martes, 9 de agosto de 2011

14 de agosto del 2011 20o domingo del tiempo ordinario




A guise de introducción:


LA FE DE LOS OTROS (...o lOS DEMAS)


El encuentro de Jesús con la cananea que nos ofrece hoy la palabra de Dios nos recuerda que la salvación (vida eterna, felicidad, plenitud) se ofrece a todo el mundo. Mantengamos nuestros corazones y nuestros espíritus despiertos y abiertos, ahora  cuando nos disponemos a nuestra meditación

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Es seguro que en todas nuestras familias tenemos ex católicos, es decir, tíos, primos y hasta hermanos y hermanas, mismo padres que un día estuvieron en nuestro rebaño, pero hoy en día hacen parte de una nueva pequeña o gran comunidad, llámese protestante, cristiana, evangélica, etc.

En mi familia por ejemplo, tengo  unos cuantos tíos y primos, que después de dos largas décadas permanecen en esas iglesias. No niego que al principio fue difícil mantener una relación afable y cordial con ellos, pero después, gracias a la paciencia y al dialogo sesudo enriquecedor, pudimos seguir reencontrándonos en armonía y amistad.

Pienso que se ha evolucionado inmensamente en esta parte y hoy es posible dialogar con la gran mayoría de grupos con los que tenemos en común la fe en Jesucristo, la misión, la caridad y el respeto a la vida y a la justicia. La gran mayoría de las veces nuestras polémicas o desencuentros se centran en cuestiones dogmáticas, litúrgicas o ritualistas que no contribuyen grandemente a acrecentar y o progresar en ese entendimiento.

Esto en cuanto al dialogo ecuménico, se ha avanzado, pero es interesante ver que también en  lo que se refiere al diálogo interreligioso, a pesar de los integrismos o radicalismos  se ha logrado crecer. Por ejemplo en África, particularmente en Camerún yo fui testigo de la actitud abierta y cordial de comunidades musulmanas hacia nuestra iglesia católica, donde el respeto y el ánimo de dialogar se incentivaban. De hecho personalmente tenía muchos amigos islámicos que nos recriminaban con “suavidad” el haber aceptado a Jesús como el Hijo de Dios y el profeta definitivo minusvalorando a Mahoma, su gran profeta.

Con seguridad que nuestras maneras de orar (encontrarnos con Dios) y nuestras percepciones de Dios  respecto al mundo ecuménico y el universo de las diversas religiones, pueden ser diferentes, pero ello nunca puede ser un obstáculo para mantener el diálogo y la amistad.

En el transcurso de su vida, Jesús en muchas ocasiones encontró personas de diversos grupos religiosos. El evangelio de hoy nos lo presenta cara a cara con una mujer cananea. Ella le pide por tres veces la sanación de su hija enferma. Y de repente, Jesús se conmueve y es tocado profundamente por la fe y la determinación de la oración de esta mujer. Yendo más allá de la frontera que separa a los paganos de su comunidad de Israel, Jesús cura a la enferma. Así, pues  ofrece la salvación a toda persona que pondrá su confianza en Él.

Dios ya había anunciado por su profeta Isaías que su casa se llamaría: “casa de oración para todos los pueblos” (Isaías 56,7).

Dentro de la sociedad pluralista como la nuestra, la fe de los otros nos llama  a la acogida mutua y al dialogo. Y para intercambiar de manera abierta, Dios hace venir misteriosamente su reino de justicia y de paz.



COMENTARIO BREVE DE LOS TEXTOS

Isaías 56, 1.6-7

La salvación se ofrece a todos los que observan los mandamientos del señor, que se dedican a servirle, que le ofrecen sus oraciones. Esta salvación se ofrece a todos, poco importa que sean judíos o extranjeros.
Y si la afirmación es fuerte a favor de los extranjeros, es para ir en contra de la común opinión que quería que solo el pueblo de Israel se beneficiara de los favores divinos.

Desde el Antiguo Testamento, se vislumbra la Voluntad de Dios de ofrecer su salvación de manera indistinta a todo ser humano que practique la justicia. En este sentido Dios quiere educar a su pueblo.

Salmo 66

Repercute en la afirmación de Isaías y anticipa lo que dirá San Pablo: “Todos los pueblos”, están invitados a proclamar a Dios sobre “toda la extensión de la tierra”.

