EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 21, 28-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
--¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?
Contestaron:
-- El primero.
Jesús les dijo:
-- Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.
Palabra del Señor.
A guisa de introduccion:
"El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros (PABLO-VI); cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y en los hechos que en las teorías... El testimonio evangélico, al que el mundo es más sensible, es el de la atención a las personas y el de la caridad para con los pobres y los pequeños, con los que sufren. La gratuidad de esta actitud y de estas acciones, que contrastan profundamente con el egoísmo presente en el hombre, hace surgir unas preguntas precisas que orientan hacia Dios y el Evangelio"
(Redemptoris Missio, n. 42)
“Perro que ladra no muerde”,
“Del dicho al hecho hay mucho trecho”,
“el camino al infierno esta pavimentado (embaldosado) de buenas intenciones”,
“Mucho ruido y pocas nueces”
“Mucho tilín tilín y nada de paletas”…
Una frase de la RM y unos refranes y o dichos que podrían ayudarnos a introducirnos mediante un breve dialogo a la homilía de este domingo.
Hay una palabra a la que siempre recurrimos también muy a menudo: COHERENCIA, es decir la conformidad de la palabra con los hechos; vivir lo que se predica…Ya el mismo Jesús advertía a sus discípulos con respecto al comportamiento de algunos fariseos: “Hagan lo que ellos dicen mas no lo que ellos hacen”. Cuando somos coherentes: nuestro ser (cuerpo-alma-espíritu) va de la mano con el lenguaje y las emociones (movimientos).
Sin duda alguna que hoy podemos percibir el “abuso” de la palabra (que cae en el vacío), la fatiga de los discursos, corren ríos y ríos de tinta por todos lados, por el internet, la radio, la tele, en los libros, las fotocopias, las universidades, las bibliotecas…Los Congresos, las Jornadas de encuentro, en el claustro educativo, en el Senado, en la escuela…en la iglesia (Iglesia)…
Y ante tanta palabra bonita, tantos discursos floridos, homilías sentidas o predicaciones llenas de emoción los corazones y espíritus siguen siendo duros, sordos, empecinados en quedarse en el conformismo, la inercia, la negligencia, la no practica del amor, que finalmente podría hacer nuestro mundo diferente y acelerar así el establecimiento de esa viña del Padre, es decir el Reino de Dios, la sociedad alternativa que tanto deseamos construir.
Bien decía Nietzsche: “La palabra de Dios resuena por todas partes y solo no la escucha quien es voluntariamente sordo”.
Hoy la palabra de Dios nos invita a mirar entonces la coherencia de Jesús, hombre en el cual palabra y gesto iban de la mano, su acción y palabra es el testimonio verdadero y valido para el mundo de hoy…y porque como decía sabiamente el papa Pablo VI “el mundo contemporáneo cree más en los testigos que en los maestros”. Haciendo la salvedad (me repito) de que el verdadero maestro es también testigo, y si por su testimonio (acción y palabra) no arrastra o convence, solo es un triste instructor.
Y la Madre Teresa de Calcuta decía:
“Nosotros predicamos un Dios bueno, comprensivo, generoso y compasivo. Pero, ¿lo predicamos también a través de nuestras actitudes? Si queremos ser coherentes con lo que decimos, todos deben poder ver esa bondad, ese perdón y esa comprensión en nosotros”.
APROXIMACION PSICOLOGICA DEL EVANGELIO:
“Qué piensan ustedes de esto?”
A Jesús le gustaba hacer confrontar (hacerles enfrentarse) a sus auditores con ellos mismos, ponerlos cara a cara sus actitudes y o reacciones.
