lunes, 1 de julio de 2013

En los 20 años de la muerte de FRED GWYNNE: Herman, el papá de la serie “Los Munster” o “La familia Munster”



Siendo un niño, a mediados de los 70s,  “no le paré muchas bolas” al clon de Frankenstein y su familia  (The Munster Familly”) en la serie que se pasaba con el nombre de “La familia Monster”, en mi país Colombia. Con los años este sitcom se ha vuelto una SERIE CULTO, al lado de La Isla de Gillgans y Doctor Who por citar solo algunas.

A finales de los 60 el boom fue recrear en la tv los horrorosos personajes del cinema  muy de moda desde los años 30s, (Drákula, Frankenstein, el Hombre lobo ), presentándoles como parte integrante de familias si extrañas y muy bizarras pero con valores propios de los clanes americanos: la honestidad, la solidaridad, el trabajo honrado, el respeto, el amor. Esa fue la clave de la gran popularidad de las dos series que se pasaron y estuvieron en un determinado momento  enfrentadas en la tele estadounidense entre 1964 y 1967: “The Familly Adams” (La Familia Adams o Los Adams) y “The Munster” (La familia Monstruo” o “Los Munsters”). Aunque las dos son muy buenas y entretenidas, yo prefiero la segunda por la fotografía, los efectos, la hilaridad, y me parece que  las situaciones son más cómicas, puesto que uno se identifica más con las ingenuidades y bondad de Herman Munster que con el comportamiento refinado y demasiado snob de Homero Adams por decir solo cualquier cosa.

Pues bien elaboro y me permito compartirles esta entrada en este día 2 de julio, cuando se recuerda que hace 20 años, el 2 de julio de 1993, moría el polifacético y extraordinario actor FRED GWYNNE a la edad de 66 años. Había nacido el 10 de julio de 1926 en New York.

Hijo de Frederick Walker Gwynne, un  rico vendedor de títulos de “Gwynne Brothers”, y su mujer Dorothy Ficken. Su abuelo paterno era un sacerdote episcopaliano nacido en Camus- Strabane…en Irlanda del Norte, y su abuelo materno era un inmigrante de Londres venido a Inglaterra.

Fred asistió a la Escuela Groton y fue diplomado por la Universidad de Harvard…La mayor parte de su infancia la pasó en Carolina del Sur, Florida y Colorado, debido a que su padre viajaba mucho.

Pero además de ser actor de cine y tv, Fred Gwynne también llegó a destacarse en canto  a capella con voz de barítono, y esas mismas cualidades las utilizó en la primera serie de tv donde fue mundialmente reconocido “Cars 54”.  Además fue caricaturista para “Harvard Lampoon”, antes de convertirse en su presidente…No se puede olvidar tampoco sus incursiones en el teatro al que se dedicó después de la cancelación de la serie “La familia Munster”.

Durante la 2ª guerra mundial Fred sirvió en la Marina Americana como operador de radio.

Dicen que fue Phil Silvers quien al ser impresionado por Gwynne en su trabajo en “Miss Mcthing”, le buscó para su emisión de tv.

Nat Hiken lo lanza en el sitcom “Car 54, Where are you?”  (algo asi como “Patrulla 54,
donde te encuentras?) donde hace el papel del patrullero Francis Muldoon, al lado de Joe E. Ross. Después de dos temporadas, ocurre el rencuentro con un amigo de viejos tiempos AL LEWIS (el abuelo de “la familia Monster”).

Gwynne medía 1 metro con 96 cms, y esto le fue de gran ayuda a la hora de hacer el casting para ser el papa y o jefe de la familia Munster… Acá hace la parodia loca y divertida de Frankenstein. Para su papel, debía cargar entre 40 y 50 libras de accesorios, hacerse 4 capas de maquillaje y  utilizar grandes zapatos. Su rostro estaba pintado en color violeta vivo, para poder capturar lo máximo de luz en la película que se hacía en blanco y negro.


Gwynne fue reconocido por su sentido del humor y conservó siempre bellos y afectivos recuerdos de Hermann diciendo años más tarde:  “Podré decirles muy bien la verdad, amo mucho a Hermann Munster…Yo no trato siquiera de olvidarlo…no puedo dejar de querer ese chico”. Sin embargo el se vería catalogado, marcado muchos años por este personaje. En total fueron 2  temporadas y 72 episodios en los que Gwynne encarnó al bueno y amoroso pero asustador Hermann en “La familia Munster”.

En 1952, Gwynne se casa con Socialite Jean Reynard, la nieta del alcalde de New York William Jay gaynor. Ellos tuvieron 5 hijos: 3 hombres, Evan, Dylan y Keiron, dos mujeres, Madyn y Gaynor, antes de divorciarse en 1980. Dylan murió ahogado en un accidente cuando era niño en 1963, y Keiron nació con una deficiencia intelectual. En 1988, Gwynne se casó con Deborah Flater.

Fred Gwynne murió el 2 de julio de 1993 a causa de un cáncer de páncreas en Taneytown, Maryland, a la edad de 66 años, una semana antes de su cumpleaños 67. 

Fue enterrado en el  Cementerio Sandymount United Methodist Church en Finksburg, Maryland, en una tumba anónima, al menos esto es lo que dice WIKIPEDIA en inglés.

