miércoles, 6 de julio de 2011

10 de julio del 2011 : 15o Domingo del tiempo ordinario A



A GUISA DE INTRODUCCION

Dios persiste y siembra

Al releer la parábola de este domingo, me ha resultado difícil comprender la lógica del sembrador. La semilla es preciosa. Por qué entonces lanzar con negligencia y como con cierto desinterés los granos al bordo del camino, en el suelo pedregoso  y entre las espinas? No hubiera sido más sensato sembrar únicamente entre la buena tierra?

Cuando uno piensa por un momento se da cuenta de que igual que el sembrador del evangelio,  la comunidad cristiana actúa de la misma manera. Los resultados no se presentan siempre según nuestras expectativas ni responden totalmente a nuestros objetivos o ideales y sin embargo nosotros seguimos catequizando a los niños, iniciándolos en los sacramentos, presentándole a Jesús nuestro Señor y nuestro Dios.

A través de nuestras palabras y nuestra vida, invitamos a todos a acoger la Palabra del Evangelio y a vivir en comunión con Cristo.

Nos parecemos mucho al sembrador de la parábola.

La Buena Nueva (noticia) es que  el sembrador es  Cristo mismo. Él no sigue la lógica de los hombres, sino la de Dios: “Aquello que es locura para el mundo, Dios lo ha escogido para confundir a los sabios; lo que es débil para el mundo, Dios lo ha escogido para confundir a aquellos que son fuertes” (1 Cor 1,27).

Estamos invitados a imitar a Cristo cuando sembramos generosamente, lanzando la semilla  a los 4 vientos. Tengamos confianza. Dios lo ha prometido: “Mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi sin resultado, sin haber realizado lo que yo quiero, sin haber cumplido su misión” (Isaías 55,11).



UNA APROXIMACION PSICOLOGICA y POLITICA DEL EVANGELIO:

Dos experiencias superpuestas:

La parábola del sembrador es un buen ejemplo de la parábola que ha perdido su contexto y su significado primitivo. Llegando a ser un enigma, se le ha transformado en una alegoría, imaginando un sentido simbólico para cada detalle de la historia.

Varios indicios nos llevan a pensar esto.

Primero que todo, cuando Jesús traía a colación una parábola sobre determinada situación real, Él no tenía necesidad de explicarla, porque una buena historia no tiene necesidad de explicación. De otro modo, faltaría el efecto u objetivo a alcanzar.

Enseguida, una cuestión lingüística: en el parágrafo de la interpretación de la parábola  (v.v 18-23) hay varias palabras desconocidas en el resto de los 3 primeros evangelios, pero que llegaron a ser expresiones espirituales típicas dentro de la iglesia primitiva: sembrar por anunciar (el evangelio), raíz por enraizamiento (interiorización, interioridad), hombre de un momento: expresión griega que no tiene equivalente en la lengua hebrea de Jesús, palabra en el sentido de Evangelio, de enseñanza…

Tercero, en boca de Jesús, la imagen de la cosecha tiene siempre un sentido escatológico, es decir, relacionado con la venida de Dios (en los últimos tiempos, en el juicio final) que llegará para tomar posesión de su Reino.

El sentido original y o primero de la parábola utilizada por Jesús seria en verdad el siguiente: en su recorrido ningún accidente  podrá impedirle a Dios hacer desbordar o explotar (mostrar) la abundancia de su amor; el reino debuta en una situación anodina, aparentemente marcada por la resistencia y el fantasma de los fracasos, pero la explosión de la fiesta no será menos sorprendente. De este modo entonces también esta parábola  se acerca a la significación precisa de las otras parábolas  sobre el crecimiento y la fermentación del Reino, que siguen inmediatamente a este relato (Mateo 13,24-35).

Pero cuando el evangelio comienza a ponerse por escrito, ya no se trata de convencer a la gente de que el Reino está llegando, como en el tiempo de Jesús; se trata más bien de convencer, de perseverar en la fe a pesar de las dificultades, la persecución y la seducción de las riquezas (vv.21-22). Es ahora que se orienta la parábola hacia una alegoría que presenta las diferentes cualidades de la fe e invita a los creyentes en dificultad  a tener coraje  y a profundizar en su fidelidad en el sentido de su primera opción. Así, la parábola no habla ya más del Reino que se acerca (que viene) sino de la fidelidad a conservar!

