"En ningún sitio aprendí tanto de mí y de los demás como en una cancha" (Valdano)
Alguien dijo es muy simple vivir por y para el FUTBOL...no, yo le rebato: es muy simpe vivir por y para Dios" (G.Q)
Creo que todos los que estamos en el fútbol y sentimos esta fascinación por él, todos queremos ganar pero estamos obligados a defender el fútbol, mimarlo y a trasladar la mejor ética y la mejor conducta personal.
Pero si debe ser un sujeto educativo y de discusión a abordar entre los adolescentes y jóvenes
latinoamericanos, hablo especialmente de los colombianos (aunque se ha sabido de desórdenes en Argentina, Brasil, Chile, Mexico, Peru, Venezuela, solo por citar algunos). Propongo “la cátedra sobre el
futbol: el deporte que es vida NO LA VIDA”.
Y escribo en la antesala del partido de esta noche en
Bogotá por las semifinales de LA COPA BRISTOL LIBERTADORES: Santafé- Olimpia.
Pienso que todos los periodistas y redactores
deportivos a escasas horas del partido hacen muy bien en llamar a la cordura, a
la sabiduría, a todos los hinchas, sobre todo a los de las barras bravas tanto
del equipo protagonista como de los equipos rivales compañeros (no enemigos) de turno (hablo de
Millonarios, de Nacional, etc).
Me ha gustado esta frase de un twitter del espectador
aparecido ayer: EL FUTBOL ES VIDA NO LA VIDA y se lo compartí a mi sobrino
seguidor del equipo rojo en Bogotá.
Pues no olvidemos, el fútbol no es más que un simple
juego, es intrascendente y algo nimio ante el inmenso valor que tiene la VIDA
que es SAGRADA, UNICA y a la que se ha de defender y preservar por sobre todo.
No se puede echar la culpa de todos los males,
tragedias y muertos a este deporte considerado por muchos como el mejor espectáculo
del mundo.
El problema está en los seres humanos que se lo toman
a pecho y de manera incorrecta, endiosándolo, poniéndolo en primer lugar sobre
cosas más importantes como Dios, la patria, la familia.
En este mundo hay hinchas moderados (yo me considero
uno de ellos y que me he salvado de la alienación y el fanatismo en el cual
muchos han caído).
Y están los hinchas FURIBUNDOS o sea los irascibles, y
por ello enfurecidos y violentos. Estos últimos son los que relativizan la
vida, se enceguecen al ponerse la camiseta de su equipo y cuando van a un estadio ya no son los mismos,
se metamorfosean como Dr Jeckell en Mr Hyde…Y son capaces de lo peor.
En mi juventud fui testigo y a veces presa momentánea de
la alienación en los estadios, animado por los narradores que invitaban a hacer
la ola, a saltar, a gritar consignas a favor del equipo…eso sí en lo que nunca
estuve de acuerdo y lo pensé dos veces para hacerlo fue lanzar improperios y
palabras groseras tanto a los árbitros como a los jugadores del equipo
contrario.
En los 90s, recuerdo que una tarde en Manizales fui a un partido entre Once Philips (como se llamaba en ese momento)
y Millonarios. El estadio creo era el Fernando Londoño. Fui acompañado de mi gran amigo Jorge Willian…El
local perdió 0-3 y en esa tribuna oriental baja donde estábamos comenzó una
batalla de palos de banderolas entre hinchas de los dos equipos; mi amigo y yo estábamos
en medio de los dos enfurecidos grupos…gracias a Dios la policía se cercioró
rápidamente de la situación y subió a calmar los ánimos de los hinchas…con todo
detuvieron a dos chicos. Aquella noche sentí un miedo terrible de la violencia
en los estadios y me di cuenta como personas inocentes o no tan furibundas por
el fútbol pueden perder la vida en un momento.
Recuerdo otra noche
que fui al estadio Atanasio Girardot y compré boleta en la tribuna popular para
ver un partido entre Medellín y Once Caldas. Por precaución había ido como
hincha clandestino y secreto, vistiendo bajo mi camisa de manga larga la
camiseta de mi equipo del alma, para colmo me encontraba entre hinchas rivales
(no enemigos) pero reconocidos por su ardiente pasión, y sabiendo que algunos
hinchas se dejaban dominar por la violencia…En un momento determinado del
partido no recuerdo bien cuando, el Once se pone encima en el marcador y yo
comienzo a gritar : “Once, Once…”, rápidamente percibí las miradas adustas y
agrias sobre mí y entonces continué… ”ra,ra…Medellín es tu papá”.