Seguramente que alegró la infancia de muchos de la generación x y baby-boomers? Cierto? Entonces, hoy, 20 años después de su muerte,  cómo no recordar y elevar al cielo una oración por este gran actor y ante todo gran ser humano como lo fue Fred Gwynne? El agente Francis Muldoon y Herman Munster quedarán por siempre en la memoria.



Otro artículo en la Web sobre Fred Gwynne:


en inglés:

jueves, 27 de junio de 2013

En los 72 años del nacimiento del cineasta creador de la trilogía Azul, Blanco y Rojo: krzysztof kieślowski


Krzysztof Kieślowski: el cine de la libertad, la conciencia y el misterio




“Mis películas tratan de la absoluta necesidad de abrirse, de comunicarse a diferentes niveles y de derribar las barreras de la vergüenza y del miedo que nos impiden sentirnos vulnerables”.
—Krzysztof Kieślowski

“Kieślowski pensaba que el ser humano es bueno por naturaleza. En su obra no hay hombres malos: todos son buenos, solo que el destino los coloca a veces en situaciones difíciles o trágicas”.
—Edward Żebrowski, amigo y colaborador del cineasta

En entradas anteriores les decía que esta semana quería dedicarla a reflexionar sobre la libertad. Primero propuse la película Sueños de fuga (The Shawshank Redemption), una obra profundamente humana sobre la esperanza que resiste incluso en medio de los muros. También sugería leer el Evangelio del domingo desde el prisma de la libertad interior: esa libertad que no consiste simplemente en hacer lo que uno quiere, sino en descubrir qué nos hace verdaderamente humanos.

Como un tercer momento de esta reflexión, me parece oportuno volver la mirada hacia la vida y la obra de uno de los cineastas más hondos del siglo XX: Krzysztof Kieślowski, director polaco nacido el 27 de junio de 1941 en Varsovia y fallecido el 13 de marzo de 1996, también en Varsovia, a los 54 años. Algunas fuentes registran su muerte el 13 de marzo y otras el 14, porque falleció durante una cirugía cardíaca tras haber sufrido un infarto; lo cierto es que su partida fue temprana y dejó una sensación de obra interrumpida. (Culture.pl)

Kieślowski es conocido internacionalmente por obras como El Decálogo, La doble vida de Verónica y la trilogía Tres colores: Azul, Blanco y Rojo. Su cine no es de respuestas fáciles. Es un cine de silencios, miradas, coincidencias, heridas secretas, decisiones morales y preguntas que no se dejan domesticar. Culture.pl lo presenta como un realizador de mérito excepcional, reconocido mundialmente por esas obras, y subraya que sus historias sencillas tratan cuestiones difíciles, fundamentales y universales sobre los sentimientos humanos. (Culture.pl)

Debo decir que me encontré por primera vez con el nombre y la obra de Kieślowski en 1999, estando en Medellín. Un compañero del seminario me recomendó ver una de las películas de su famosa trilogía: Azul (Trois couleurs: Bleu). Debo confesar que, en aquella primera experiencia, me pareció un cine lento, adormecedor, tedioso y casi sin sentido. Tal vez yo esperaba otra cosa. Tal vez no tenía todavía la paciencia interior que exige este tipo de cine. Tal vez ciertas películas no se ven solamente con los ojos, sino también con las heridas, las preguntas y la madurez que uno va acumulando con los años.

Con el tiempo me acerqué de nuevo a su cine desde otra perspectiva. Entonces comencé a descubrir en él un lenguaje íntimo, simbólico y profundamente espiritual. Kieślowski no predica, no impone, no explica demasiado. Más bien sugiere. Coloca al espectador frente a una situación humana y le pregunta en silencio: ¿qué harías tú?, ¿qué hay realmente en tu corazón?, ¿hasta dónde llega tu libertad?, ¿qué precio tiene una decisión?, ¿puede el azar ser también una forma misteriosa de providencia?

Aunque durante mucho tiempo solo había visto Azul, supe que las otras dos películas de la trilogía —Blanco y Rojo— completaban una reflexión inspirada en los colores de la bandera francesa y en los ideales de la Revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Pero Kieślowski no toma esos valores como consignas políticas, sino como realidades humanas ambiguas, frágiles y muchas veces dolorosas. En Azul, por ejemplo, la libertad aparece ligada al duelo, al desprendimiento y al intento de cortar todos los vínculos después de una pérdida devastadora. Pero la película nos muestra que nadie se libera verdaderamente aislándose de los demás.

Ese es uno de los grandes temas de Kieślowski: el ser humano necesita abrirse, comunicarse, dejarse tocar por los otros. Puede intentar esconderse, desaparecer, encerrarse en su dolor o en su orgullo, pero la vida vuelve a llamarlo. Una mirada, una música, un vecino, una casualidad, una llamada, una culpa o una ausencia pueden romper la muralla que uno había levantado.

Para quienes amamos el cine con sentido, el cine que no se agota en el entretenimiento, Kieślowski es una de las mejores opciones. Su cine exige paciencia, pero recompensa con profundidad. No es un cine de velocidad, sino de contemplación. No es un cine de ruido, sino de resonancias interiores. No se trata de “entenderlo todo”, sino de dejarse interpelar.

