miércoles, 12 de enero de 2011

16 de enero del 2011: Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 49, 3. 5-6

El Señor me dijo:
--Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel --tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza--:
--Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. 

Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL
SALMO 39

R.- AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R.-

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y en cambio me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.-

Como está escrito en mi libro:
«para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R.-

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R.-

SEGUNDA LECTURA
COMIENZO DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 1,1-3

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. 

Palabra de Dios

ALELUYA Jn 1, 14.12 ab
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. A cuantos la recibieron, les dio poder para ser hijos de Dios.

EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1 29- 34

En aquel tiempo; al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
--Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquél de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.
Y Juan dio testimonio diciendo:
--He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Palabra del Señor


*******


A guisa de introducción:

“El cordero de Dios! “, raro nombre para designar a Jesús. Poniendo aparte las ovejas del pesebre, para nosotros en general  el mundo del ganados ovino es poco familiar. Entonces, de donde viene este Cordero de Dios que toma sobre su espalda el pecado del mundo? Descubrámoslo juntos, haciendo un pequeño recorrido bíblico:

En el libro del Éxodo, el cordero de Dios, es el cordero pascual, aquel que se sacrifica y se come en la fiesta de Pascua. En el libro del profeta Isaías, el Cordero de Dios, es el “siervo sufriente” que ofrece su vida “como Cordero que se deja llevar al matadero”. En el libro del Apocalipsis, el Cordero de Dios es “Cordero vencedor o triunfante”, aquel que ha dado todo para que nosotros tengamos la vida. El Cordero de Dios! Un nombre verdaderamente extraño, por el cual se nos revela la identidad de Jesús que salva el mundo.

Como Juan el Bautista, quien veía venir Jesús  hacia él, dejemos que el  Señor  se acerque a nosotros. “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Estas palabras el sacerdote las repetirá en el momento de la comunión, cuando parta el pan. En efecto es cuando él se ofrece y se da que Jesús salva el mundo. Tendamos la mano y acojámoslo de todo corazón, porque con El somos ya vencedores del mal y de la muerte.



PRIMERA REFLEXION

El quita el pecado

El evangelista Juan a través de Juan el Bautista, expresa su convicción de que “Jesús quita el pecado del mundo”. Esta realidad puede ser comprendida en dos niveles  complementarios. Siendo el pecado lo que separa y destruye, “quitar el pecado del mundo”,  significa liberar en profundidad la humanidad en su marcha colectiva, abrir la historia y hacerla desembocar hacia su realización definitiva. Es esto lo que Juan llama en otro lado “salvar el mundo” (Juan 3,17).

Pero es  a escala de la vida individual de todo ser humano que también el pecado es quitado ( borrado, eliminado). No el pecado como evento, ya que la posibilidad de actuar e ir al encuentro del amor está siempre presente. No tampoco el pecado como símbolo de nuestra fragilidad, puesto que nosotros permanecemos frágiles: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no Está en nosotros.”(1 Juan 1,8).

Pero  si el pecado surge como culpabilidad, como derrota, como parálisis “Jesús aparece para quitar los pecados” (1 Juan 3,5), es decir para que no nos culpemos, para decirnos que el Padre continua a aceptarnos  con nuestras debilidades reconocidas.

Es en este sentido que “Jesús quita el pecado” : el creyente no se culpa más, no se disminuye más  a sí  mismo, pero , viviendo por amor, él continúa avanzando en la paz, tomando constantemente la medida evangélica en todo lo que hace y todo lo que vive.

 “Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad.
    En esto sabremos que somos de la verdad y tendremos nuestros corazones confiados delante de él;  en caso de que nuestro Corazón nos reprenda, mayor es Dios que nuestro Corazón, y él conoce todas las cosas. “ (1 Juan 3,18-20)

En un plano teológico que es difícil de explicar , “Jesús quita el pecado del mundo” “dando su vida” (1 Juan 3,16) (Juan 3,16). Y en un plano psicológico que es más fácil de entender , Jesús quita el pecado liberando a la gente de la culpa, diciéndoles verbalmente o de otra manera: tu estás bien, ven a comer a mi casa (Marcos 2,15) o “yo iré a tu casa”(Lucas 19,5), o simplemente “qué bueno que tu estés aquí”  (Lucas 15,1).

Puede parecernos desconcertante que Jesús perdone, consienta, tolere la gente de manera tan prodiga, nosotros que para obtener la liberación de nuestra culpa debemos llenar (según nuestra formación catequética y cristiana tradicional)  varias condiciones: confesión circunstancial, contrición de corazón, confesión de boca, cumplimiento de la penitencia, propósito de enmienda…

Pero  culpabilizarse es fuerza de muerte y oscuridad expandida en nuestra vida, ahora,  Jesús es la “vida” y “la luz que ilumina todo ser humano” (Juan 1,4-9), sin restricción, como signo de la abundancia del amor del Padre por todos y cada uno de nosotros.



2. REFLEXIÓN

« Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo »

Este verdadero testimonio del evangelista Juan refleja su teología y la de la comunidad joànica, muchos anos después de la muerte y resurrección de Jesús. Es una profesión de fe de las primeras comunidades cristianas.

Al inicio de su evangelio, Juan utiliza varios títulos para describir el Señor y revelarnos su identidad. Jesús es “el Verbo hecho carne” (Jn 1,1), “la luz del mundo” (Jn 1,4), “el Hijo único de Dios Padre” (Jn 1,14). “el Cordero de Dios” (Jn 1,29,36), “el Hijo de Dios sobre quien baja y permanece el Espíritu” (Jn 1,34,39), “el maestro o Rabí” (Jn 1,38,49), “el Mesías o Cristo”(Jn 1,41), “Aquel de quien hablan la ley y los profetas” (Jn 1,45), “el rey de Israel” (Jn 1,49), “el hijo del Hombre” (Jn 1,51). Todos estos títulos   levantan el velo sobre la  identidad de Cristo.

