viernes, 19 de agosto de 2011

En los 81 años del nacimiento del autor de LAS CENIZAS DE ANGELA


“Cultivad vuestra mente, es vuestro tesoro y nadie puede entrometerse en ella. Si la llenáis de basura se pudrirá en la cabeza. Podéis ser pobres, llevar los zapatos rotos, pero vuestra mente…vuestra mente es un palacio”. 

(palabras en clase  del profesor del curso de McCourt, en la película basada en el libro LAS CENIZAS DE ANGELA).



Mi encuentro con McCourt y su obra

Por allá en 1997 , justo después de haber recibido el Premio Pulitzer Había oído hablar de él y su célebre libro que después sería llevado a la pantalla grande.

Frank McCourt cuyo nombre me ha sido siempre difícil memorizar, nació  UN DÍA COMO HOY EL 19 de agosto  pero de 1930 en Estados Unidos pero se crio en Irlanda país de sus raíces y orígenes de familia.

Las Cenizas de Ángela es un relato trágico-cómico de su infancia y  parte de su juventud vividas en la antigua república irlandesa, católica y compleja de los años  30s y 40s.

Año 2003. Fue estando como misionero en África y gracias a un compañero que me adentré en el mundo de McCour, como me ha sucedido con las buenas novelas, una vez empezada, no pude abandonarla, despertando en mi un vivo interés por el relato autobiográfico junto a Gabo con “Su vivir para contarla”, devorados casi que simultáneamente en horas de soledad y calma y cuando el libro se presentaba como una alternativa de compañía.

Para mí ha sido de los libros más conmovedores y que  a la vez me ha enseñado mucho y entretenido, al tornar sus páginas se encuentra uno con pasajes que muestran el amor sin condiciones por la figura maternal,  la complicidad padre-hijo, la comprensión de la realidad y la vida contada y vista por los ojos de un niño,   se aprenden valores como la compasión, la amistad y se da cuenta uno que la rebelión y la protesta  frente a la miseria y la intolerancia (política y o religiosa) no tienen fecha ni lugar.

McCourt logra un relato entrañable que nos hace llorar y reír a la vez, su lenguaje es sencillo y profundo, refleja la humanidad, pero también la miseria y dignidad que conviven en el ser humano.

La obra de McCourt tiene como trasfondo una crítica mordaz, sin tapujos, irreverente  de la Iglesia la religión católica tradicional irlandesa. Al principio del libro el autor lo advierte: “Cuando rememoro mi niñez me pregunto cómo sobreviví. Fue, claro, una infancia miserable: la infancia feliz difícilmente vale la pena para nadie. Peor que la infancia miserable común es la infancia miserable irlandesa, y peor aún es la infancia miserable católica irlandesa”.

El 19 de julio del 2009 murió después de haber sucumbido a un cáncer, irónicamente me di cuenta de su muerte casi un año  después…

Como tarea me he propuesto en estos días releer sus dos primeros libros: Las cenizas de Ángela y Lo es, y leer por primera vez Profesor su penúltima obra, donde narra sus experiencias de docente en USA…dicen que sus libros, especialmente este último deberían leerlo todos los maestros y  pedagogos, y aprender así de la experiencia de un hombre que con seguridad tiene mucho que enseñarnos…

Alrededor del autor y su opera prima

Frank McCourt  nacio en  Brooklyn , New York, hijo de Malachy McCourt   (1901-1985) que pertenecía  a la iglesia presbiteriana de Irlanda del Norte y de Angela Sheehan (1908-1981) que había sido criada en la iglesia católica irlandesa.

McCourt vivio en New York con sus padres y sus 4 hermanos y hermanas más jóvenes: Malachie que nació en 1931, los gemelos Oliver y Eugene, nacidos en 1932 y una hermana menor, Marguerite, que murió unas semanas después de su nacimiento, en 1935. Después de esta primera tragedia su familia decide volver a Irlanda, donde mueren los hermanos gemelos un ano después de su llegada y donde  nacen los más  pequeño de sus hermanos Michael  (1936) y Alphie (1940).