Romanos 11,13…32

El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos precisa y hace mas claro la enseñanza de Isaías. Sabemos de la célebre controversia que lo había confrontado con Pedro luego del Concilio de Jerusalén (Hechos 15 y Gálatas 2): “el evangelio no esta hecho solamente para los judíos sino también para los paganos incircuncisos”.
Dios, afirma Pablo, a envuelto toda la humanidad sin distinción en su misericordia, ya que todos han desobedecido. Y los dones que Dios ofrece a la humanidad son sin arrepentimiento: por pura bondad ante la infidelidad humana, Dios no retoma lo que ha regalado.

Si, para Isaías, la salvación de Dios es ante todo dada, según la fidelidad humana a la ley, para Pablo, ella es donada (dada) a causa de la misericordia de Dios. Es necesario decir que estas dos aproximaciones no se oponen, pero se complementan?

Mateo 15,21-28

En este pasaje del evangelio, Jesús va ilustrar concretamente la misma verdad. Él ha superado las fronteras de la Judea para refugiarse en la región de Tiro y Sidón, una tierra extranjera. Y he aquí que una extranjera, una cananea, un “perrito”, como los judíos llamaban a los no judíos, lo va a llevar a cruzar otra frontera: Jesús es ante todo enviado a las “ovejas perdidas” de Israel; es la “fe grande “de esta mujer que lo llevara a extender su acción a toda la humanidad. Y es a “todas las naciones” que Cristo Resucitado enviara a sus apóstoles.

Jesús rompe así las barreras estrechas de una salvación ofrecida exclusivamente a Israel y demuestra que los “extranjeros”, los marginados, tienen también acceso a esa salvación de acuerdo a su fe.

APROXIMACION PSICOLOGICA DEL EVANGELIO
Jean-Luc Hétu (En "Les options de Jésus", traducido del francés)

El confrontador confrontado

Hoy en la gran red virtual (internet) son muy famosos los llamados foros y salas de chat, los grupos de amigos (Facebook, Messenger) que permiten intercambiar ideas, archivos, fotos, películas, vínculos de acuerdo con un gusto o interés común.

En toda sociedad, los hombres y mujeres se organizan en subgrupos a partir de sus afinidades ideológicas, sus comunes gustos personales e intereses comunes.

Con todo esto se adquiere cierta seguridad, confort, aceptación, “poder” y matricularse (pertenecer) a un grupo que les permite la mayor parte del tiempo, caminar, avanzar con la cabeza alta y orgullo delante no importa quién.
Igual ocurría en el tiempo de Jesús, donde tales subgrupos abundaban: grandes sacerdotes, zelotas, la comunidad de los esenios, los fariseos, los ancianos, las corporaciones de honor como los carpinteros, etc.

Y fuera de estos privilegiados, había la gran masa de aquellos que estaban perdidos entre los grupos y como a la deriva: los sin empleo, los sin familia, los sin historia, los sin dinero, los sin cultura, los sin fe ni ley…

Ahora, Jesús vibra profundamente ante esta masa de perdidos, y es al mismo tiempo en relación con ellos que Él define su acción. Es a los “sin grupo”, a  “las ovejas perdidas”, que yo siento que “yo he sido enviado” (v.24).

En el presente episodio, la primera reacción de Jesús de cara a la mujer cananea sorprende un poco. Es como si Él le dijera: “lo lamento, pero tú no clasificas en mi sector, tu no figuras (apareces) en mi lista de prioridades. Yo he hecho una opción de clase, yo me reservo para los proletarios judíos”...

La reacción de la mujer es conmovedora por su simplicidad: “Es verdad”, y yo respeto tu opción; pero mismo, justamente  yo soy una marginada; cuando alguien se contenta con el resto de los otros,  quizás es porque uno no está en una posición muy alta en la escala social…

Y Jesús se conmueve, ha sido tocado. Él se entrega a lo evidente. El que marca a menudo puntos contra los fariseos, acaba de hacerse contar uno contra Él. Pero a diferencia para estos últimos, lo que acaba de ocurrir no es humillante para Jesús,  y más bien despierta en Él una admiración frente a esta mujer que acaba de confrontarlo. “Eres tu quien tiene razón, yo estoy sorprendido, conmovido por la manera en que tu crees en tu pensamiento (idea)”. Aquel que no quería, acepta y aquella que ha permanecido e insistido en sus objetivos, obtiene lo que quiere.

REFLEXION

Reconciliación en las diferencias

Las lecturas de este domingo 20º del tiempo ordinario nos invitan como siempre  a la esperanza y a la conversión. 

Estamos llamados a pasar de una dinámica de exclusión a una dinámica de solidaridad humana, de la exacerbación de las diferencias al encuentro del otro dentro del respeto de sus diferencias.