No es más que un juego. Es verdad muchos se desaniman
y dicen no querer ver más futbol dizque porque está asociado a la violencia y
a la muerte de muchas personas…otros
dicen porque hay mucha corrupción, injusticia. Es un mundo donde se invierte
por millonadas de millonadas el dinero , todo un “malgasto o desperdicio”, donde se bota el
dinero ( en estructuras, traspaso y venta de jugadores, apuestas…) y con el que
muchos pobres se podrían alimentar y o tener mejores condiciones de vida. En
esto si doy la razón, las protestas de los grupos, las ONGs y sectores de la
sociedad brasileña ocurridas en la reciente copa confederaciones en Brasil, debería
ser un llamado a la sabiduría, a la justicia…No dar tanta importancia al fútbol
mientras se olvidan y pretenden ignorarse las condiciones deplorables de un país
y de toda una población.
Quizás el escándalo más grande esté en España. Es
absurdo que un país pase por las actuales condiciones de miseria, desempleo,
inseguridad social, mientras el dinero fluye entre unos pocos dueños de la liga
… pero de esto los medios de comunicación oficiales poco hablan porque están
casados con los intereses de los grandes monstruos económicos que se alimentan
con el negocio del fútbol.
Un mundo muy confundido este donde el fútbol ha tomado
semejantes proporciones…cuando no es más que un simple deporte, un simple
juego.
Hace unas dos décadas, el entonces Papa Juan Pablo II
quiso hacer volver los ojos del mundo católico a la importancia del DOMINGO y
sugirió que los domingos no se realizara partidos de fútbol y de este modo las
familias y personas hicieran el esfuerzo y encontraran tiempo para reunirse en
la asamblea dominical (en la misa, o reflexión de la Palabra) en los templos…La sugerencia no tuvo mucho eco y si
se realizan partidos hasta miércoles, jueves y sábados pero todo para cumplir con los
muchos torneos locales, continentales y mundiales que se multiplican cada día
más.
Si, el fútbol se puede volver un dios…pero es un dios
que al final deja vacíos inmensos en la vida o en el alma (como quieran decir).
Yo me cuestiono mucho cuando percibo tantos
periodistas, cronistas deportivos, hinchas que consagran tanto tiempo al fútbol
y minusvaloran lo otro…eso que es más importante para la realización y plenitud
humanas: la familia, la vida social, el trabajo o servicio de voluntariado, el
descanso, la oración…y con todo ello DIOS. A QUÉ HORAS TENDRÁN TIEMPO PARA LOS
OTROS “SUPERESTERES” (la palabra es mía) no menesteres…que son con todo LA VIDA?
Y repito no es el fútbol en si el culpable de nuestras
desgracias, locuras e insensateces que nos llevan a veces hasta matar (con
palabras, con cuchillo, con arma de fuego…)
El fútbol tiene un principio muy bonito (de vez en
cuando es bueno utilizar este adjetivo aparentemente insulso, de cajón pero más
fácil a comprender): son dos equipos (lo que nos demuestra que no podemos vivir
ni jugar solos…uno no puede realizarse como solitario francotirador, y esto en
todos los dominios de la vida política, social y de la fe…La Iglesia nos
muestra que uno no puede ser cristiano creyente todo solo), que corren
tras una pelota para experimentar el valor de la lucha, de la competencia…descubrir
las potencialidades y saborear los triunfos y victorias…pero sin la muerte
total del rival, sea porque se pierda o se gane, porque no habría partido sin equipo rival y no habría
de nuevo la posibilidad de vivir todo eso.
Así pues que esta noche, salga triunfante o perdedor el equipo rojo, los
leones de la capital de Colombia, a celebrar o a asumir la derrota con
SABIDURÍA, moderación…Y no olvidar esta simple, corta pero verdadera frase del
twitter:
EL FUTBOL ES VIDA PERO NO LA VIDA!
El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes.
Y cuidado como nueva religión: "El fútbol puede llegar a ser hoy el verdadero OPIO DEL PUEBLO".
...soy fanático del fútbol , pero no hasta llegar a matar por un sentimiento!
me gustaría ver el fútbol sudamericano que sea una fiesta ver a las hinchadas mezcladas y cantar ya sea el resultado que sea, pero la fiesta que quede y no sea cánticos que promuevan la violencia, por que alentar a tu cuadro con ¨...y te querés matar...¨eso no es aliento, incitación al odio,
por lo que digo esa gente que entra quema la fiesta!!! (hincha uruguayo)
Suerte y lo mejor ésta noche para la empresa, los hinchas y el equipo santafereños.
Les comparto enseguida este otro
artículo que encontré en Internet y me parece acertado para completar la
presente reflexión.
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jueves, 4 de julio
de 2013
Cada
día asesinan a un hincha del fútbol en Colombia. Esta semana murieron dos, tras
ser apuñalados.