La vida en Irlanda, y especialmente en Limerick, no era fácil en aquella época (años 30 y 40), y el libro la recoge con crudeza. La familia McCourt vive en una casucha minúscula en una callejuela sucia, con una sola bombilla y conviviendo con las pulgas y los chinches, y comparten una única letrina con sus demás vecinos. El padre, vago y alcohólico, apenas logra mantener ningún trabajo, y cuando lo hace es sólo para poder comprar más bebida. Así, la familia se ve obligada a vivir de la caridad, subsistiendo principalmente a base de té y pan.

El padre de Frank consigue finalmente un empleo durante la Segunda Guerra Mundial, en una planta de defensa en Coventry (Inglaterra), pero pronto deja de enviar dinero a su familia, que depende únicamente de lo que logra obtener la madre de Frank, sin trabajo y con escasa ayuda de sus familiares, que no aprueban su matrimonio con un norirlandés. Los hermanos mayores, Frank y Malachy, comienzan a ayudar en lo que pueden, recogiendo trozos de carbón o madera de las calles, hasta que el joven Frank cae enfermo, con tifus y conjuntivitis. Poco después, la familia se ve obligada a abandonar su casa e irse a vivir con un familiar lejano que no siente ninguna simpatía por ellos. Frank consigue poco después sus primeros trabajos como repartidor de telegramas, y comienza a soñar con la posibilidad de volver algún día al lugar donde nació, los Estados Unidos. De hecho, el libro termina cuando Frank consigue ver cumplido este sueño, embarcándose para América a la edad de 19 años.


Frank McCourt es un personaje atípico. Empieza a escribir ya jubilado. No asciende escalón por escalón la larga senda de la fama sino que su primer libro lo catapulta como a ninguno. Infancia y adolescencia miserable, en un ambiente que nada pronostica para su futuro. Y efectivamente, hasta la aparición de Las cenizas de Angela  en 1996, a sus 66 años, era un oscuro maestro en Nueva York, para ser inmediatamente después uno de los 35 personajes más famosos del año según Vanity Fair, figurar 70 semanas seguidas en la lista de los best sellers del New York Times, estar traducido a más de 20 idiomas y figurar en más de 50 entradas en Internet. ¿Vocación tardía o escritor inédito?

Pero también es típico de un sector contemporáneo de la población. Marginado en una región marginada, desarraigado, sobrevive contra toda esperanza.

Las Cenizas de Angela tiene magia que atrapa. A años luz del realismo mágico del llamado boom latinoamericano de las últimas décadas, McCourt se inscribe en un realismo cruel y descarnado más bien emparentado con Dickens. Sin artilugios de tiempo ni espacio, narra linealmente los sucesos de su infancia y adolescencia como los rescata de la memoria sesenta años después. Pareciera que con ellos se libera de viejos fantasmas. Función catártica de la literatura.

La narración es descarnada y cruel como lo fue su infancia. La Nueva York de la gran depresión no tiene campo para inmigrantes, aun cuando tampoco lo tiene para nadie la Irlanda de los alrededores de la 2ª Guerra Mundial. El tiempo de la novela coincide con el tiempo del autor narrador. Novela autobiográfica. Completa el suceso exterior con la percepción desde la perspectiva del niño y adolescente que fue sobre el mundo que le ha tocado en mala suerte. A la edad en que escribe, mira su infancia con un dejo de humorismo cínico cercano al sarcasmo y la narración va tomando los tonos propios del habla de cada edad.

¿Y cuál es ese mundo? La Irlanda secularmente sometida al inglés, empobrecida por las depresiones no superadas de la entreguerra europea, la fuerte tradición católica en que se cría, enfrentada a la visión protestante dominante. El catolicismo lo encierra en el círculo infernal de la culpa por el pecado. Su contraparte es el mal encarnado. Y la guerra. La guerra que conduce a la paradoja en que se encuentran los irlandeses de apoyar con mano de obra barata al protestante inglés, del cual apenas acaban de liberarse formalmente, en su enfrentamiento con el alemán. El peor sometimiento, sin embargo, ha quedado: el de la cultura religiosa opresiva del espíritu (“...condenación. Es la palabra favorita de todos los sacerdotes en Limarick “), el de la desigualdad y la pobreza, el de ser periféricos frente al vecino imperio decadente.