La parábola del sembrador tal como se nos presenta hoy, además de comunicarnos las convicciones íntimas de Jesús,  nos da acceso a la experiencia de los primeros creyentes (cristianos). Y para nosotros hoy, los dos mensajes se pueden fusionar: por la calidad (el ejemplo) de vuestra vida, vosotros acogéis desde ya este amor que explotará muy pronto   (o se manifestara con magnificencia) en una fiesta universal.


POR QUE LAS PARABOLAS?

Mateo atribuye a Jesús una razón bien desconcertante sobre el por qué de la utilización de parábolas: Él las habría empleado para evitar que los otros auditores distintos a los doce comprendieran lo que él quería decir.

Y para apoyar esta explicación, Mateo pone en boca de Jesús una cita de Isaías donde Yahvé manda al profeta: “vuelve pesado el corazón de este pueblo, hazlo sordo (duro de oreja), véndale les ojos, de miedo que sus ojos no vean, que sus oídos no escuchen, que su corazón no comprenda…” (Is 6,9-10).

Pero más allá de la cuestión sobre las parábolas, Mateo se concentra acá en el problema del rechazo de Jesús, que se encuentra sistemáticamente descrito en los dos capítulos que preceden. Se le hace necesario explicar el cómo es posible que un liberador enviado por Dios sea rechazado por aquellos mismos que Él viene a liberar.

Para resolver este problema,  Mateo, siguiendo a Marcos utiliza conjuntamente dos soluciones. De un lado, la citación de Isaías dejando entender que Dios había previsto el rechazo de su enviado.

Enseguida, Mateo separa los auditores de Jesús en dos grupos bien distintos: de un lado las multitudes a las cuales Él se dirige (les habla) en parábolas (vv.3 y 10), y del otro lado el grupo de los discípulos, a quienes explica el sentido de esas mismas parábolas (vv.18).

En la época cuando el redactor del evangelio se pone a trabajar, ya habían pasado 40 años después de la muerte de Jesús.

Lo esencial del contenido de las parábolas ha sido conservado, pero muchas de entre ellas habían perdido de manera irremediable el contexto preciso de su utilización y con ello el objetivo con el cual Jesús las había empleado (cfr. Mateo 7,6; Mateo 24,28). Ahora comprendemos  por qué los redactores de los evangelios han llegado a ver las parábolas como enigmas.

Partiendo de esto, era bien tentador pensar que Jesús había servido los enigmas para la gente que tenían mal disposición con Él y que había reservado las explicaciones pertinentes a aquellos que se mostraban más receptivos, a saber los apóstoles.

Estas observaciones  nos permiten entonces percibir y o distinguir claramente las preocupaciones del evangelista, sin eliminar o pasar por alto la realidad de la sorda resistencia a la cual Jesús se vio expuesto.

Con la ayuda de las parábolas y de otros métodos, Jesús fue a las cuestiones de fondo y tal como hoy uno no ha querido seguirle hasta allá.



 REFLEXION

El sembrador salió a sembrar


La parábola como género literario estaba muy presente en la literatura hebrea. Se conocen alrededor de 3.000 parábolas y Jesús las utilizaba con regularidad. 

 El rabino Klausner de la universidad hebraica de Jerusalén, decía que las parábolas de Jesús se constituyen en lo mejor de la literatura judía.

La palabra « parábola », en hebreo «mâchâl», significa “relato simbólico destinado a hacer descubrir un significado escondido”.  La parábola no se impone, ella propone y despierta. Ella manifiesta un gran respeto por los oyentes y se dirige a la capacidad de imaginación de aquellos que la escuchan.

Durante tres domingos consecutivos, vamos a escuchar las 7 parábolas que Mateo ha agrupado en el tercer gran discurso de su evangelio. Jesús se encuentra en un momento difícil de su ministerio: se enfrenta a la hostilidad abierta de los jefes religiosos que han decidido de eliminarlo y a la indiferencia de las multitudes que están decepcionadas por este Mesias que no quiere avanzar hacia la acción política.

En la parábola del sembrador, el interés de Jesús está dirigido hacia la semilla del Reino de Dios.  En respuesta a esta semilla, los primeros cristianos tenían la preocupación y o el deseo de llegar poco a poco a ser buena tierra para recibirla (acogerla) bien.