Uno de sus trabajos más importantes es El Decálogo, serie de diez películas realizadas para la televisión polaca a finales de los años ochenta, inspiradas libremente en los Diez Mandamientos. No son catequesis filmadas ni sermones audiovisuales. Son dramas humanos en los que cada mandamiento se convierte en una pregunta existencial. El primer episodio, por ejemplo, ha sido descrito como una confrontación entre razón y fe, presentada como drama psicológico. (Culture.pl)

Hasta el momento he visto algunos episodios de El Decálogo, entre ellos los relacionados con “amar a Dios sobre todas las cosas”, “no tomar su nombre en vano” y “santificar las fiestas”. Lo que más impresiona es que Kieślowski no simplifica la vida moral. No divide el mundo entre buenos y malos. Más bien muestra personas comunes, vulnerables, contradictorias, capaces de amar y de herir, de buscar la verdad y de equivocarse, de actuar con buena intención y provocar consecuencias dolorosas.

En ese sentido se entiende la frase atribuida a Edward Żebrowski: en el cine de Kieślowski no hay hombres malos en sentido absoluto. Hay seres humanos atrapados en circunstancias difíciles, heridos por la vida, empujados por el deseo, por el miedo, por la culpa, por la soledad o por la necesidad de ser amados. Su mirada no es ingenua, pero sí profundamente compasiva.

Aquí hay una clave muy cercana a la sensibilidad cristiana: mirar al ser humano no solo desde su culpa, sino también desde su fragilidad. El mal existe, el pecado existe, la responsabilidad moral existe; pero también existen las heridas, las búsquedas, los condicionamientos, los silencios, las historias no contadas. Kieślowski parece filmar siempre desde esa zona donde la ética se encuentra con el misterio.

Sobre Dios, Kieślowski fue reservado, a veces irónico, a veces enigmático. Se le atribuye una frase muy conocida: “Yo no creo en Dios, pero mantengo una buena relación con Él”. Más allá de la ironía, su obra demuestra que el tema de Dios, de la conciencia, de la culpa, de la esperanza y de la trascendencia le importaba profundamente. Algunas fuentes lo describen como agnóstico, pero también señalan que consideraba el Antiguo Testamento y el Decálogo bíblico como una brújula moral para tiempos difíciles. (Wikipedia)

Esto resulta fascinante: un director que no hace cine religioso en sentido convencional, pero cuya obra está llena de preguntas religiosas. Un hombre que parece resistirse a definirse creyente, pero que no puede dejar de mirar hacia Dios, aunque sea desde la duda. Un artista que no proclama dogmas, pero se atreve a mirar de frente aquello que muchas veces la cultura contemporánea prefiere evitar: la culpa, la conciencia, la muerte, la libertad, la responsabilidad, el amor y el misterio.

Kieślowski murió joven, después de haber anunciado su retiro del cine tras Rojo, estrenada en 1994. Al momento de su muerte trabajaba con su colaborador Krzysztof Piesiewicz en una nueva trilogía inspirada en el cielo, el infierno y el purgatorio; esos guiones serían llevados posteriormente al cine por otros directores. (Wikipedia)

Su tumba, en el cementerio Powązki de Varsovia, tiene una escultura sencilla y profundamente simbólica: unas manos que forman el encuadre de una cámara. Es una imagen perfecta para resumir su vocación: mirar la vida, encuadrar el misterio, detenerse en lo aparentemente pequeño y descubrir allí una pregunta inmensa.

A quienes todavía no se han acercado a su cine, les recomendaría comenzar con paciencia. Quizás Azul pueda parecer lenta en un primer momento, pero es una meditación preciosa sobre el duelo, la libertad y la imposibilidad de vivir sin vínculos. La doble vida de Verónica es una obra misteriosa sobre la identidad, la intuición y las conexiones invisibles. Rojo puede ser una puerta de entrada magnífica a su universo, porque condensa con belleza su preocupación por la fraternidad, el azar y la posibilidad de encontrarnos unos con otros. Y El Decálogo sigue siendo una de las obras más profundas que se hayan realizado para la televisión.

Krzysztof Kieślowski no fue simplemente un director de cine. Fue un explorador del alma humana. Su cámara no buscaba solo contar historias, sino abrir grietas por donde entrara la pregunta. En tiempos de superficialidad, su cine nos invita a detenernos. En tiempos de ruido, nos enseña el valor del silencio. En tiempos de individualismo, nos recuerda que nadie se salva solo. Y en tiempos en que la libertad suele confundirse con capricho, nos muestra que la verdadera libertad pasa por la verdad, la responsabilidad, la vulnerabilidad y el amor.

Quizás por eso su cine sigue vivo. Porque no pertenece únicamente a Polonia, ni a Francia, ni a una época concreta. Pertenece a todo ser humano que alguna vez se ha preguntado: ¿qué sentido tiene mi vida?, ¿soy realmente libre?, ¿qué hago con mi culpa?, ¿a quién necesito perdonar?, ¿quién me está llamando desde el otro lado de mi soledad?

Kieślowski no nos entrega respuestas cerradas. Nos deja preguntas. Y a veces, en el arte como en la fe, una buena pregunta puede ser el comienzo de una verdadera conversión interior.