Podemos concluir, como el autor, con la única palabra del XIX capítulo de su novela: ¡AJA!. Sí, ¡ajá!, aquí hay un gran novelista del interior del hombre. De un hombre que nos hace resonar fibras internas a muchos hombres. Del interior oprimido y desarraigado del hombre de siempre. ¡Ajá!, aquí nos identificamos con ese pequeño Frankie de dos, tres años con hambre permanente cuando nos acordamos que en nuestro desayuno solo había un pequeño pan con agua de panela. ¡Ajá!, acá nos acercamos a su escolaridad, a su sometimiento a la dura escuela de tradición inglesa donde el castigo es norma y la letra, aún ahora, con sangre entra. ¡Ajá!, aquí lo vemos recibir los continuos portazos en las narices cuando pretende acceder al mundo religioso vedado para el marginal, ya sea del colegio de élite, de la sacristía implacable en la cual creía ilusamente su madre que podía llegar a ser monaguillo, del monasterio o de la casa de jesuitas cuando se acerca a ellas intentando limpiar su culpa interna exacerbada por las primeras cervezas la última noche de sus quince años.

¡Ajá!, ahora no le queda más remedio que estar destinado a la condenación eterna por haberse masturbado en lo alto de la colina, frente al pueblo y ante el mar y por el iniciático y desritualizado acto sexual con la tierna y tísica Teresa Carmody, que muere de eso, de tísica y deja en el adolescente apenas despertando a la vida, el penoso sentimiento de haberla arrojado al infierno sin posibilidad de redención.

¡Ajá!, y sólo entonces le queda el sueño americano. Para su Nueva York natal regresa después de ahorrar durante cuatro años, en un intento por recuperar el único asomo de felicidad en esos 19 años: el recuerdo de un país luminoso donde hay comida y las películas son el alimento de sus sueños. Y a los 19 años, este país deslumbrante no lo frustra y lo recibe con fanfarrias de placer en casa de mujeres solitarias y marchitas que tratan de compensar su fracaso amoroso en farras de fin de semana mientras sus esposos cazan venados.

¡Ajá!, y acá nos deja, mirando desde cubierta junto a sus sueños, río Hudson arriba, el titilar de las luces de América, con la nostalgia de que, a pesar de lo que dice, la infancia miserable y la adolescencia solitaria y culposa, son iguales en todas partes.


Continuaciones y adaptaciones

Frank McCourt escribió una continuación a Las cenizas de Ángela: Lo es ('Tis) (1999). Luego publicó su tercer obra El profesor (Teacher Man), en la que cuenta sus vivencias como docente (2005) y, por último, Angela and the Baby Jesus con una dulce historia de la niñez de su madre (2007).

Además, Las cenizas de Ángela fue adaptada al cine en 1999, en una película con el mismo título, dirigida por Alan Parker y protagonizada por Emily Watson y Robert Carlyle.

ver la pelicula aca:


Premios

Las cenizas de Ángela recibió tras su publicación el Premio Pulitzer de 1997, mismo año en el que recibió el premio Boeke. Obtuvo también el National Book Critics Circle Award de 2006

Título

Muchos no se explican la razón por la cual el autor dio este nombre a su obra, dado a que Ángela no es el foco principal de la misma. En varias entrevistas McCourt confesó que la obra completa fue pensada para ser publicada en un solo libro, que terminaba con la muerte de su madre; sin embargo, decidió fragmentar su relato en dos obras independientes, bautizando la segunda como Lo es ('Tis), ya que ésta es la frase (o palabra) con la que el autor concluye Las cenizas de Ángela.

Otros atribuyen su nombre a las cenizas que derramaban los innumerables cigarrillos que Ángela fumaba sumida en la preocupación. Otros, en cambio, consideran que se debe a los restos dejados por la chimenea que se encendía en invierno. Una teoría más profunda, dicta que Las cenizas de Ángela recibió su nombre por los tres hijos que ésta mujer perdió.