En un ataúd pintado y
adornado con los colores de la bandera y el escudo de su equipo, el cuerpo sin
vida de Óscar Sandino, de 28 años, fue llevado el martes al estadio El Campín
para despedirlo de su pasión más grande: Millonarios, el combinado al que
acompañó durante más de 15 años en la barra Subazul y desde donde trabajó por
mejorarles la imagen a las llamadas barras bravas. Ese mediodía, unos 300
hinchas rodearon el féretro y gritaron, con cuatro tambores como telón de
fondo, “Óscar, querido, tu recuerdo siempre estará vivo”.
Cuatro días antes,
Sandino había viajado a Cali a ver jugar a su equipo, con tres amigos más, pero
no alcanzó a llegar al Pascual Guerrero. Fue apuñalado por hinchas del Cali de
camino al estadio. Según la Policía, cuando el taxi en el que viajaba se detuvo
para dejar a sus ocupantes, unos aficionados con camisetas del equipo azucarero
que iban a pie lo vieron y le lanzaron una puñalada directo al corazón. Ni
siquiera alcanzó a bajarse del taxi.
Y mientras en El
Campín lo despedían, otro joven hincha fallecía: Sebastián Jiménez, de 16 años
e hincha del Chicó, quien llevaba nueve días en cuidados intensivos después de
que seguidores del Patriotas Fútbol Club le propinaron dos puñaladas: una en el
cuello y otra en la cabeza.
En mayo mataron a
tiros, en Itagüí, a un seguidor del Once Caldas que iba en una chiva. Y en
abril, Daniel Sánchez y otros tres amigos tuvieron la mala fortuna de
encontrarse en un parador de carretera, en Chinchiná, con un grupo de barras
bravas del Atlético Nacional. Tras un cruce de insultos, la pelea estalló y
Daniel murió por una puñalada en la espalda. Sus asesinos se llevaron su
camiseta del Once Caldas ensangrentada como trofeo.
El balance es
dramático. En lo que va corrido del año han sido asesinados ocho barristas. Es
decir, cada 22 días matan a uno en Colombia, ya sea en una riña o en un hecho
de violencia donde la protagonista es una camiseta de un equipo de fútbol.
Solo contando los
disturbios reconocidos por la Policía desde el 2011, ha habido 72
enfrentamientos graves de barras bravas, que han dejado más de cien heridos –la
mayoría, menores de edad–. En el mismo periodo se ha intentado
ingresar a los estadios 28.000 armas blancas y tres de fuego.
La mayoría de los
hechos no tienen lugar en los estadios. Se presentan en los alrededores de
estos escenarios deportivos, en los barrios donde se reúne la hinchada o en las
carreteras. Por eso, la Federación Colombiana de Fútbol no los cuenta como
episodios de violencia relacionados con este deporte; solo reconoce la muerte
de un hincha en los últimos 20 años.
Un grave problema social
“Que me muestren las
pruebas y los fallos judiciales en los que se certifica que estos muchachos han
muerto por culpa del fútbol, y les creo”, dice Gustavo Morelli, jefe de
seguridad de la Federación. Para él, las muertes que ocurren fuera de los
estadios “son un problema de orden público que, en la mayoría de casos, nada
tienen que ver con el deporte”.
“Se acepte esto como
violencia del fútbol o no, es evidente que tenemos una grave problemática
social con las barras del país”, dice Alirio Amaya, funcionario de Coldeportes
y miembro de Goles en Paz, un programa de la Alcaldía de Bogotá para generar
mejores niveles de convivencia entre las barras. Según él, hay unos 50.000
miembros reconocidos de 25 barras de Colombia, que se han multiplicado
exponencialmente en los últimos diez años; eso, sin contar con los ‘parches’
que se suman dentro y fuera de los estadios y que a veces no pertenecen a
ninguna barra.
Una investigación
realizada por él y otros autores sobre los Comandos Azules, de Millonarios,
entre el 2005 y 2009, determinó que “el 90 por ciento de los barristas eran
menores de edad, de entre 14 y 17 años, y que el 98 por ciento no había
terminado el bachillerato”.
Alexánder Castro,
joven sociólogo de la Universidad Nacional, quien se metió en una barra brava
durante cinco años, dice que muchos son jóvenes solitarios que encuentran allí
pertenencia y compañía. “La barra es su vida, y por ella matan. Ni siquiera lo
es el equipo. Uno les pregunta sobre la nómina, y muchos la desconocen. La
barra es su familia, su casa, su sangre”.
En medio de la
efervescencia por el equipo, de los cánticos, de las banderas y los rituales,
estos jóvenes encuentran “algo que la sociedad no ha podido darles: una
identidad, un lugar”, explica Luis Fernando Orduz, presidente de la Sociedad
Colombiana de Psicoanálisis.
Son jóvenes, agrega el
respetado comentarista deportivo Hernán Peláez, “con pocas esperanzas de
solucionar su vida laboral y social, que encuentran en el fútbol la disculpa
para expresar su inconformidad a través de la irreverencia y el desacato a la
autoridad y de las leyes sociales”.