Y con una imagen o una parábola Jesús les muestra un reflejo claro de su comportamiento o de sus actitudes y sin que ellos lo vean venir, sean conscientes (o se den cuenta) la mayoría de las veces. En este evangelio tenemos un buen ejemplo de ello. Jesús asimila el rechazo, seguido de una aceptación de los pecadores que se arrepienten y aceptan su enseñanza. Y de modo parecido, Él asimila la aceptación de los “pecadores”, seguida de un rechazo de los fariseos que afirman aceptar a Dios pero que en la práctica rechazan a Jesús.
Después de haber llevado a sus auditores a comprometerse respondiendo a su cuestión, les dice: “es exactamente lo que ustedes hacen ; no se sorprendan entonces si ustedes no llegan a ninguna parte!” pero, esta parábola va más allá de la polémica con los fariseos alrededor de la cuestión crucial de su actitud hacia Jesús.
Es la verdadera reacción de toda persona de cara al compromiso con el evangelio lo que Jesús toca aquí. Parafraseando Mateo 7,21 podríamos escuchar: “no basta con decir “yo iré” para entrar en el Reino de Dios, todavía es necesario ir en efecto! (efectivamente, en realidad!) (“no basta con decirme: “ Señor, Señor!” para entrar en el Reino de Dios, es indispensable también cumplir la Voluntad de mi Padre…” No basta con declararse creyente y pregonar: “yo acepto el evangelio”, sino que aún es necesario comprometerse con hechos e “ir” demostrándolo a través de sus actos, de su oración, de sus combates, de su ternura…
Remarquemos en fin la nota existencialista en estas palabras de Jesús. La vida es abierta. Siempre está sucediendo (acaeciendo) algo. La vida se renueva sin cesar, y ella no se detiene ni por una palabra ni por un acto: se puede decir SI pero terminar por no hacer, como se puede no hacer y más tarde cambiar de idea y hacer efectivo el SI. Los desclasados pueden cualificarse y los profesionales pueden fracasar. Los que hacen fraude pueden tomar el camino de la justicia y las personas honestas pasar al costado.
Jesús viene para abrir “nuevos posibles”, triunfar sobre el conservatismo y la injusticia. Encontrar personas que eran presa de ese mismo conservadurismo y la injusticia, era para Jesús una experiencia frustrante, lo que le daba a veces el gusto de “dejar a los muertos enterrar a sus muertos” (Mateo 8,22).Pero Él continuaba a llamar y a confrontar con la esperanza de que “quien estaba muerto” volviera a la vida, que sus interlocutores rencontraran en ellos el camino perdido y caminaran hacia una vida liberada (Lucas 15,32).
REFLEXION:
« Cual de los dos hijos ha hecho la voluntad de Dios?”
Cristo nos recuerda hoy que lo que cuenta en la vida no son las palabras sino los actos (las acciones). Juzgamos a alguien en referencia a lo que hace y no en referencia con sus buenas intenciones. Es el hijo que dijo NO de labios para afuera y va a trabajar en la viña quien hace la voluntad de su padre.
San Pablo decía en su Carta a los Romanos: “No son los que escuchan la Palabra de Dios que son justificados, sino más bien aquellos que ponen esta Palabra en práctica” (Rom 2,13).
Uno de los reproches más graves que se le puede hacer a alguien es decirle que “habla mucho pero hace poco”. El Evangelio nos dice la misma cosa en otros términos: “No son los que dicen Señor, quienes entraran en el Reino de los Cielos, sino aquellos que hacen la Voluntad de mi Padre” (Mt 7,21). “Aquel que se limita a escuchar la palabra y no la pone en práctica, agrega Jesús, es comparable a alguien que construye su casa sobre la arena…”(Mat 7,26). Es lo que Cristo reprocha a los fariseos de todos los tiempos : “Ellos predican (dicen) pero no lo hacen (no practican)” (Mt 23,3).