En conclusion:


Hay una cosa en la que McCourt nunca me defrauda: cuenta su vida con crudeza, realidad, ironía, sátira y verdadera pasión. Es desde luego la historia de un superviviente. Y no ahorra detalles, por sórdidos o desagradables que sean, para contar su experiencia vital. 4 libros que se deben leer consecutivos y una película que merecen la pena y que te hacen coger cariño a FRANK McCOURT. Recomendable 100%.      


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:




martes, 16 de agosto de 2011

21 de agosto del 2011: 21º domingo del tiempo ordinario A



A guisa de introducción:

En nuestros días, las maneras de comunicarnos se han diversificado: teléfono, blogs, sms (mensajes de texto), correos y sitios de internet, no son que algunos ejemplos.

Las oportunidades de tomar la palabra, de compartir nuestra opinión y lo que nos hace vivir o anima, no habían sido nunca tan numerosas.

Por lo tanto, no es simple o fácil tomar la palabra cuando uno se pone a reflexionar sobre las repercusiones de este acto, es decir, cuando uno es consciente de la gravedad que va a decir, expresarse no es nada sencillo.

Cuando se presenta la necesidad de afirmar una verdad, esto llega a ser una tarea muy delicada. Y sobre todo cuando nuestro interlocutor es una persona con la que tenemos una relación afectivamente estrecha…A veces caminamos como sobre huevos, como loro en tunal…midiendo nuestras palabras para que el mensaje sea bien acogido o al menos bien comprendido.

Un ejemplo para nosotros sacerdotes: nuestra tarea de predicadores es bastante exigente: esta implica conocer bien nuestros interlocutores, su nivel de comprensión, sus preocupaciones, sus esperanzas, sus utopías. Como decía el recordado Padre Calixto “no regañemos a los pocos que vienen  a la misa”. Hoy más que nunca sabemos que los discursos moralistas, condenadores, las homilías que solo ven la paja en el ojo ajeno están ya para recoger y mejorar. Y cuando se trata de denuncia o profecía (porque es necesario y en caso de que eso se quisiera), entonces hay que hablar con voz más fuerte, sin lugar a dudas…Por ello, es esencial conocer  los contextos, el público al que nos dirigimos… y sabemos que a la Iglesia difícilmente vienen quienes necesitan escuchar aquellos sermones…

En el evangelio de hoy, Pedro toma la palabra para afirmar lo que era evidente hasta ese momento y que parecía escondido a los ojos de todos.

Declarar que Jesús es “el Mesías, el Hijo del Dios viviente”, podría cambiar la imagen de Jesús entre los discípulos, chocarles y finalmente dividirlos.

Pero enseguida, Jesús confirma la afirmación del jefe de los doce, descubriéndoles el origen de esta revelación: El Padre que está en los cielos.

Tomar la Palabra se constituye a veces en un acto de valentía, en particular cuando se trata de nuestras convicciones profundas que todo el mundo no podrá aceptar ni tampoco comprender.

Al ejemplo de Pedro, seamos de aquellos que osan tomar la palabra para compartir su fe y proponer la presencia de Dios en un mundo que parece más sugerir su ausencia.



Aproximación psicológica:

Pour Jean-Luc Hétu (en Les options de Jésus)

De la selva densa a la roca solida

En el espacio de 3 versículos se nos exponen 3 expresiones de gran complejidad a saber: EL HIJO DEL HOMBRE, CRISTO y EL HIJO DE DIOS. Estas expresiones llamadas títulos mesiánicos, corresponden a maneras bien precisas con las cuales los primeros cristianos comprendieron y expresaron su fe en Jesús.

Los exegetas continúan discutiendo entre ellos la cuestión de saber si Jesús se aplicó esto títulos a sí mismo, y la respuesta aun no es bien clara.