La esperanza no solo está reservada para nosotros…
Las poblaciones mundiales son a menudo consideradas en el sentido anverso-reverso, cara-sello (cruz, dirían los españoles).
Últimamente, y  gracias a los tele y radio noticieros, internet y  periódicos, hemos podido ver y escuchar los desafíos que debían atravesar pueblos africanos tomados por las guerras civiles (Costa de Marfil, Kenya, etc).

Pueblos árabes han manifestado en las calles, arriesgando su vida, en pro de cambiar regímenes políticos y pedir más justicia.

El pueblo japonés se ha enfrentado en batalla con tesón y coraje ante las consecuencias miedosas de un terremoto de fuerza inigualable, de un tsunami arrasador y de una amenaza nuclear bastante seria. Personalmente me ha sorprendido o conmovido ver con regularidad en periódicos y pantallas titulares que superan los hechos simples, titulares tenidos de humanidad: “Esperanza en Japón”; “esperanza en Libia”. ESPERANZA. Los otros---aquellos y aquellas que están lejos, que no son cercanos de nuestra cotidianidad, de nuestra cultura, de nuestras convicciones---a ellos también les  es anunciada la esperanza. Es bien, aquello que anunciaba ya el profeta Isaías.

Cuando los otros se hacen próximos (prójimos)
En el evangelio de la mujer cananea, los discípulos le  piden a Jesús que intervenga a favor de esta mujer extranjera. Ella no es de los suyos, pero escuchan su clamor. Nosotros escuchamos el clamor de los otros, confrontados a la adversidad. Y oramos al Señor, y actuamos para que aquellos que no son de los nuestros sean socorridos, ayudados en su desgracia.  Pues con los viajes, los medios de comunicación, las migraciones, la mundialización, estos extranjeros devienen próximos. Una persona de mi vecindario o comunidad es japonesa: su familia está allá, luchando contra la crisis. Un colega es africano, otro es árabe. Circunstancias de la vida han hecho que nos encontremos, intercambiemos y nos descubramos mutuamente. Personas que son lejanas han llegado a ser próximas, cercanas. Ellos nos han ayudado.

Acoger la diferencia:
La actitud de Jesús de cara a la cananea sorprende, como la actitud de Pablo en su carta a los Romanos. Jesús y Pablo parecen hacer distinciones o diferencias. En realidad, si mismo ellos han llegado a ser cercanos (próximos) , los otros continúan siendo “otros”.

Nosotros nos vemos confrontados al hecho de que existen diferencias que no podemos borrar sin atentar contra la identidad profunda de los otros. Fundamentalmente, todos nosotros somos diferentes.

Después de la Resurrección de Jesús, la comunidad cristiana evoca este encuentro de Jesús con la mujer cananea. Jesús no borra la diferencia. Él considera esta mujer como una extranjera. Y al mismo tiempo al acceder a su petición, Él, Cristo se hace comida. Ella pide migajas, Él, es el pan. Él no rechaza darse a ella y a todos aquellos y aquellas que lo invocan con fe. El pan es compartido con los “otros” también. La cananea lo recibe, no como algo “debido”, pero con humildad, simplicidad, y al mismo tiempo con confianza.

Pan del encuentro con el “otro”
En el  encuentro, la colaboración y ayuda mutua, la solidaridad, las personas lejanas se hacen cercanas, se convierten en nuestro prójimo (próximo) y Dios se hace presente. 

El encuentro, la colaboración y solidaridad mutuos, llegan a ser alimento interior, el pan de nuestras vidas. Es esto lo que significa y realiza misteriosamente la EUCARISTIA. Ella alimenta, nutre nuestra relación con el prójimo. Ella nos llama a la reconciliación. Y así, unidos misteriosamente como hermanos y hermanas humanos, nosotros compartimos la vida de Dios.

Puntilla:

Abraham Lincoln (presidente de USA* 1809-1865), hombre de una grande fe escribía: “No digas jamás que Dios está de tu lado. Ora más bien para estar del lado de Dios”. Ponerse del lado de Dios, quiere decir, considerar a todos los seres humanos como hermanos y hermanas. El gran santo Tomas de Aquino (gran sacerdote, filósofo y teólogo italiano* 1225-1274) agregaba:“Aquel que tiene la fe ve todo con los ojos de Dios”.

La admiración de Jesús por esta pobre mujer de Canaán nos invita a reflexionar durante esta semana sobre nuestras propias discriminaciones (todos tenemos alguna) e indica la actitud que hemos de adoptar hacia aquellos y aquellas que son diferentes a nosotros…

Buena semana…


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Gustavo Quiceno