Para acercarse a Kieślowski

Obras recomendadas:

  • El Decálogo — diez relatos inspirados libremente en los Diez Mandamientos.
  • No matarás — versión ampliada de uno de los episodios de El Decálogo.
  • No amarás — otra ampliación cinematográfica nacida de la serie.
  • La doble vida de Verónica — una meditación poética sobre identidad, intuición y misterio.
  • Tres colores: Azul — libertad, duelo y reconstrucción interior.
  • Tres colores: Blanco — igualdad, humillación y revancha.
  • Tres colores: Rojo — fraternidad, soledad y vínculos invisibles.

Datos básicos:

Krzysztof Kieślowski nació en Varsovia el 27 de junio de 1941. Estudió en la Escuela de Cine de Łódź y comenzó su carrera como documentalista antes de pasar al cine de ficción. Alcanzó reconocimiento mundial con El Decálogo, La doble vida de Verónica y la trilogía Tres colores. Murió en marzo de 1996, a los 54 años, dejando una de las filmografías más profundas y espiritualmente inquietantes del cine europeo contemporáneo. (Culture.pl)

Hay dos correcciones importantes frente al texto antiguo: el apellido correcto es Kieślowski o, sin caracteres polacos, Kieslowski; y su muerte suele registrarse el 13 o 14 de marzo de 1996 según la fuente, no simplemente como dato uniforme del 13.

martes, 25 de junio de 2013

30 de junio del 2013: 13º Domingo del Tiempo Ordinario (C)

No olvidemos que estamos en el AÑO DE LA FE.
La fe es siempre respuesta al llamado de Dios. Al seguir a Cristo, es toda nuestra vida que se convierte en permanente respuesta a los llamados que El nos lanza...y esa es la verdadera LIBERTAD!







EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 51-62
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envío mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, le preguntaron.
-- Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?
El se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno:
-- Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
-- Las zorras tienen madriguera y los pájaros nido, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
-- Sígueme.
Él respondió:
-- Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
-- Deja que los muertos entierren a tus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.
Otro le dijo;
-- Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
-- El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.
Palabra del Señor





A guisa de introducción:

Jesús el gran jodido (2)

(el discípulo de Cristo:  marginado, vulnerable y solo…el precio a pagar)

Después del evangelio y su respectiva reflexión del domingo pasado, Jesús nos confirma en el texto de este día,  que es un gran “perturbador”, nos “sacude” de nuestros sueños egoístas de comodidad, de egoísmo, de instalación.

Recuerdo que a mis 18 años, cuando terminé el colegio y superando paulatinamente las crisis adolescentes me preguntaba “qué quería hacer de mi vida”  y en aquel momento como la ranchera mexicana yo decía: “cuatro caminos hay en mi vida, cuál de los 4 será el mejor?” Sería profesor, o ayudante en los negocios de mi padre o irme a estudiar literatura a la universidad del Valle o entrar al seminario…Esas eran las 4 posibilidades latentes que la sociedad me mostraba. Todo era cuestión de decisión. Y no está por demás decir que lo de empezar mis estudios para el sacerdocio lo consideraba muy improbable y lejano, puesto que no encontraba sino el apoyo de mi madre enfrentado a la incredulidad del resto de la familia  en mis cualidades para ello y la “burla socarrona” de mis amigos y compañeros de colegio: “usted que se va ir por allá, como son de lindas las mujeres, como es de bueno el trago…no Tavito, deje eso!”

Pero con todo un día de finales de 1987 o comienzos de 1988,  me encontré conmigo mismo, escuché mi voz interior y en ella Dios que me hablaba y me interpelaba. Algo misterioso y difícil de explicar me empujaba a decidirme por lo menos improbable y esperado para mí…y con todo inicié la aventura en el semisiones de Medellín, en dos etapas o periodos definidos de mi vida y por la gracia y el querer de Dios me hice sacerdote el 6 de julio del 2002. 

Una decisión tomada no a la ligera, por salir de paso, o alienada por una religión o sueños ideales maternales…no. Después estando ya en el seminario me encontraría con pasajes relativos al llamado y la vocación de los discípulos de Jesús.  Y saben? siempre tuve y he tenido presente en mi mente esta frase que Jesús responde al tercero que quería seguirle en el evangelio de hoy: “Aquel que una vez toma el arado y mira hacia atrás no es digno de mi”; otras traducciones dicen. “El que coge la herramienta para trabajar y mira hacia atrás, no tiene las aptitudes necesarias para el mundo de Dios”. Como quien dice  que si es cierto aquello de “que es insensato empezar aquello que no se va a terminar”, lo es más verídico con los asuntos de Dios.

Pero tampoco se puede tomar al pie de la letra estas afirmaciones de Jesús en el evangelio, y que de hecho han hecho mucho daño y mella en muchos hermanos y hermanas comprometidos en la vida consagrada. Entender mal estas palabras también puede llevar y es cierto, ha llevado  a muchos a ser negligentes con su familia, casi que a abandonarlos, cuando Dios nunca quiere eso (cfr. la reflexión central más abajo).