Una cosa cierta es que estos títulos estaban estrechamente ligados al contexto religioso judío, y desaparecieron cuando la fe fue trasladada al mundo grecorromano. Así, nosotros los conocemos hoy más bajo la forma de nombres propios: El Mesías, Jesucristo.

En verdad, no hay nada que lamentar en esta evolución, ya que estos títulos logran bastante mal expresar la identidad de Jesús, a dar una buena concepción o toma de significado  sobre su misterio.

Jesús se opone en alguna parte  a “dar signos” de su autoridad (Mt 12,38-39), dejando a sus oyentes la tarea de evaluar por ellos mismos el conjunto de su acción (su práctica).  Se podría hablar de igual manera de su rechazo a dar definiciones teológicas de su identidad, rechazo que llevaría a sus contemporáneos a descubrir por ellos mismos quien era Él.

Esto no significa de ninguna manera que todo nos resbale entre los dedos, y que Jesús  quede  para siempre como  una figura fugitiva e inalcanzable. Pero la crítica textual y el análisis teológico de los títulos mesiánicos es representada como una selva densa en la cual se perderían de modo seguro los mas pequeños (Mt 11,25). Ahora, Jesús declara que justamente son estos últimos quienes tienen acceso a su misterio.

Es menester entonces decir que tenemos acceso directo a lo que importa saber sobre Jesús, y esto tiene dentro algunas convicciones de fondo, que toda persona sincera puede  tener después de una lectura atenta del evangelio.

Ante todo, Jesús se muestra convencido de que Dios se ha acercado a todo ser humano, y que Él está presente como un Padre en su vida de cada día.

Enseguida, Él está plenamente convencido de estar en una causa común con Dios, y él deja entender que la actitud que se asuma de cara él  (Jesús) es la misma actitud que se asume ante Dios mismo. Finalmente, él está convencido que los pobres y los oprimidos son los primeros en recibir la ternura de Dios, que la fiesta que viene será ante todo su fiesta, y que es con ellos que es necesario construir nuestras primeras solidaridades.

He aquí algunas de las convicciones de Jesús. Es reflexionando sobre ellas y acerca de la manera como Jesús vivió toda su vida en conformidad con ellas, que nosotros podremos comprometernos en una búsqueda espiritual auténtica.

Construir (formar) sobre la roca un grupo comprometido

Jesús un día decide dejar su trabajo de carpintero ordinario para llegar a ser constructor de hombres, y el agrupa pescadores ordinarios con el objetivo de hacerlos pescadores de hombres. Acá rencontramos el mismo paralelo entre la actividad de Jesús y la de sus discípulos: Jesús construirá su comunidad, su gran asamblea, y sus discípulos, representados por Pedro, se comprometerán ellos mismos en la realización de este proyecto.

Notemos acá que Jesús entiende quedar como el actor principal. Puesto que Él no dice a los discípulos: construyan ustedes una iglesia. Si Él les dona poderes, es únicamente para que sus discípulos realicen su proyecto (suyo), con la misma apertura y la misma libertad de cara a  las instituciones y al poder.

Este famoso poder de las llaves confiado a los apóstoles no debe ser comprendido como el poder que es a veces arbitrariamente ejercido sobre las conciencias por ciertos eclesiásticos “puntillosos”.

Un comentador de las escrituras remarca sobre esto, que en la lengua semítica (lengua original de la biblia) “se emplea grupos de dos palabras opuestas para indicar la totalidad”. De tal modo que el acento no se pone sobre el ejercicio del juicio, mas sobre la capacidad (y la misión!) de desatar los seres humanos, de liberarlos de todas sus ataduras (obstáculos, lo que les estorba y no les deja ser libres).

De otro lado,  esta manera de comprender el versículo 19,  va en la línea de la comprensión  que Jesús tenia de su propia misión. “El hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”, y no perder (atar) lo que estaba salvado o lo que no estaba perdido (cf. Luc 19,10).

Al construir su comunidad sobre la piedra (o roca) (ver el juego de palabras del versículo 18), Jesús evoca su parábola de la casa construida sobre la roca (Mt 7,24-27). Se trataba en aquella parábola de fundar su experiencia espiritual sobre la piedra, es decir, sobre la puesta en práctica de  la Palabra de Dios. La solidez que es prometida a la comunidad eclesial reenvía entonces a la exigencia de una práctica seria y fiel del evangelio.