Hace poco, leía la historia de un hombre que después de un accidente de auto, estaba obligado a desplazarse en silla de ruedas. Sus vecinos y sus amigos iban a visitarlo y antes de partir decían: “Andrés, vamos a orar por ti. Y él les respondía: “SI, eso está bien, pero en efecto yo puedo hacer muy bien mis propias oraciones. Si ustedes quieren ayudarme de verdad, laven la vajilla que está en el lavaplatos y saquen los desechos y arrójenlos en la caneca que se encuentra afuera al borde del camino”…
Aquel hombre necesitaba ayuda y quería que las oraciones y las bellas palabras de sus amigos estuvieran acompañadas de gestos concretos.
Aquel hombre necesitaba ayuda y quería que las oraciones y las bellas palabras de sus amigos estuvieran acompañadas de gestos concretos.
Uno de los dramas de la vida social aparece cuando la palabra dada (comprometida) deja de ser fiable, no se traduce en actos, cuando uno pierde la confianza en lo que dicen los otros. Conocemos bien ese fenómeno en nuestras sociedades modernas. Ya no creemos más en lo que dicen lo políticos, la publicidad, los periodistas, los jueces. La Palabra dada parece no tener más valor y perdemos la confianza en nuestros representantes, en nuestras instituciones. Mismo en la vida familiar, todo parece frágil y provisorio. Las promesas y los compromisos son de corta duración.
El evangelio de Cristo y de quienes le siguen es exigente: “Aquel que pierde su vida, es decir que la da por amor a su familia, a sus amigos, a los otros, la salvara” (Mt 16,25). Nuestra fe cristiana debe ser una fe activa que influencie todos los aspectos de nuestra vida: la familia, el trabajo, las diversiones, las relaciones con los demás…
En un mundo que agranda y preconiza el triunfo a cualquier precio, la libertad absoluta, el placer inmediato, el evangelio de Cristo nos sitúa sobre la ruta de nuestras responsabilidades cotidianas.
No es entonces aquel que dice « Si, yo iré a la viña » y enseguida no va quien hace la voluntad del padre, sino aquel que termina yendo, mismo si había dicho NO al momento de partir.
Este evangelio nos recuerda otra verdad importante para el Señor: en la vida, no todo está ya jugado (la suerte no está echada definitivamente). Siempre hay tiempo para reconsiderar las cosas. Cualquiera que sea nuestra historia, y por muchos que hubieran sido nuestros rechazos o renegaciones precedentes, siempre es posible un cambio (una conversión, un cambio de rumbo). Con Jesús nunca estamos encerrados en el pasado. Con Él Siempre tenemos una segunda oportunidad (a diferencia con nuestra familia e instituciones). Nunca somos fijados, señalados (estampillados, marcados) por lo que hicimos anteriormente. El avenir esta siempre abierto.
He leído otra historia de una mujer condenada a varios años de prisión. Ella se había prostituido, sabiendo muy bien que tenía el Sida. Era su necesidad de droga que la había empujado a la prostitución. Ella había recibido una excelente educación y venia por tanto de una buena familia. Ella se arrepentía amargamente de haber arruinado su vida y quería reencontrar el amor y el perdón del Señor. Ella confiesa que fueron esos años pasado en prisión que la habían llevado a salir de una prisión peor que aquella donde ella vivía actualmente: la prisión de la adicción a la droga.
Para Dios, no hay bueno definitivos ni malos definitivos, hay hombres y mujeres en plena evolución que avanzan y que retroceden…Los publicanos y las prostitutas no son mejores que los otros, pero ellos entran en el Reino porque en un determinado momento, ellos han cambiado de dirección (de ruta) ellos se han convertido.
En nuestra vida, no todo está ya jugado (definido o cumplido). Siempre es posible cambiar, partir de cero nuevamente y comprometernos en los caminos de Dios, es decir, para utilizar las palabras del evangelio- siempre es posible cambiar de opinión e ir a trabajar en la Viña del Señor.
REFERENCIAS:
1. HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus.
otras reflexiones utiles sobre este mismo evangelio aca:
De Calixto, en TEJAS ARRIBA:

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Gustavo Quiceno