Aproximación psicológica al texto del evangelio:

Las contusiones (o magulladuras) peligrosas

Pobres discípulos acá se hicieron regañar y no gratuitamente por su maestro. (Lo que no queda claro es por qué los samaritanos se ponen de mal humor con Jesús y su grupo cuando saben que se dirige a Jerusalén). Se hacen regañar de Jesús, porque aun no han comprendido después de casi 3 años de andar con Él, que este siempre se opone a la dichosa ley del talión, o sea devolver mal por mal; siempre trata de hacerles entender que Dios es bueno con todos, independiente de los comportamientos (Lucas 6,35) y que es necesario parecérsele (Lucas 6,36).

Pero el hombre está moldeado así, y no se satisface con una venganza proporcionada por una ofensa hecha y tiene la tendencia a actuar espontáneamente como aquel descendiente de Caín: “he matado a un hombre por una herida, a un muchacho por un cardinal (una contusión o magulladura)” (Génesis 4,23). Y es exactamente lo que pasa aquí: por una ofensa (magulladura) a su amor propio, estos importantes discípulos de un maestro importante, Santiago y Juan desean nada más ni nada menos que hacer perecer los samaritanos  poco acogedores!

Las cosas se complican más cuando nuestro amor propio no se satisface con llevarnos a reacciones o respuestas crueles, sino que se cree con permiso de utilizar para ello la religión o la razón de estado. Haciendo descender fuego del cielo, Santiago y Juan se habrían dado buena conciencia: el honor de Dios hubiera sido “vengado”, cuando en realidad, solo habría sido su amor propio el que sería satisfecho. De forma parecida, ciertas personas utilizan los mandamientos de Dios, “la moral católica” o el susodicho derecho natural para defender a Dios, la fe o la civilización. Pero cuando se profundiza un poco más, o se va al fondo de las cosas, uno se da cuenta que en realidad, esas personas reaccionan sobre todo ante los cambios sociales que sacuden sus hábitos o costumbres.

Pero ha algo más peor todavía: ciertos grupos sociales disponen efectivamente del “fuego del cielo”, ellos pueden de verdad  hacer intervenir las fuerzas de lo alto para defender la ley y el orden, es decir, para vengar su amor propio, apaciguar sus miedos, o lo que es más común, para defender sus intereses.  En ciertos medios o ambientes, estas personas bien posicionadas pueden literalmente “hacer descender” para auxiliarse o socorrerse, leyes, reglamentos de zona, juicios de corte, cuando no son patrullas de policía o de soldados, o la intervención de escuderos aliados o de agentes provocadores.

La reacción de Santiago y de Juan no es más que la reacción ante un estado de humor,  que se podría excusar con bondad. Es lo típico de lo que se pasa en nuestro corazón, y ello llega a ser peligroso aun más cuando maniobramos estando cercanos al poder. Es significativo que Jesús no haya dejado pasar esta actitud de los apóstoles por alto y  es positivo que les haya corregido inmediatamente sobre el terreno.


Yo vivo al descubierto (a la intemperie)

A menudo se hace una interpretación bien acelerada de la palabra de Jesús. “El Hijo del Hombre no tiene donde reposar la cabeza”. En la espiritualidad corriente, esto significaba que Jesús no tenía ni casa, ni cama, y la virtud de la pobreza recibía entonces su fundamento evangélico.

Es verdad que los evangelios no afirman en ningún parte y de manera clara que Jesús tenía su casa. Mateo menciona que Él deja Nazaret para venir a vivir a Cafarnaúm (Mateo 4,13), pero cuando se dice que Jesús estaba en la casa, esto podía ser bien la casa de Pedro (Mateo 2,14-29), o bien la casa de Leví (Mateo 2,15).

Pero esta palabra de Jesús podría fácilmente tener un sentido más profundo. Jesús designa a Herodes con el nombre de “zorro” (Lucas 13,32) y “las aves del cielo”, significaban en otra parte de la biblia “todo tipo de pueblos” (litt: “todo tipo de aves” que llegan para abrigarse en “el gran cedro” plantado por Dios “sobre la alta montaña de Israel”- Ezequiel 17,22-23). Esta imagen de Ezequiel habría  influido en la parábola del Reino que llega a ser un árbol donde las aves vienen a habitar” (Lucas 13,18-19).

Por esta palabra, Jesús expresaría así su vulnerabilidad social, su marginalidad en referencia a todos los sub grupos que saben organizarse. Herodes y su clan se han instalado en el poder político, los otros se hacen nidos como pueden. “Pero yo, yo me he opuesto, he rechazado a instalarme no importa dónde. Yo no me he comprometido con ningún grupo y yo permanezco libre, desligado del sistema”.

Esta interpretación estaría con seguridad en la misma línea del relato de las tentaciones, que son el rechazo de Jesús a darse una identidad y un rol preciso, en el plan político-religioso. Su estilo en la acción se parece un poco a la de los rabinos profesionales, pero no se puede llegar lejos en la aproximación, contrariamente a ellos, él mismo no ha sido discípulo de nadie, Él no ha sido escogido por sus alumnos, sino más bien Él es quien escoge sus discípulos, y sobre todo, lejos de fundamentar su autoridad en el texto de la Escritura, Él utiliza este último con una libertad que no tiene ningún paralelo o parecido alrededor suyo.

Si se descendiera todavía un poco más, uno podría mismo presentir algo del celibato de Jesús. Comprometido con todas sus fuerzas en la proclamación y preparación del Reino que viene, Él no tiene ningún cara a cara humano, Él no tiene en su vida una cabeza con cabeza privilegiado donde reposarse, con quien  pueda contar para rehacerse.