Vemos aquí entonces el encadenamiento de textos reveladores en este sentido: “las puertas del infierno no prevalecerán contra mi iglesia”: el mal no tendrá la última palabra con los miembros de mi grupo: el infierno no podrá retener prisioneros los miembros de mi iglesia: “mis ovejas no perecerán nunca y nadie podrá arrancarlas de mi mano” (Jn 10,28); pero, cómo se llega a ser oveja, como se llega a ser discípulo?  “no es diciendo Señor, Señor (…) sino haciendo la voluntad de mi Padre” (Mt 7,21).

Así pues,  pertenencia a la Iglesia, solidez de la Iglesia y práctica eficaz de la Palabra  liberadora de Dios, son 3 realidades que aparecen íntimamente unidas entre ellas. Más que una prueba de la solidez de la institución, este pasaje contiene entonces en filigrana este compromiso en la acción que es típica de toda palabra de Jesús.



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OTRA REFLEXION  (2)
P. Yvon-Jacques Allard, s.d.v  ( en http://cursillos.ca)

Después de la muerte de Juan el bautista, Jesús ha dejado la tierra de Galilea.  Ahora elude  las multitudes y se consagra por entero a sus apóstoles a quienes va revelarles el misterio de su pasión. El Mesías sufriente, humillado llega a ser el punto central de su predicación.

Jesús sabe lo que se piensa de él. Pero con todo, el lanza la pregunta: “De acuerdo a lo que se dice, se rumora qué dice la gente quién es el hijo del hombre? “  Las respuestas son variadas: Juan Bautista resucitado, Elías de quien se esperaba su retorno, Jeremías, uno de los grandes profetas…Y los doce no se atreven a recordarle lo que dicen los jefes religiosos a propósito de él: un hereje, un poseído, un seductor de masas, un glotón, un borracho.

Y entonces es cuando enseguida Cristo les hace la pregunta muy personal: ¿“pero, y ustedes quien dicen que soy yo?”

Y es Pedro quien responde en nombre de los 12: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”.  Es evidente que esta respuesta no ha sido suficientemente comprendida por Pedro y por los apóstoles que después de la Resurrección, mismo si el evangelista la utiliza aquí, antes de la entrada a Jerusalén. En el cuarto evangelio (San Juan)  se menciona otra profesión de fe de Pedro. Cuando los discípulos en gran cantidad,  abandonan el Señor, y éste demanda a sus apóstoles: “ustedes también quieren irse (abandonarme?)” Y Pedro responde:  ¿“A quien iremos Señor?, solo tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,67).

Pedro es quien a menudo habla en nombre de los otros. Es un impulsivo y comete a menudo errores (“mete la pata”, “se equivoca”). Pero a pesar de todas sus lagunas ama a Cristo y es escogido para ser el fundamento de la Iglesia. Es necesario recordar acá que Jesús es el constructor de la Iglesia, y no Pedro: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra, yo construiré mi Iglesia”. Jesús promete al jefe de los apóstoles un carisma especial: “Yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca. Tú, entonces, cuando vuelvas, asegura la fe, la confianza de tus hermanos” (Luc 22,32).

La autoridad conferida a Pedro no es una autoridad de poder sino una autoridad de servicio. Es para expresar este tipo de autoridad que Jesús insiste en lavarle los pies la tarde del jueves santo, y esto a pesar de las reticencias del pescador galileo. Pedro y los apóstoles reciben las llaves del Reino para que ellos abran las puertas a todos.

Recordemos que Cristo había acusado los escribas y a los fariseos de cerrar la entrada del Reino de Dios: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cierran el Reino de los cielos delante de los hombres; que ni ustedes entran, ni a los que están entrando dejan entrar” (Mt 23,13).

Jesús no quiere que hagamos lo mismo que los escribas y fariseos en su Iglesia.

