular y que producía algún metal, pues tenía minas, pero no recordaba con precisión cuál metal…Y me encontré con que se le reconocía a nivel nacional con el nombre de “pesebre de oro de Colombia”.

A la cabecera municipal se llega por una carretera de 7Km. Que se desprende de la Troncal de Occidente, entre La Felisa, (Caldas), y La Pintada, (Antioquia), en el sitio conocido como “La Garrucha del Rayo”. También se llega a Marmato, por un carreteable de 19 Km. que lo une con el municipio de Supia, pasando por el corregimiento de San Juan. La cabecera municipal dista de Manizales 142 Km por la vía a la Felisa. Por ésta ruta accedí yo al pesebre caldense.

Marmato fue descubierto en el año de 1536 por los soldados que bajo la orden del conquistador español Sebastián de Belalcazar, se encontraban a cargo del mariscal Jorge Robledo. En 1538 el conquistador Jorge Badillo y sus soldados reconocieron el territorio pero al parecer no se animaron a permanecer en la región debido a que sus pobladores aborígenes (Los Cartamas ) se encontraban en pie de guerra.
Se sabe que a mediados del siglo XVI, las minas eran ya explotadas bajo orientación española, siendo la minería del Oro la actividad principal de la región. Por esta razón en 1625 figura Marmato como un Real de Minas ( poblamiento provisional de una cuadrilla de soldados en las inmediaciones de una explotación minera). El real de minas de Marmato, en ese año, ya se componía de dos encomiendas (Territorio asignado o encomendado a un español, con un grupo de indígenas que debían pagarle un tributo a la corona española).

Por acá anduvo hace poco el director y guionista de cine Don Lisandro Duque quien describe así un poco la geografía de Marmato:
…”La cumbre urbana del pueblo recuerda la cabeza pelada de esas aves rapaces que tienen un collar de plumas blancas en la garganta. Como quien dice que en esa topografía, para ver las nubes desde la ventana, hay que mirar hacia abajo. En serio. Un escritor local, Alberto Gallego Estrada, describía así el trayecto entre la iglesia y la plaza principal: “empezamos el vía crucis por empinadas escaleras de piedra en trayectos de siete cuadras”. Y no exageró al escribir que “los aviones pasan como humillándose, pidiendo permiso para no enredarse en los balcones”. Los habitantes de Marmato, ni yendo a las minas llegan con la lengua afuera, ni regresando a sus casas se ruedan. Son gente vertical, que mira desde arriba proverbialmente. Los precipicios le han dado carácter. Como el resto del mundo comienza debajo de sus pies, manejan una arrogancia paisajística que no pueden con ella, y les sobra razón.

El oro se explota allí desde 1537, cuando el mariscal Robledo, y luego el resto de conquistadores, se metieron a la región y, quitándoselo a los aborígenes que lo utilizaban para ceremoniales, comenzaron a mandarlo para España. Luego el vil metal se les entregó a los ingleses. Después de la Guerra de los Mil Días, se le escrituró de balde al general Vásquez Cobo, quien no le dejaba agarrar ni media pepita a nadie. Todo para él. A los mineros locales se les hostilizó durante siglos, no obstante aquellos suelos ser suyos ancestralmente y sus logros en el hallazgo del precioso producto ser precarios. Eso cambió, y hoy en día se les permiten concesiones y entables a 57 pequeños mineros que con tecnología modesta proveen empleo a unas 500 personas. Por su parte, la empresa Mineros Nacionales S.A., adjudicataria del 60% de la explotación, cuenta con 700 trabajadores marmateños. Sumados esos 1.500 asalariados, la subsistencia de 4.000 habitantes del municipio es asunto resuelto, aunque a medias, y en todo caso no es el tema a tratar en este artículo”...
(CONTINUARA)