En ninguna parte, Jesús no une el hecho de ser salvado con el hecho de seguirle. La salvación es para todos. Si Él llama algunos a seguirle, esto deber ser a partir de una decisión por una vida radical: “solo te falta una cosa” (Lucas 18,22)…

Ahora, este radicalismo no se reduce a una cuestión material. Es una experiencia global, que moviliza toda la afectividad, toda la consciencia y todas las energías (“Todo tu corazón, todo tu espíritu, todas tus fuerzas”—cfr. Lucas 10,27).

Confrontado a personas que querían seguirle, Jesús les pone ante su realidad (de Él) , mostrándoles que esta realidad llegará a ser la de ellos, si ellos hacen la misma opción que Él. Marginalidad, vulnerabilidad y soledad: están ustedes listos, preparados a pagar este precio?




REFLEXIÓN CENTRAL:

Tomarlo o dejarlo…Abrazar o desentenderse por completo de la propuesta liberadora de Jesús

Sucede a veces en los tratos o negociaciones que se llega a aquello de PUNTO DE RUPTURA. Una de las partes se detiene y pone como se dice las “cartas sobre la mesa”. “A tomarlo o a dejarlo”. No se llega a un entendimiento sobre el precio de una casa.  Las discusiones toman fuerza y una de las partes pide sin parar concesiones. El otro le mira a los ojos y le dice: “No”.

Pedro se ha puesto a beber y poco a poco hace la vida imposible en la casa. María perdona, sostiene, anima, invita a perseverar. Una vez, dos veces, diez veces. Ella comprende que el asunto da vueltas y vueltas. Y la palabra llega para romper: “Tu dejas de tomar o te vas”.

Hace tres meses que la parte sindical y patronal se enfrentan, cifras en mano. La negociación ha costado ya una fortuna, el ambiente se vuelve pesado.  Y se llega al punto de ruptura (o rompimiento): es esto o el paro sea de los obreros o el cierre de la empresa por parte de los patrones o dueños para presionar (lock-out).

Hacerse discípulo de Jesucristo, llegar a serlo verdaderamente implica una DECISIÓN. Como decía Tertuliano: “uno no nace cristiano…uno llega a ser cristiano con el tiempo”. Hay una situación donde uno aun no es todavía discípulo de Jesús. Hay un momento en que uno lo llega a ser o uno decide serlo. Este momento de cambio, de ruptura, de decisión se llama la conversión. Nosotros hemos salido o somos el fruto de un cristianismo sociológico. La sociedad parecía cristiana. Nuestros padres eran católicos y nos han llevado al bautismo con un día o 6 meses de nacidos, bien antes de una decisión libre por parte nuestra. Como canta Arjona en “Jesús verbo no sustantivo”: “me bautizaron cuando tenía dos meses y a mí no me avisaron, hubo fiesta,  piñata, y a mí no me lo preguntaron”.

Por el peso de las cosas y de las costumbres, la etiqueta se quedó adherida a nuestro ser. Pero para llegar a ser realmente discípulo de Jesús, es necesaria también una adhesión, una decisión.

Es ese momento que quiere ilustrar estos tres pequeños ejemplos del evangelio de Lucas. Lucas nos dice que se aproxima el tiempo de morir para Jesús. “Se acercaba el tiempo en que Jesús debía ser arrancado de este mundo”. Él decide subir a Jerusalén. Lo abordan entonces 3 personas de quienes no se nos dice los nombres y que parecen querer convertirse en sus discípulos.

El primero dice a Jesús: “yo te seguiré a donde quiera que vayas”. Pero Jesús le responde: “Los zorros tienen guaridas, las aves del cielo tienen nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reposar la cabeza” (Lucas 9,58). En la tradición judía y de Jesús, cuando un jovencito quería llegar a ser el discípulo de un rabino, dejaba su casa y se iba a vivir a la casa del rabino por un año. Convertirse en un discípulo era ponerse al servicio de alguien. El discípulo estaba sometido a pruebas difíciles y era instruido duramente. A diferencia de los rabinos (maestros judíos) de su época, Jesús no ofrece ni comida, ni abrigo. El es un predicador itinerante y la ruta no es segura, es incierta. Es necesario entonces antes de seguirle un desapego radical.

El segundo ejemplo es todavía más exigente. Antes de seguirle, un hombre le pide tiempo para ir a enterrar  a su padre. Enterrar al padre, es un deber de misericordia corporal, como lo decía el pequeño catecismo. Jesús parece pedir una ruptura total con aquel a quien se deja, un mundo antiguo que llega a ser entonces un símbolo de muerte. De ahí un slogan: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Es una palabra blasfematoria, si se toma al pie de la letra. No es una consigna normativa. Es un aforismo que busca dramatizar la situación y el contexto en el que se habla.

El acento es el mismo en la tercera sentencia. Un hombre quiere seguir a Jesús y pide justo el tiempo de ir a decir adiós a la gente de su casa (familiares, vecinos, amigos). Jesús parece responderle de una manera tajante: “Aquel que pone la mano en la herramienta (el arado) y mira para atrás no ha está hecho para el Reino de Dios”. La alusión a la palabra “arado” nos reenvía al relato presentado en la primera lectura, cuando Eliseo se hace discípulo de Elías.