El problema, dice John
Vásquez, líder de la barra Holocausto, del Once Caldas, es que en las filas de
la barra no solo hay drogadicción y delincuencia, sino pandillismo. “En Manizales hay ocho pandillas identificadas, y tienen
pequeños grupos dentro de las barras; así que a menudo trasladan sus problemas
al fútbol y a la camiseta”, dice Vásquez.
La Policía se queja de
que debe usar entre 5.000 y 8.000 efectivos por cada fin de semana de fútbol en
el país, lo que representa en ciudades como Pereira que el 31 por ciento de sus
hombres deban estar en el estadio y sus inmediaciones.
Según el general
Rodolfo Palomino, director de la Policía Ciudadana, cada barra tiene un enlace
en la Policía, que conoce los números de teléfono de los líderes y les presta
acompañamiento en traslados y actividades. “Las causas nacen más allá del
estadio –en el barrio, en la casa–, y por eso hay que abordarlas desde todos
los ángulos. Necesitamos el apoyo del ICBF, de las familias, de los clubes, de
los directivos y del negocio del fútbol”, afirma el general.
El Gobierno expidió
una ley (la 1270 del 2009) y publicó un protocolo de seguridad y convivencia,
hace tres años, en el que se le dice a cada quien lo que debe hacer antes,
durante y después de los partidos. Además puso en marcha, el mes pasado, el
Plan Decenal del Fútbol, “que busca, con talleres y
actividades, trabajar de manera directa con las barras durante diez años”,
afirma el viceministro de Relaciones Políticas del Ministerio del Interior,
Carlos Eduardo Gechem.
Pero el problema está
aún lejos de resolverse. Adriana Castillo, de la Fundación Juan Manuel Bermúdez
Nieto, que lleva este nombre por una víctima de la violencia asociada al
fútbol, pregunta: “¿Dónde está la responsabilidad social de los dueños del
millonario negocio del fútbol? ¿Qué es lo que están poniendo para solucionar
este problema?”.
Partidos de día y escalonados
La Alcaldía de
Medellín también ha prendido las alertas. “Le hemos enviado oficios (a la
Federación) para que programe los partidos de día –porque la ciudad es más
fácil de controlar– y de forma escalonada, para que no se crucen los hinchas en
las carreteras. Sin embargo, no hacen nada porque está de por medio el negocio
de la transmisión por televisión en horario triple A”, argumenta un funcionario
de la Secretaría de Gobierno de Medellín, que prefiere omitir su nombre. El
Concejo de esta ciudad debatió esta semana medidas de control para frenar la
violencia asociada al fútbol, que contemplan carnetización y sistemas digitales
de identificación.
La violencia en las
barras no debe verse como un hecho aislado. “Nos habla de violencia
intrafamiliar, de matoneo, de una gran dificultad para amar y reconocer al otro
como ser humano”, señala Alfonso Rodríguez, director del área psicosocial de la
facultad de Medicina de la Universidad del Bosque.
A lo que el
comentarista deportivo César Augusto Londoño agrega: “En Colombia nos matamos por una camiseta, por un celular, por
20.000 pesos. Aquí no se respeta la vida, y la justicia es débil. En el fútbol
hay barras buenas y también malas, que son nido de delincuencia y droga. Estas
son las que hay que combatir, denunciar y vetarles el ingreso a los estadios”.
¿Cómo salir adelante?
Primero, dicen los consultados, que las autoridades cumplan a rajatabla con los
protocolos de seguridad. Segundo, que se saque adelante y se implemente el Plan
Decenal del Fútbol, que tiene como uno de sus principales fines trabajar
socialmente con los muchachos. Tercero, no programar todos los partidos el
mismo día y jugarlos siempre a la luz día. Cuarto, carnetizar a las barras y
censarlas.
Y, como dice Antanas Mockus, trabajar con las barras los mismos valores que
se les promueven a los jugadores de fútbol: “Van a la cancha a ganar, pero
entrenan para ello y juegan dentro de unas reglas. En la barra, lo que los
mueve no es el logro individual ni el trabajo ni la determinación, sino el
pensamiento uniforme, donde el otro siempre es un enemigo”.
REFERENCIAS:
Para ampliar más:
http://sandaliasparacorrer.wordpress.com/2013/01/09/la-violencia-en-el-futbol-algunas-alternativas/
http://www.rpp.com.pe/2013-06-11--es-saludable-la-aficion-del-futbol-noticia_603411.html
http://www.psicologia-online.com/ebooks/deporte/violencia_futbol.shtml
http://www.buenastareas.com/ensayos/El-Fanatismo-Extremo-En-El-F%C3%BAtbol/5629988.html
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Gustavo Quiceno