sábado, 9 de marzo de 2013

10 de marzo del 2013: 4º Domingo de Cuaresma (C)


Lo primero que hay que hacer al escuchar esta parábola del Hijo Prodigo, es comparar la imagen que tenemos de Dios con la imagen que Jesús nos da de su Padre. El primer objetivo de la parábola es enseñarnos, en efecto, quién es Dios. Charles Peguy, ese gran poeta francés escribía: “Si todos los ejemplares del evangelio debieran ser destruidos en el mundo, sería necesario que se guardara al menos una página, aquella que relata la parábola del Hijo Prodigo para comprender quién es Dios: ese padre que aguarda, que espera, abre sus brazos, perdona y organiza una gran fiesta por el regreso de su hijo”.




EVANGELIO
 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 15- 1-3.11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos.
-- Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola:
-- Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna" El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo:
"Cuantos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: "Padre he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:
"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”:
Pero el padre dijo a sus criados:
"Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo, ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado."
Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó que pasaba. Este le contestó:
"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud."
El se indignó y se negaba a entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres le matas el ternero cebado."
El padre le dijo:
"Hijo, tu estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado."
Palabra del Señor


A guisa de introducción:

Un retrato del Padre: de tal Padre tal hijo

Nos encontramos este 4º domingo de cuaresma, llamado “Domingo de la alegría” con una de las páginas más bellas del evangelio. A mí personalmente, lo confieso, me marcó y fue definitiva su influencia en mi vocación cristiana y sacerdotal. 

Yo tuve la suerte de encontrarme a muy temprana edad con una edición del evangelio de San Lucas,  un librito que contenía solo la versión de la vida de Jesús según el 3er evangelista, misteriosamente y o quizás gracias a la providencia llego a mis manos y fue de mis primeras lecturas.   Desde ahí percibí a san Lucas como el cronista de la misericordia y descubrí  que esta parábola del Hijo prodigo es exclusividad de él.

La parábola habla por sí sola y Jesús al contársela a los fariseos y publicanos quiere ante todo dejar claro que EL NO HACE DIFERENCIA DE PERSONAS, y que de igual manera también su Padre del cielo actúa así…”No he venido a llamar  a los que están sanos, a los que se portan bien, sino a los pecadores”. Jesús así presenta un retrato fiel del Padre, grande en misericordia, pleno de amor y de ternura. El es un Dios que perdona, que ama, que espera y da otra oportunidad.

La mayoría de nosotros conoce bien esta historia. El hijo menor dilapida (malgasta) su parte de la herencia y vuelve  “como el perro arrepentido con el rabo entre las piernas”  a su casa donde el padre lo recibe con alegría desbordada. El hijo mayor, fiel en todo, se niega a unirse y celebrar la fiesta de regocijo por el retorno del “ingrato”. El padre perdona al hijo menor de manera incondicional e interpela al hijo mayor para que se una a los otros miembros de la familia, pero ignoramos cuál fue la respuesta de éste a la invitación paternal. Será que él decide quedarse aislado o se une finalmente al grupo? 

Al otro día habrá compartido la mesa con su hermano y su padre? 

Por esta historia, repito, Jesús desea revelar la grandeza del amor del Padre y su infinita misericordia y al mismo tiempo describe lo difícil que es darle lugar al perdón, un perdón a dar o a recibir, de Dios o del prójimo.

El Señor nos llama a vivir y a extender la misericordia en todos nuestros ambientes, tanto que creó una bienaventuranza: “Bienaventurados (o FELICES) los misericordiosos porque ellos obtendrán misericordia!