Separadas de su contexto, estas 3 palabras o frases tajantes de Jesús aparecen por lo mismo duras. Ellas buscan justo marcar un punto de stop, de pare…detenerse. Al comenzar su subida a Jerusalén e ir en consecuencia hacia la muerte, Jesús advierte a los suyos de la seriedad de la ruta para aquellos que quieren llegar a ser sus discípulos. Él lo dice a los suyos, pero también nos lo dice HOY  a nosotros que somos sus discípulos.

Escoger a Jesús, decidirse por Él, es entrar en ruptura con nuestro mundo, es renunciar a ciertas cosas. Al momento de administrar el bautismo, se formula la pregunta: “Renuncian a Satanás, a sus inspiraciones y sus obras?” Llegar a ser discípulo, es renunciar a la sociedad de consumo. La sociedad en la que estamos nos dice que toda la felicidad viene del consumo, de las carreras por el dinero, por el confort, por la seguridad y el despilfarro ostentoso y por ende innecesario. Hay que decir NO a todo eso. La felicidad está en otra parte. Nuestro estilo de vida destruye el planeta, trastoca el clima, arriesga con acabar la biodiversidad y de afectar gravemente las futuras generaciones. Creer en Jesús, es rechazar de tomar la propia generación (el aquí y el ahora) como un absoluto. La sociedad en la que vivimos quiere hacer de la SALUD un absoluto y nos promete aquello que podríamos llamar la “amortalidad” (el vocablo es mio), es decir, una vida indefinidamente alargada. Es necesario decir NO a eso y aceptar nuestra condición mortal.

Yo podría alargar la lista de rupturas (rompimientos) que la fe en Jesús instaura en lo que concierne a las cuestiones sociales, los asuntos económicos, la moral sexual, etc. Uno no puede todo escoger y tomar todo al mismo tiempo, tener como se dice la mantequilla y el dinero de la mantequilla, y además, como dice uno de mis amigos, los favores de la lechera…(ciertos amigos en el pueblo, tenían y aun tienen la costumbre de que cuando son atendidas por una bella joven en las cafeterías, ante la demanda de esta de “qué se le ofrece, o qué quiere”, responden con humor: “a ti como esposa”).
Escoger, decidir, es también renunciar. Escoger una esposa y hacerla la elegida de su corazón, con ella una relación intensa y única, es obligarse a ser fiel y entonces renunciar a las otras.

A comienzos del siglo XX, el novelista André Gide estaba horrorizado con la idea de tener que renunciar a ciertas cosas.  Él ha tenido una enorme influencia en nuestra época a la que le gustaría tener todo.

Ciertos observadores caracterizan (describen) nuestra época con la palabra ADULESCENCIA. Se sabe que un adolescente es inquieto y atormentado, y que es ambivalente. La edad adulta, al contrario, consiste en OPTAR y DECIDIR. Llegar a ser adulto, es también DECIDIR y FIJARSE (Establecerse- estabilidad) para realizar el proyecto de vida. La adulescencia es una contracción (suma de dos palabras) de ADULTO y ADOLESCENTE. Es siendo ya adulto, querer continuar en la adolescencia (recordemos los “eternos adolescentes”). Es superar la puerta saliendo  de casa de los padres a los 18 años  y volver a ella a los 30 años. Es hacerse la vasectomía a los 30 y echar marcha atrás a los 40. Es hacerse inyectar silicona a los quince y pretender jugar la ingenuidad a los 50.

La libertad no reside en la disponibilidad infinita de las opciones ante nosotros. Ella reside en la densidad de los compromisos que se toma, en el peso y calidad del amor que uno inyecta en sus opciones (decisiones).

Escoger, optar por Jesús, es llegar a ser libre ante todo el resto, que se trate así de los dictados de la moda y del dinero o de todo eso que el universo técnico y científico pretende imponernos como necesario, imperdible, desde la mundialización, la cibernética y las manipulaciones genéticas.

 “Si Cristo nos ha liberado, es para que seamos verdaderamente libres”, dice San Pablo (Gálatas 5,1). Libres de la ley y de la circuncisión, libres de todos los ídolos. Pero esta libertad también tiene un costo: es el seguimiento de Jesús y sus exigencias. La libertad no sabría ser un pretexto para satisfacer su egoísmo. La libertad, es asumir su peso del amor.

Jesús ha querido advertir a los suyos y les ha propuesto fórmulas lapidarias para sacudirles y hacerles salir de sus torpezas y distracciones. Todo mundo sabe que es necesario tener un vivo para enterrar un muerto y que es esencial ser responsable de la gente de nuestra casa (u hogar). El mandamiento de amar su prójimo nos obliga a ello y contiene desde ya la perfección de la ley. Esto, Jesús lo sabe mucho mejor más que nadie.

Si Él utiliza fórmulas fuertes y casi que chocantes, es para hacernos salir de nuestras torpezas.


Cada día y a todo momento es necesario aprender a ser verdaderos discípulos de Jesús.