El rol (papel) de Pedro es el de ser también un símbolo de unidad en la Iglesia. Miremos lo que sucedió en el Primer Concilio de Jerusalén, cuando cuatro o cinco grupos experimentan ideas diferentes sobre la adhesión de los no judíos al cristianismo.

Es Pedro quien supo religar Pablo el liberal, Santiago el conservador, los griegos de la izquierda, y los fariseos cristianos de la derecha. Todos se pusieron de acuerdo alrededor de Pedro que ha explicado lo que le había sucedido en casa del centurión romano: “Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro”  (Hechos 11,9).

Pedro, es entonces, Aquel , alrededor de cual los cristianos forman unidad.  A través de los siglos, no ha sido siempre  el caso  con los sucesores de Pedro, pero hoy los gestos de unidad y de reconciliación se multiplican: Pablo VI y Juan Pablo II con los ortodoxos, los protestantes y los líderes de otras religiones, Benedicto XVI en la sinagoga de Colonia. El papel principal del Papa es promover la unidad: primero, al interior de la Iglesia (entre los partidarios de la derecha y los partidarios de la izquierda), enseguida, con aquellos que se han alejado de Roma (los protestantes y los ortodoxos), y con los miembros de otras religiones.

La unidad es importante, puesto que juntos participamos en la vida del Reino. El Concilio vaticano II definió la Iglesia como “el pueblo de Dios”. Es imposible ser cristiano y de tener la fe, vivenciarla solo. La no-práctica religiosa, el alejamiento de la comunidad cristiana provocan continuamente la atrofia y la desaparición de la fe. Cuando algunos  dicen , que ellos son cristianos practicantes , quieren decir por lo regular que ellos van a la misa el domingo. Pero ser “cristiano practicante”, es mucho más que asistir a la liturgia dominical, es practicar también la justicia, la fraternidad, la hospitalidad, el respeto de los otros, actuar con justicia en los asuntos y negocios, perdonar las ofensas, amar sus enemigos, ser promotores de paz, rechazar la violencia, ser tolerante…

Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) un gran teólogo  y  pastor polaco –alemán muy conocido, llevado a la horca por los nazis debido a sus ideas religiosas y por su defensa de los judíos, preguntaba un día  a sus feligreses parroquianos  de Berlín: “Si hoy se les acusara a ustedes de ser cristianos, es que se encontrarían suficientes pruebas para condenarles?”. Bonhoeffer sabía la importancia de la fidelidad a las exigencias del evangelio.

El abad Pierre, el apóstol de los pobres, afirmaba: “Cuando lleguemos al final de nuestra vida, no se nos preguntara si hemos sido creyentes, sino más bien si hemos sido creíbles”, es decir, si nuestras acciones corresponden a nuestra profesión de fe! “No son aquellos que dicen: Señor, Señor, que entraran en el Reino de los Cielos, sino más bien aquellos que hacen la voluntad de mi Padre”.

El cristianismo es una gran esperanza, pero ella tienes sus exigencias evangélicas.  Debemos constantemente verificar nuestra práctica religiosa y nuestra adhesión a Cristo a la luz del evangelio. La respuesta a la pregunta de Cristo: Para ustedes, quien soy yo? determinará el tipo o clase de cristiano que nosotros somos.


FUENTES BIBLIOGRAFICAS :

Petit livret de Prions en église, misal dominical version quebequense.
-         
Reflexion chretienne, P. Yvon-Jacques Allard, s.d.v (http://cursillos.ca.