Aproximación psicológica del evangelio

Perdón para el crecimiento personal

De cara a la guerra y los conflictos armados, desde hace unos años para acá y enhorabuena,  el gobierno colombiano  y ciertos organismos han impulsado un movimiento  donde  la verdad, el perdón, la reparación de victimas y la reconciliación son protagonistas.  Allí la justicia reparadora es importante y con la ayuda de humanistas y psicólogos cada vez se trata de convencer tanto a víctimas como a victimarios que solo la reconciliación y no “sólo perdón y olvido” es esencial para encontrar la paz de nuevo. Igualmente en Canadá, después de algún tiempo existe un movimiento llamado “justicia reparadora” y su objetivo es privilegiar soluciones nuevas diferentes a la tradicional que consiste en castigar a los criminales o a los que caen en error…Su motivación? De acuerdo a un reporte del ministerio de justicia canadiense, los riesgos de recaída o reincidencia criminal  son mínimos con esta nueva visión. Un espíritu pragmático podría agregar: “esto cuesta más a corto plazo, pero es menos caro a largo plazo”. De igual manera, existe entre los psicólogos americanos un movimiento de crecimiento personal donde el perdón es la sexta y última etapa, después de haber pasado por el reconocimiento de su sufrimiento y la cólera. Dentro de esta perspectiva, el perdón es una forma final de la liberación. Y entonces dónde se sitúa la parábola de Jesús en todo esto?

En el centro de la parábola, hay un padre con el corazón destrozado porque su hijo no está ya más ahí y los lazos se han cortado. Sin desesperar, él espera el retorno de su hijo, él vela sin cesar, mirando hacia el horizonte con el fin de poderlo percibir desde lejos una vez vuelva. Antes, cuantas veces habrá mirado a lo lejos inútilmente? De modo sorprendente, no hace ningún reproche. Por el contrario arma la fiesta, una fiesta inmensa, desmedida. Hay algo de locura en la actitud del padre. La alegría inmensa que lo habita, esta “locura” que lo guía desea traducir su amor desbordado, inconmensurable e inmortal. Cuando Jesús cuenta esta parábola, Él me dice: “Mira a tu Dios, mira a tu Padre, he aquí lo que yo trato de decir a través de la totalidad de mi vida”. He aquí lo que dice la fe cristiana en todo ese debate sobre la justicia y el perdón. Pero esta percepción no es lo suficiente evidente para aquel o aquella que nunca ha hecho concretamente la experiencia…Cuántos padres de familia echan a sus hijos drogadictos de la casa aduciendo que en ella hay principios y no se toleran las drogas?

Pero hay más. Cuando el hijo menor se confiesa indigno de ser un hijo y se prepara para asumir las tareas de sirviente, el padre que lo ve de manera diferente, le pone el anillo o brazalete, signo de su dignidad de hijo. El reto o desafío del hijo: verse igual de grande como su padre lo ve. De igual modo, el hijo mayor no se conoce: él se ve como un servidor obediente al pie de la letra a su amo, y que no puede tomar un cabrito siquiera para festejar con sus amigos, cuando por el contrario, el padre le dice: pero veamos, todo lo que tengo es tuyo, todo lo mío te pertenece, tú tienes los mismos privilegios que yo tengo.

En el debate de cara a los que se oponen y hacen mal ambiente, una pequeña porción de nuestra sociedad percibe la fuerza liberadora del perdón. Es en este contexto que la fe cristiana, repito, aporta una contribución fundamental, revelando este rostro del padre a la fuente de nuestras vidas y revelando lo que es un ser humano ante Él.

Por qué no podríamos ser como este Padre que espera, mira a lo lejos cada día y que nunca dice: “No más, se acabó, no hay que esperar más, no hay nada más para hacer”. Si yo amo, yo estoy condenado a una espera infinita, esperando siempre ver aparecer mi hijo a lo lejos.

El tiempo de Cuaresma simboliza esta larga caminada hacia la tierra prometida. Con aquellos que esperan la reconciliación en este mundo, continuemos la marcha. Sepamos que una marcha nunca es muy larga para quien sabe amar. Esa fue la actitud de Jesús, por qué no puede ser también la nuestra?




REFLEXIÓN CENTRAL

De tal padre tal hijo (a)…De tal palo tal astilla

Pensándolo bien, hay un poco de estos dos hermanos en cada uno de nosotros. A veces somos como el hijo menor. Buscamos construir nuestras vidas sin Dios. Nos aventuramos insensatamente en la autosuficiencia y negamos su existencia basados en las opiniones infundadas y los intereses ateos de otros, nos dejamos arrastrar por la corriente manipuladora de los medios de comunicación…si, negamos con rapidez y negligencia el misterio del totalmente OTRO y nos entregamos irresponsablemente al ateísmo (negando a Dios)  sin profundizar en la propia fe, sin pedir a nuestros padres las razones de su creencia y sin adentrarnos siquiera un poco en nuestra ciencia teológica.