Meditación del Papa Benedicto XVI

El Hijo de Dios, se ha hecho 
hombre, ha compartido nuestra existencia hasta en los detalles más concretos, haciéndose servidor de sus hermanos más pequeños. Él, que no tenía donde reclinar su cabeza, fue condenado a morir en una cruz. [...] Todos los que han recibido ese don maravilloso de la fe, el don del encuentro con el Señor resucitado, sienten también la necesidad de anunciarlo a los demás. La Iglesia existe para anunciar esta Buena Noticia. Y este deber es siempre urgente. Hay todavía muchos que aún no han escuchado el mensaje de salvación de Cristo. Hay también muchos que se resisten a abrir sus corazones a la Palabra de Dios. Y son numerosos aquellos cuya fe es débil, y su mentalidad, costumbres y estilo de vida ignoran la realidad del Evangelio, pensando que la búsqueda del bienestar egoísta, la ganancia fácil o el poder es el objetivo final de la vida humana. ¡Sed testigos ardientes, con entusiasmo, de la fe que habéis recibido! Haced brillar por doquier el rostro amoroso de Cristo, especialmente ante los jóvenes que buscan razones para vivir y esperar en un mundo difícil. 


Benedicto XVI, 20 de noviembre de 2011.



Reflexión II

Todos los hombres tienen un ídolo, una persona a quién imitar, se sienten atraídos por su forma de ser. Lo imitan en todo, buscan tener su misma marca de ropa, peinarse igual, en fin, su porte gira en lo que es esa persona. Éstas a menudo son artistas o cantantes. Pero hay algo que no hacen: poner límites a sus seguidores.

¿Qué tendría Cristo para atraer tanto a las multitudes? No cantaba ni actuaba. Lo único que hacía era dar a conocer el amor de Dios a los hombres. Ésta fue su arma para que muchos trataran de seguirlo, y aún hoy muchos jóvenes, hombres y mujeres lo siguen como ideal de vida.

En este evangelio se nos presenta un Cristo exigente: "quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es digno de Mí". Son duras las palabras de la elección de Dios, por lo que comprenden, pero al mismo tiempo donan una paz y una felicidad inmensas dentro del alma, porque se sabe que ha sido Dios mismo quien ha llamado. No todos aceptan el llamado con generosidad, sino que al sentir el peso muchos lo dejan.

Dejemos que Dios nos hable en el corazón y si él nos llama digamos con sinceridad y generosidad que queremos seguirle, aún sabiendo las dificultades que allí encontraremos. Pidamos también en una visita o después de la comunión por las vocaciones para que mande obreros fieles a su mies.


Propósito

Mantenerme fiel a la doctrina de Cristo, aunque el ambiente sea contrario a mi fe católica.

Diálogo con Cristo

Jesús, te pido me des la docilidad y confianza para saber escuchar y responder con prontitud a tu llamada. Permite que sea un testigo de tu amor, auténtico y sincero, de manera que mi fe se manifieste en mis palabras, obras y acciones. Te pido me concedas la gracia para ser coherente con mi fe, especialmente cuando las circunstancias sean contrarias a ella.


Acá otra reflexión para este domingo 13o ordinario C




OBJETIVO DE VIDA PARA LA SEMANA

1.    Me tomo un momento cada día para el recogimiento y mirar lo que fue mi vida en las últimas horas y de qué manera el Señor ha estado presente. Me pregunto en seguida a qué me estará llamando el Señor en este momento.

2.    Descubro de qué manera,  el Señor se dirige a mí a través de las personas con que me relaciono y encuentro.



ORACIÓN-MEDITACIÓN

Señor que seas Tú mi guía en el camino que conduce a Jerusalén.

El orgullo y el facilismo (la facilidad) me enceguecen a veces,
y no tengo la suficiente valentía y coraje para caminar contigo.
Ante el rechazo, la crítica y la incomprensión,
se me ocurre a veces recurrir a la violencia o el desprecio.

A menudo, soy negligente ante la justicia y pienso nada más que en mi bienestar,
como si el lujo y la riqueza pudieran darme la paz.
Como si los placeres del mundo se compararan con tu alegría.

Tu ejemplo me enseña que el camino hacia la VIDA es exigente
Y que este no tolera las tibiezas o mediocridades en los compromisos.

Ayúdame a luchar contra el egoísmo,
Para vivir bajo la conducción de tu Espíritu de Santidad.

Así como Tú hubieras podido cambiar de ruta y evitar Jerusalén,
yo me veo a veces tentado a ahogar la voz de mi conciencia,
y dejarme seducir por aquello que es atractivo y fácil.

Por lo tanto, es en tu banquete (la misa) que yo quiero alimentarme.
Es en tu MESA DE LA VIDA (La Eucaristía) donde se encuentra el buen PAN.
Inspírame, yo te pido, gestos de coraje y de libertad
que sirvan a mis hermanos y  que me acerquen a TI.

Yo quiero caminar a tu lado, ir hasta la puertas del Reino.
Toma mi mano, Señor y que seas Tu el guía de mi corazón.

Que no tenga otra alegría diferente a  la de seguir tus pasos.



REFERENCIAS:


HÉTU, Jean-Luc. Les Options de Jésus.


BEAUCHAMP, André. Comprendre la Parole. Novalis, 2007.



www.catholic.net




Pequeño Misal « Prions en Église », edición quebequense, 2013