La parábola del sembrador es ante todo una invitación a la esperanza.

A pesar de todos los obstáculos, la cosecha será buena, dice Jesús : del 30, del 60, del 100 por uno.  Los resultados anunciados superan en mucho todas las esperanzas de los agricultores de su tiempo. Ellos podían esperar en una buena cosecha, entre el 5 y el 8 por uno. La parábola del sembrador es entonces, primero que todo una invitación a la esperanza.

Muchos de entre nosotros, tenemos experiencias de sembrar, en nuestros terrenos, jardines, huertas. Las legumbres y las flores crecen en abundancia y en los campos vemos aparecer el café, la caña, el maíz, el cacao o la harina, la avena, etc.  La semilla ha caído en la buena tierra y ella produce en abundancia. Sin embargo, sabemos igualmente que no siempre es fácil de hacer fructificar nuestras semillas. Hay demasiada lluvia o muy poca, muy poco sol, muchos insectos, muchos pequeñas plagas, etc.

Jesús conocía los obstáculos con los  que la Palabra de Dios se encontraba. Pero él también sabía que esta Palabra tenía el poder de transformar un terreno rocoso en una tierra fértil. El profeta  Isaías nos dice en la primera lectura: “Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Isaías  55, 10-11). La Palabra de Dios da fruto en abundancia y ella puede transformar “nuestros corazones de piedra en corazones de carne”.

En la Biblia, los hombres y las mujeres no están divididos en 2 categorías: aquellos y aquellas de la buena tierra y aquellos y aquellas de los terrenos improductivos. Cada uno de nosotros, representa en ciertos momentos de nuestra vida, los diferentes terrenos mencionados en la parábola.

Primero, está la semilla que cae en el bordo del camino. Esta representa los periodos donde muchas cosas ocupan todo el lugar (el espacio) y arriesgan de ahogar nuestra fe. “ustedes comprenden,  a mí me gustaría ir a misa y escuchar la palabra de Dios el domingo! Pero yo tengo mis fiestas en familia, el deporte, los paseos organizados, el cine, el teatro y el tenis, el ski de invierno y el golf del verano…y pues, hay que contar con el cansancio de la semana, entonces, yo aprovecho el fin de semana para descansar…” Y el encuentro con el Señor (Dios) viene después todo el resto.

 Están los terrenos rocosos que vuelven nuestra fe superficial y efímera.

La semilla germina y hace raíces pero estas no tienen profundidad y rápidamente es quemada por el sol, antes de haber crecido. La superficialidad puede detener todo crecimiento en la vida cristiana, mismo después del entusiasmo de los primeros tiempos (inicios).

También están los terrenos con espinas. La fe entonces es ahogada por “las preocupaciones del mundo y el engaño de la riqueza”. Jesús no ha dejado de advertir contra el ambiente materialista de nuestra civilización. Es verdad, que tenemos necesidad del dinero, del confort, del descanso, de los bienes materiales, pero uno no puede limitarse o disminuir todo a los bienes de consumo. La fe, entonces, corre el riesgo  de desaparecer: “No solamente de pan vive el hombre”.

EL Señor conto esta parábola del sembrador con el fin de subrayar la generosidad de Dios quien siembra en todas las direcciones, a los 4 vientos…El confía en nosotros e invita a todo el mundo a ser buena tierra. A pesar de todos los fracasos, Cristo nos dice que la cosecha será buena.

Es una bella parábola para  un tiempo difícil. Por ejemplo acá en Quebec (Canadá) las parroquias están en “decrecimiento” y muchas iglesias deben cerrar sus puertas. Es desalentador ver que muy a menudo los jóvenes no participan masivamente  en los oficios religiosos y no transmiten más  la fe a la generación que les sigue.

« No se desanimen », nos dice el Señor: « Anuncien la Buena Nueva del Evangelio en su vida, siembren generosamente y un día ella dará fruto ».



REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS :


1.     pequeño misal « Prions en Église » pour le 14eme dimanche ordinaire 2011, Quebec- Canadá.

2.     HÉTU, Jean- Luc. Les Options de Jésus. Fides, Montreal.

3.     http://betania.es

4.     http://cursillos.ca  (Reflexión cristiana del Padre Yvon-Michel-Allard, s.v.d)