HÉTU, Jean-Luc. Les options de Jésus.
-         

lunes, 15 de agosto de 2011

FELIZ FIESTA DE LA ASUNCION


LA ASUNCIÓN DE MARIA


Un primer articulo Transcrito del libro "Esta es nuestra fe: Teologia para universitarios de Luis Gonzalez Carvajal:



El 1 de noviembre de 1950 Pío XII definió ser doctrina revelada que María, «una vez cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial». Ya en época temprana surgieron varios relatos apócrifos que describían la asunción de María al cielo. Algunos eran especialmente fantásticos, como éste que se puso bajo el nombre de San Juan Evangelista, aunque en realidad es de finales del siglo V: «Un ángel se le aparece a María, le trae una palma y le anuncia su muerte. Ella convoca a sus amigos y les da la noticia (...) Camino del sepulcro, la comitiva fúnebre es atacada por los judíos; pero al sacerdote que quiere tocar el ataúd se le cortan maravillosamente las manos y los que le acompañan quedan ciegos. Por estos milagros se convierten y son curados. Luego los apóstoles depositan el cuerpo de María en el sepulcro; tres días más tarde viene Jesús de nuevo, los ángeles llevan el cuerpo al paraíso y lo ponen bajo el árbol de la vida, donde se une otra vez con su alma» 29.


San Juan Damasceno nos ha transmitido una leyenda, mucho más mesurada, según la cual los apóstoles abrieron la tumba de María al tercer día de su muerte y encontraron sólo los sudarios 30.

Conviene aclarar, sin embargo, que la fe de la Iglesia no se apoya en ninguna de esas leyendas; es más, no debe apoyarse en ellas porque la asunción no fue un acontecimiento más de la vida de María que pudiera haber sido presenciado por algún cronista. Decir que fue «asunta a la gloria celestial» equivale a decir que fue asumida, tomada por Dios; y esto, obviamente, ocurre más allá de la historia. Quien sepa que el «cielo» de la fe no es el cielo de los astronautas, no caerá en la ingenuidad de imaginar un desplazamiento por los aires.

Así, pues, la Iglesia no supo de la asunción de María por el testimonio de la historia, sino por el testimonio de la fe Jesús, al resucitar de entre los muertos, fue a «preparar un lugar (Jn 14, 2) a quienes «mueren en Cristo» (1 Tes 4, 14).Entre ellos María — modelo del discipulado cristiano— ocupaba necesariamente el primer lugar. Un día disfrutaremos nosotros también de esa dicha.

 Es significativo el hecho de que, para definir el dogma de la asunción. Pío XII no eligiera un 15 de agosto sino un 1o de noviembre (fiesta de todos los santos). Debemos dar por buena la intuición de los artistas que representaron siempre a María asunta a la gloria rodeada de un gran cortejo formado por los mártires y santos en general.

La asunción de María al lado del Padre nos dice que hay realidades que ya han sucedido; que no sólo han llegado a Cristo sino también a nosotros, simples seres humanos. Podemos pues, tener confianza. El «futuro» no es ninguna utopía. Se ha hecho ya presente en Jesús y María.



Notas de pie de Pagina:



29. La versión griega y latina fueron publicadas por A.WEN -G E R, UA ssomption de la Tres Sainte Vierge dans la tradition byzantine du VF au Xe siécle: Archives de 1'Oriente chrétien5 (Paris1955).

30. JUAN DAMASCENO, Homilía III in dormiüo:PG 96, 157BC





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También anexo una bella presentación Power Point que nos ayudarà a iluminar la reflexión y a estimular nuestra vida de fe y esperanza en esta fecha tan especial en que celebramos a la excelsa mujer María de Nazaret...







Madre Nuestra ,gracias por tu SI 
sincero y fuerte al Padre Eterno,
Tú posibilitaste el trascendental plan de Dios con la humanidad,
Gracias María por engrandecer nuestra condición humana.

Que tu ejemplo de fe, caridad y 
obediencia a los designios divinos, 
inspiren nuestra vida de cada día
y que nuestros gestos y palabras
aboguen siempre por la vida, la justicia y el amor.

Gracias por mostrarnos que la vida vale la pena de ser vivida,
y que a pesar de nuestra condición mortal, 
la esperanza nos empuja a la inmortalidad segura;
mientras la fe nos hace actuar, 
trabajar por un mundo más justo y más humano.

Gracias por tu oración y súplica ante tu Hijo y el Padre
por nosotros  y por nuestro mundo...


 María Madre de Gracia y Madre de Misericordia!
EN la vida y en la muerte, ampáranos Madre Nuestra !

Feliz fiesta de la Asunción!