Pero cuando llega una crisis o afrontamos una dificultad, nos volvemos hacia Dios y esperamos que Él arregle todos nuestros problemas. Y entonces nos mostramos dispuestos a muchas conversiones de estomago, siempre y cuando Dios nos provea y nos de todo lo que deseamos.

En otras ocasiones nos parecemos al hijo mayor. Vemos a Dios como un amo o capataz exigente, alguien ante quien no tenemos otra elección que servir, mismo si deseamos hacer otra cosa; vemos a Dios como alguien que nos debe algo puesto que hacemos lo que Él nos manda. Y sobre todo, nos parecemos al hijo mayor cuando se nos dificulta amar a los hermanos y hermanos (semejantes) que nos rodean.

Por fortuna, la Buena Noticia de este domingo no se encuentra del lado de los hijos. La Buena Noticia de este domingo la encontramos del lado del padre. Ante todo, él acepta dejar partir a su hijo menor con su herencia. Sin cesar, él escruta el horizonte con la esperanza de que volverá. Cuando lo ve revenir a lo lejos, corre hacia él, se lanza entre sus brazos y lo cubre de besos. Él no le hace ningún reproche, pero a través de gestos concretos a su hijo más joven le restablece en su dignidad de hijo. Como dicen los mexicanos qué padre! Este hombre con corazón de madre!

Cuando Jesús nos cuenta la parábola del hijo prodigo, nos revela los verdaderos rasgos de Dios, nuestro Padre. Él nos dice de nuevo que Padre tan amoroso y amante tenemos. También, Jesús nos revela el deseo ardiente de nuestro Padre de devolvernos nuestra dignidad  de hijos de Dios, su deseo de reconciliarnos con Él, su deseo de reconciliarnos los unos con los otros.

Cuál es nuestra reacción ante los hijos, la esposa, el marido, que nos dejan? Ante la ingratitud o las calumnias que nos afectan, y mucho más cuando vienen de nuestros parientes y cercanos? Cólera? Venganza? Palabras que matan? “ Ojo por ojo, diente por diente “,  “él está muerto, ella está muerta para mi. “Tu no eres más mi hija (o), mi padre, mi madre”.

Quieren conocer ustedes la alegría plena, la felicidad completa? Aprendan a parecerse o a asemejarse al Padre, a dar y a perdonar…que se pueda decir de nosotros: “De tal padre tal hijo (a)”, “Hijo de tigre sale pintado”…

Pero la parábola de Jesús termina sin que sepamos si el hijo mayor se reconciliará con su hermano. No sabemos tampoco si los dos hermanos reconocerán, en fin, se darán cuenta del padre extraordinario que tienen.

Nos corresponde a nosotros escribir el fin de la parábola en lo cotidiano de nuestras vidas.




OBJETIVO DE VIDA PARA LA SEMANA

1.     Verifico mi confianza en la misericordia de Dios: estoy convencido que Dios me acoge y me perdona en todo lo que yo soy?

2.     Realizo gestos concretos que favorezcan la reconciliación: vivir el sacramento de la penitencia y de la reconciliación, volver a comunicarme o fortalecer los lazos con alguien de quien me había alejado, visitar una persona sola o marginada, colaborar con un organismo humanitario, etc.




ORACIÓNMEDITACIÓN

Hijo pródigo, hijo mayor,
Hija prodiga, hija fiel,
Padre inflexible y severo, padre alcahuete y bonachón,
Madre ingenua, madre vigilante?
Yo no sé quién o qué soy
Y me niego mismo a saberlo.
Yo querré justo y  todo simplemente
Acoger la revelación del amor del Padre
Que Tú me develas o descubres) en esta parábola, Señor.
Mis errores no acaban,
Por  momentos hijo menor, a ratos hijo mayor,
Yo navego entre el perdón para mí
Y la severidad (exigencia) para el otro.
Permíteme hundirme simplemente en la alegría del Padre.

Amén.


REFERENCIAS:

-         Pequeño misal “Prions en Église”, edición en francés, Quebec, 2013.

-         http://mystereetvie.com

-         http://kerit.be

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Gustavo Quiceno