Al comienzo del texto de hoy, Juan Bautista llama a Jesús « el Cordero de Dios ». En cada Eucaristía, escuchamos estas palabras: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, y tres veces lo cantamos o decimos antes de la comunión, pero no es un título que tenga mucho atractivo para los hombres y mujeres de hoy. El símbolo del cordero no es muy diciente para nosotros, y en general no nos gusta escuchar hablar de pecado.

El hombre y la mujer moderna rechazan esta idea de pecado. Si alguna vez  se comete un error,  se culpa o juzga  al instinto, a la herencia, al ambiente, a la inconsciencia. O todavía, se acusa a los demás por esta falta: al gobierno, a la familia, al sistema, a las condiciones desfavorables, etc.

El Padre Turoldo tenía razón al decirle al cardenal Schuster, un poco desconcertado por su remarca: “Mi objetivo es el de buscar pecadores”…es decir, buscar gente que haya rencontrado el sentido del pecado y que acepten ser los responsables de ciertas de sus acciones”.

El mal está presente en medio de nosotros, mismo si es cierto que en la calle no se le llama “pecado”. He aquí algunos ejemplos de lo que para Juan, harían parte del “pecado del mundo”:

-         - La violencia gratuita y omnipresente,
-       -   la marginalización de grandes sectores de la sociedad,
-     -    la explotación de los más débiles, la pobreza provocada por la ambición y usura desmedida, los salarios de hambre, el hambre en un mundo pleno de riquezas…
-        - la competencia desleal, la inseguridad causada por el solo deseo de ganar fácilmente, el trabajo de esclavitud de los niños, la desigualdad entre los hombres y las mujeres…
-        - la falta de dialogo en las familias, la lucha de generaciones, la infidelidad irresponsable, la separación y el divorcio que castigan (hace pagar los platos rotos)  a los hijos…
-         - el orgullo, la avaricia, la avidez, la envidia, el deseo de dominar, el odio, la rivalidad, la venganza…

Juan el Bautista consideraría como “pecado del mundo”: 

-         - que millones de personas sufran hambre; que poblaciones enteras sean obligadas a dejar su casa, su tierra y su país por la guerra;
-        -  que los pobres y los sin voz sean ultrajados;
-        -  que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres sean cada vez más pobres;
-         - que muchos enfermos sucumban ante sus males y dolencias por la falta de medicinas, cuando sumas astronómicas son invertidas y malgastadas para comprar armamentos y equipos de guerra;
-         - que nuestro planeta sea destruido sistemáticamente con el fin de aumentar el provecho de unos cuantos;
-         - que las múltiples guerras no cesen de provocar miles de víctimas inocentes ;
-        -  que los bandidos solos o en bandas (pandillas) en las calles siembren el terror;
-         que la violencia en nuestras familias y en nuestros lugares de trabajo, arruinen la vida de una gran cantidad de personas;
-         que la mayoría guarde silencio y haga prueba de inacción culpable (pecado de omisión) delante todas estas injusticias y todos estos crímenes.

A toda esta triste lista, el agregaría sin duda el mal y el escándalo que resulta de las divisiones entre las iglesias cristianas. Existen más de 400 denominaciones diferentes de cristianos a través del mundo. Cristo quien en el último momento, oraba por la unidad de los suyos tenía razón de hacerlo!

Para Juan, el pecado del mundo existe y nosotros tenemos necesidad siempre del “Cordero de Dios”  para liberarnos.

El texto de hoy, como todo texto bíblico, es primero y ante todo una revelación de Dios, de su proyecto para nosotros. Las últimas palabras de la primera lectura recuerdan ese proyecto de Dios: “…a fin de que seas mi Salvación hasta el extremo de la tierra." (Isaías 49,6) Una vez más, la Biblia nos dice que el proyecto de Dios es un proyecto de paz, de salud, de felicidad y que concierne a la humanidad entera.

Juan el Bautista  designa a Jesús como “El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, porque por El , el proyecto de salvación y de paz llega a ser posible.

Leía últimamente la historia de un albañil que se podría aplicar a miles de personas a través de los siglos: “un día, un hombre que le gustaba burlarse de los cristianos , preguntó a un compañero de trabajo: “Andrés , podrías explicarme como Jesús hizo para convertir el agua en vino? Andrés respondió : “yo no puedo explicarte cómo hizo El para convertir el agua en vino, yo solo sé que hace diez años yo era un alcohólico detestable, violento con mi mujer y mis hijos, yo malgastaba más de la mitad de mi salario en licor y mi familia no tenía suficiente para vivir. Un amigo me ayudó y me habló de Jesús. Poco a poco, yo llegué a ser un trabajador honesto y pacífico, y un buen padre de familia amante y tierno. Yo no puedo explicarte cómo Jesús cambio el agua en vino, pero yo puedo contarte como Él ha cambiado el alcohólico que yo era en un buen padre de familia”. Para mí, Jesús ha sido verdaderamente “el Cordero de Dios quien ha quitado el pecado del mundo”, el Cordero que ha quitado mi pecado!



REFERENCIAS :

Betania.es
Prionseneglise.ca
HETU, Jean-Luc. Les options de Jésus
Cursillos.ca (traducción de reflexión del Padre Jacques-Yvon Allard, s.d.v)
Biblia de Reina Valera en español.

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Gustavo Quiceno